sábado, 10 de enero de 2009

¿Qué es el amor?

Tengo 25 años y todavía no lo sé.

Estoy segura de haber estado completamente enamorada unas tres veces en toda mi vida, y es increíble como ahora no sé lo que me pasa: más bien estoy confundida.

En contra de todos mis pronósticos, ayer salí con el chico de la cámara. Moría de nervios. Me arreglé casi en automático y salí hecha una loca, tanto, que olvidé ponerme aretes. Sabía que había sido un error, debí regresarme a la casa por ellos. Total que la Ciudad se puso a mi favor y despejó todas sus vialidades: llegué treinta minutos antes de la cita. Después del round que me aventé con el taxista, entré al café a esperar que pasara por mi; me llamó y me dijo que había llegado muy temprano (cosa que ya sabía) así que no había de otra más que lo esperara en ese lugar. "Afuera hay chicas malas" me dijo, yo me reí y le dije que ya las había visto, quedamos en que me llamaría cuando estuviera en la esquina del lugar. Él venía del aeropuerto, tenía que pasar a dejar sus maletas a su casa y a coger el coche, luego me avisaría que ya estaba allí.

Mientras, sentí que el tiempo se detuvo y que cada una de las personas que entraba al café sabían lo que yo hacía allí. Todos eran raros, hacía mucho tiempo que no andaba por esa zona, más o menos unos cuatro años, desde la última vez que el Rey Sol me llevó a comer sopes y memelas por ahí. Todo lo ví diferente y encima, lo vi de noche.

El móvil sonó y me dijo "ya estoy a dos calles, no me cuelgues, yo te digo cuando esté en la esquina del lugar para que salgas". Lo recuerdo y se me eriza la piel. Es increíble lo que hacen las primeras veces en mi vida. Me gusta mucho vivir la primera vez, pero también me causa una ansiedad enorme. "Camina a la parada del camión, ya te vi, traigo una camioneta azul con las intermitentes prendidas, no me cuelgues..."
Abrí la puerta y lo vi por primera vez. Ahí estaba, tan moreno y lacio como en las fotografías; con las pestañas más enroscadas que he visto en toda mi vida y unas manos perfectamente definidas y suaves. Me subí a la camioneta, puse mi café atrás de la palanca de velocidades y me acomodé. Me quedé muda, no supe qué hacer. Comenzó a hacerme la plática, y nos reímos y llegamos a su casa en muy poquito tiempo. Ni siquiera me dio tiempo de ponerme el cinturón de seguridad. Mi móvil sonó con la cancioncita cursi que avisa que mi hermana Maricarmen me está buscando, me envió un mensaje en el que me decía que me deseaba lo mejor porque hacía "meses que no tienes una cita de a deveras", comencé a contestarle y me perdí la vista de la fachada de su edificio, sólo recuerdo que las puertas son eléctricas y que el estacionamiento está un nivel debajo del suelo. Escribí el mensaje lo más rápido que pude, mi compañero estacionó el auto, lo apagó y se bajó para abrirme la puerta, bajé dándole la mano, con la otra cogí mi bolso y mi vaso de café, luego caminamos a las escaleras para tomar el elevador.

Qué linda es la primera vez.

Casi no lo podía creer. Yo tenía la idea de que era más corto, y menos atractivo. Subimos al tercer piso y caminamos a su departamento, le dije que dudé sobre la dirección, según yo vivía en el departamento 305, me dijo que no, que estaba confundida. Entramos al lugar, y me invitó a sentarme en la sala. Su departamento es lindo, de paredes blancas y de cocina mediana, todavía tenía puesto el árbol de navidad, color azul por cierto y adornado con esferas azules y plateadas. Me gustó mucho que hubiera fotos de su hija por todos lados, me gustan los chicos como él (debería aceptar que me gusta él y no sólo los chicos como él). Me ofreció café o algo para tomar, le dije que quería agua, lo acompañé a la cocina y comenzamos a platicar. De mil cosas y de nada, me dijo que soy linda y que le gusto mucho. Me dijo... pf, tal cual no lo puedo escribir porque no lo puedo recordar porque... debo confesar que se me inunda la panza de mariposas amarillas.

Me besó. Híjole, gran beso, largo largo y continuo, suave como me gusta y tierno tierno como hacía mucho no me besaban. Lo abracé, muchísimo, metí mis manos a todos los bolsillos de su pantalón, nos reímos mucho y lo abracé más, luego fui yo quien lo besó... hasta que regresamos a los sillones de la sala. Ahí vino lo mejor. Hablamos mucho, de su trabajo, de su familia y de la mía, de nuestros proyectos de vida, de lo que nos gusta y de lo que no y de lo que nos da miedo. Me cayó bien, me reí mucho y poco a poco mi ansiedad comenzó a abandonarme. Comenzaron a dejarme de sudar las manos, me quité los tacones y me recosté en su regazo. Me dijo que le dolía la espalda y me abrazó mucho tiempo. Estuvimos así hasta que me dio frío y me preguntó si quería ver la televisión o escuchar música. Opté por la televisión, vimos noticias y estuvimos. Así nada más, sin hacer nada, casi sin hablar.

