Harto de malvivir el siglo veinte
muere de mal de amores.
Y la mentira vale más que la verdad
y la verdad es un castillo de arena.
Y por las autopistas de la libertad,
nadie se atreve a conducir sin cadenas.
Ganas de..., Joaquín Sabina.
muere de mal de amores.
Y la mentira vale más que la verdad
y la verdad es un castillo de arena.
Y por las autopistas de la libertad,
nadie se atreve a conducir sin cadenas.
Ganas de..., Joaquín Sabina.
Estamos cayendo en la cuenta de que el 2010 es el peor año para ponerse a escribir una disertación sobre la Revolución Mexicana.
Tantos escritos, tantas miradas, tantas cosas que se quieren decir, tantas historias que ahora resulta que estuvieron "olvidadas", tanto que se pudo decir antes pero que hasta ahora se ha tomado en cuenta.
Todo agobia, se te viene encima.
De repente, resulta que todo mundo tiene la última palabra, la verdad absoluta; la mejor intepretación de lo que sucedió o de lo que debió haber sido. La mejor conclusión, el fechamiento correcto, lo que en verdad se supone que fue que pasó. Y la verdad, es que todavía no se sabe nada.
2010, a un siglo de que estalló la Revolución Mexicana. Año en el que cumpliré 27 años de vida. Año en el que por fin me puedo llamar licenciada. Buen año para iniciar un posgrado, para pensar en cambiar de Ciudad, de país o de color de piel. Pero no tan buen año para escribir sobre el movimiento social que traspasó fronteras, que ni siquiera el "gobierno federal" se atreve a fechar correctamente.
Año de buenas decisiones, de mejores hábitos, de buenaventura en los 365 días que lo llenan.
Meses de amor, de volverlo a intentar, de dejarme llevar, de llenar a otra persona, y de sentir como gota a gota está viniendo a llenarme a mi.
Año de pensar seriamente si hace falta o no, romper con todo lo anterior y volver a comenzar. Quizá -definitivamente-, sea tiempo para una nueva protesta que se vuelva revolucionaria.
Tantos escritos, tantas miradas, tantas cosas que se quieren decir, tantas historias que ahora resulta que estuvieron "olvidadas", tanto que se pudo decir antes pero que hasta ahora se ha tomado en cuenta.
Todo agobia, se te viene encima.
De repente, resulta que todo mundo tiene la última palabra, la verdad absoluta; la mejor intepretación de lo que sucedió o de lo que debió haber sido. La mejor conclusión, el fechamiento correcto, lo que en verdad se supone que fue que pasó. Y la verdad, es que todavía no se sabe nada.
2010, a un siglo de que estalló la Revolución Mexicana. Año en el que cumpliré 27 años de vida. Año en el que por fin me puedo llamar licenciada. Buen año para iniciar un posgrado, para pensar en cambiar de Ciudad, de país o de color de piel. Pero no tan buen año para escribir sobre el movimiento social que traspasó fronteras, que ni siquiera el "gobierno federal" se atreve a fechar correctamente.
Año de buenas decisiones, de mejores hábitos, de buenaventura en los 365 días que lo llenan.
Meses de amor, de volverlo a intentar, de dejarme llevar, de llenar a otra persona, y de sentir como gota a gota está viniendo a llenarme a mi.
Año de pensar seriamente si hace falta o no, romper con todo lo anterior y volver a comenzar. Quizá -definitivamente-, sea tiempo para una nueva protesta que se vuelva revolucionaria.
No hay comentarios:
Publicar un comentario