Hans no quiso andar más ayer por la noche. Luego del regreso por unas zonas de la Ciudad verdaderamente solitarias, que ni de día me gusta transitar, pero que fue necesario debido a que las vías rápidas están cerradas luego de las veintitrés horas, Hans me dejó tirada a unas cuantas cuadras de mi casa. De los males el menor, y por lo menos no corrí ningún peligro. Lo empujé para estacionarlo bien, luego le llamé a un taxi y llegué a mi casa como si nada.
Dormí. Venía contenta porque luego de estar estudiando todo el día, tuve un encuentro muy agradable lleno de sorpresas: boletos para el concierto de hoy en la noche, una cena en terraza a la "luz de las velas" -que en realidad fue un farol jaja-, y una conversación de esas maravillosas que no se quieren olvidar nunca.
Hoy, de vuelta a la realidad, me la he pasado del taller mecánico a la biblioteca, de regreso a mi casa a cocinar un arroz blanco relámpago, a comer con mi madre, de regreso a leer un rato, luego a recoger a Hans, que por cierto se ha portado más mal de lo que me imaginé; y ahorita, pasadas las dos de la tarde, me senté a intentar balancear todas estas emociones y preocupaciones.
Me parte en mil no poder solventar los gastos necesarios para que Hans vuelva a andar. Me preocupo mucho, me da por deprimirme cuando las cosas salen como lo esperaba, y cuando surgen algunos inconvenientes que no se esperaban.
Recapitulando, creo que no estuvo tan mal que Hans se descompusiera cerca de casa. De los males el menor, y aunque no quiero que suene a consejo de tontos, actualmente es una verdadera bendición no correr peligros o llegar bien a casa todas las noches.
En fin. No sé qué sucederá. Supongo que Hans y yo dejaremos de ser mancuerna por un tiempo, o por lo menos, en lo que yo termino esta guía de estudio y regreso a trabajar.
Dormí. Venía contenta porque luego de estar estudiando todo el día, tuve un encuentro muy agradable lleno de sorpresas: boletos para el concierto de hoy en la noche, una cena en terraza a la "luz de las velas" -que en realidad fue un farol jaja-, y una conversación de esas maravillosas que no se quieren olvidar nunca.
Hoy, de vuelta a la realidad, me la he pasado del taller mecánico a la biblioteca, de regreso a mi casa a cocinar un arroz blanco relámpago, a comer con mi madre, de regreso a leer un rato, luego a recoger a Hans, que por cierto se ha portado más mal de lo que me imaginé; y ahorita, pasadas las dos de la tarde, me senté a intentar balancear todas estas emociones y preocupaciones.
Me parte en mil no poder solventar los gastos necesarios para que Hans vuelva a andar. Me preocupo mucho, me da por deprimirme cuando las cosas salen como lo esperaba, y cuando surgen algunos inconvenientes que no se esperaban.
Recapitulando, creo que no estuvo tan mal que Hans se descompusiera cerca de casa. De los males el menor, y aunque no quiero que suene a consejo de tontos, actualmente es una verdadera bendición no correr peligros o llegar bien a casa todas las noches.
En fin. No sé qué sucederá. Supongo que Hans y yo dejaremos de ser mancuerna por un tiempo, o por lo menos, en lo que yo termino esta guía de estudio y regreso a trabajar.
1 comentario:
Espero que pronto puedas darle mantenimiento como Dios manda al Hans, y mientras, pues ni modo, mi linda niña, a todos nos ha tocado en más de una ocasión utilizar el democratico metro o en su defecto Taxi. Las pocas veces que voy al DF la verdad no manejo (me parece un deporte extremo que todavía no me animo a practicar y mira que me considero buena para eso) prefiero metro, camion o Taxi, por otro lado no me imagino en mi ciudad con todos mis pendientes sin mi cochecito santo.
Un beso.
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