Fe, confianza.
Me sentí muy bien, tranquila y contenta. Él me dijo que no quería que me fuera nunca, ni en ese momento ni que me fuera de su vida. Obvio que tenía que regresar a mi casa, entre otras cosas, porque no acostumbro quedarme con mis primeras citas, si ese fuera el caso, para estos años habría conocido muchos lugares y muchísimas habitaciones. De pronto -con un poquito de ayuda- me hizo la declaración y me dijo que quería hacerme el amor. Hubo un silencio y todo, absolutamente todo pasó por mi cabeza. Recordé y casi volví a escribir, vi personas, vi lugares y me vi en el lugar en el que hice el amor por última vez. Le dije que no, "lo siento pero no me siento lista. Tengo miedo, me da miedo, hace mucho tiempo que no lo hago y no sé cómo será, no sé cómo eres tu y algunas veces no sé cómo soy yo".

Me negué y quizá en este momento me esté arrepintiendo. Me negué y no lo hice porque no hubiera querido hacerlo o porque no lo hubiera deseado, creo que fue porque no pude.

No hay otras vidas -amar es liberar-.
Y quizá deba poner más de mi parte para que me libere. Dió la una de la mañana y fue momento de que me trajera a casa. Todo el camino traje mi corazón en la mano. Tenía ganas de gritarle que me gusta, que me estoy enamorando de él y que, si por mi fuera, no me hubiera regresado a mi casa a pesar de mi ansiedad, a pesar de mis miedos y de que fuera nuestra primera cita.

Casi no hablamos, regresamos en silencio. Le expliqué cómo regresar, le di las gracias y apagó el coche, se bajó a abrirme la puerta y nos despedimos. Me quedé los calcetines y un botecito de ice brakers en el bolso. Odio las despedidas. Quedamos en vernos hoy, de hablar a las diez de la mañana. Nada sucedió. Tal vez el día de ayer tampoco esté registrado en el calendario.

Contigo.
El tiempo pasa (y yo cada día soy más techno y un poquito más vieja), las horas pasaron y nada, que fue un sábado común y corriente. De entrada no supe qué hacer cuando desperté en la mañana. Me conecté al ipod mientras hacía el desayuno y escuché Corazón en venta, no pude evitar que las lágrimas se me salieran. Hablé con Janis, con Maricarmen y luego me metí a bañar.

Todavía no sé muchas cosas y algunas otras no las quiero saber todavía. Hace un rato comencé a hacer lo que debí hace seis meses: investigar. No vi fotos pero leí mucho sobre él. No sé si quiero seguir leyendo o "sabiendo". Quiero verlo y quiero hablar con él. Quiero estar con él.

Sólo sé que quiero contigo y quiero que sepas que yo sé cómo es estar con un chico que es padre soltero. Quisiera saber que tu sabes que yo lo sé, pero quizá nunca lo sepa... La familia que me ha tocado me ha hecho así, como soy, medio dura y medio abierta; un tanto histérica y desconfiada, pero sincera, auténtica y leal; fiel hasta la muerte y positiva, aunque a mi me cueste admitirlo, soy optimista y positiva.
También quiero que sepas que no siempre tengo miedo. Me causan mucha ansiedad las nuevas experiencias y los nuevos encuentros, pero en general soy muy segura de mi misma; las personas que me rodean lo saben, tanto que a veces opinan que mi principal cualidad es la fortaleza.

Estoy conciente de que quizá esto nunca lo leerás, no recuerdo que sepas que tengo un blog y si lo sabes, creo estar segura de que no me has leído y no me leerías. No importa, me quedo mejor al saber que pude escribirlo y procesar estas emociones. Te prometo que, si te vuelvo a ver, mi actitud ya no será de temor o de desconfianza. Quisiera que por unos momentos entraras a mi cabeza y a mi corazón para que sepas qué me ha hecho ser así.

Tengo 25 años y todavía no sé qué es el amor.
Podría comenzar por hacer una lista de lo que NO es el amor para así acercarme a la realidad. Ok, amor no es temor, así que notablemente no estoy enamorada todavía. Mi conflicto es que quiero enamorarme y no sé cómo, no sé todavía cómo comenzar a confiar una vez más.

Mañana será domingo. Gran drama. Comenzaré por dejar desnudos mis pies y guardar el botecito en el cajón. También, para evitar paranoias, vaciaré el buzón y la lista de remitentes. Trataré de ponerle trabas a mi memoria y a mi subconsciente, quizá así pueda jugar un poquito más con el destino.

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