jueves, 22 de abril de 2010

Monsieur Madrid, Joaquín Sabina.

Él quería escribir la canción más hermosa del mundo,
y yo siempre he querido estar ahí para escucharla.


Luego de la catarsis de la noche de ayer, me quedé muda por un rato grande, traía la cabeza tan revuelta por tantas emociones, que preferí guardar silencio.

Llegué al Auditorio Nacional cuando se anunciaba la segunda llamada para el chou. Esta vez también me iba a encontrar con un chico, pero no frente a la pantalla electrónica de todas las veces, la que me ha visto los últimos ocho o nueve años encontrarme con distintas personas, con diferentes semblantes, de diferentes humores; la que me ha visto cuando me dejaron plantada, cuando se despidieron de mi, cuando le dije al soltero tóxico que no necesitaba más cargar con sus paquetes ni con sus recuerdos.

Esta vez, el chico me esperaba a un lado de la escultura, junto a las taquillas. Había mucha gente, de hecho yo no lo vi, no lo pude encontrar; y como nos ha pasado desde que nos conocimos, fue él quien me encontró a mi.

El primer sacudidón de emoción que tuve, fue cuando vi los lugares a los que correspondían nuestros boletos. Me emocioné mucho, estábamos verdaderamente cerca del escenario, y comencé a sentir que esta iba a ser una gran experiencia, y que la Ciudad nos estaba regalando otra maravillosa noche, en la que nos quería abrazar hasta que hoy amaneciera.

Unos quince minutos antes de las nueve de la noche, las luces se apagaron, se iluminó el escenario, y Joaquín Sabina se hizo presente, vistiendo unos pantalones color gris, una camiseta negra, una chaqueta de camuflaje verde, y su tan emblemático bombín color negro.

Grité, me levanté del asiento, aplaudí, casi pierdo los estribos; me quité el sombrero, y si hubiera traído un bombín como lo traía él, se lo hubiera lanzado al escenario. Me dio muchísima emoción mirarlo allí, con todos sus años, con las arrugas de su voz, con todo esto que todavía tiene para la gente, para quienes queremos escucharlo horas y horas, por años y años.

Abrió, como me lo esperaba, con la fabulosa Tiramisú de Limón; siguió con Viudita de Clicquot y luego se arrancó con muchísimas canciones, no todas las del último disco, pero sí muchas viejas, casi olvidadas, de esas que no te imaginas escuchar nunca en vivo, como Ganas de... y Medias negras. Cuando escuché esta última, entre todo el frenesí que estaba sintiendo por dentro, comencé a llorar conmovida por completo. Me acuerdo muy bien que siempre me pasa en los conciertos de Sabina, en el anterior, sin recordar ahora por qué fue, lloré muchísimo con la canción Mentiras piadosas. Anoche, no pude evitar acordarme de mi hermana Cristina, de cuando escuchábamos la canción mientras andábamos a toda velocidad en José María, recorriendo las calles de esta contaminada Ciudad.

Ayer, quizá no tan conmovida por el recuerdo de mi hermana, lloré de emoción y de felicidad, porque estaba escuchando una canción que nunca me esperé, y que ahora también está llena de lindos significados. Quizá deba darme cuenta de una vez, que "de estufa corazón, te tengo a ti" es una realidad, y que estoy más acompañada que nunca.

Joaquín Sabina ha declarado en muchas ocasiones, en diversos medios de comunicación, que él nunca se propuso llegar a donde está ahorita, que "sólo quería escribir la canción más hermosa del mundo". Y lo logró. A mi parecer, lo logró.

Creo que la maravilla radica en poder comunicarse con el mundo de afuera, con el que no sabemos a veces que nos está escuchando o nos está leyendo. Uno puede tener mucho qué dar, pero quizá no sepa cómo darlo.

Estoy muy contenta de haberlo escuchado anoche, de haberlo visto tan de cerca, de haber reído y llorado con él, de haber bailado con sus canciones, de haber gritado hasta donde pude. Es uno de los mejores regalos que he recibido en los últimos años, y eso me hace verdaderamente feliz.

Luego, el resto de la noche y un par de horas de la madrugada, nos esperaban. Un coche estacionado frente al Marriott, una cena improvisada, un café pasada la media noche, muchas palabras que no se habían dicho, algunas llamadas por teléfono; y estos ojos, que aún cuando se miran casi todos los días, a veces no encuentran el momento justo para hablar mientras se miran.

Si todos los instantes fueran como ayer en la noche, el amor se haría universal.

Ya pasó un día completo, y sigo muda. Todavía no tengo mucho qué decir.

La mañana fría, el sol que no salió por completo, un taxi, estos camiones que me gustan mucho, otro transbordo, mi casa más fría que cuando la dejé ayer, fuera ropa porque todo me lastimaba. Una llamada larga por teléfono. Una siesta que parecieron dos. Muchos libros, más hojas en blanco, las Reformas Borbónicas que ya no recordaba. Otra llamada a las 16:36 para decirme "Hola", y "te quiero mucho". "Yo también", le respondí con toda la seriedad que me llena cuando me pongo a estudiar. Tacos dorados para la cena. Coca-cola light muy fría. No más cigarros por hoy. Un gato que se duerme sobre mis piernas. Estos ojos que quieren verlo otra vez. Mi corazón, que late más fuerte que nunca. Los recuerdos de la música entrando por mis dedos, de su mano tomando la mía sobre mi rodilla, de sus besos sobre mis hombros, sobre mi pelo, luego del desayuno.

No me quiero olvidar, pero tampoco puedo obligarme a no hacerlo. Creo que lo dijo así: "Los sombreros sirven para camuflarse en los escenarios, y para quitárselos cuando la ocasión lo amerita".

Supongo que podré escribir mejor, cuando ya no esté tan muda.

Me siento tan contenta, que tengo ganas de ponerme a escribir en todas las páginas en blanco, en todas las paredes blancas, en toda la ropa apilada, y en la piel que cubre sus costillas.

4 comentarios:

Lilith dijo...

Un concierto y una noche de verdad inolvidables. Ay Mariposa hasta se me puso la piel chinita.
Un beso.

Karla Delgado dijo...

Exc noche... exc Sabina... Exc historia... Seguí escribiendo y si se puede, incluso en la piel que cubre sus costillas... El mundo sería un lugar mejor si todos manifestáramos nuestras emociones en forma de arte!
Besos y como siempre, me encató leerte!

SonrisaMiel (: dijo...

Bueno Mariposa, qué te puedo decir? Me has dejado muda a mi también. Que gustazo que el señor Sabina te deje muda a ti también. Que te provoque risas y llantos, me alegra ver que la música de alguien nos haga pasar por distintos estados de ánimo. Por eso te dejaré un video, que más que el video es la canción. A Sabina lo tendremos de visita el próximo martes por mis lares, que buena onda, no? (:

Ojalá estés de lo mejor y que la sensación te dure un buen rato.

Se llama "Canciones" y es de "El Canto del Loco"
http://www.youtube.com/watch?v=BpHo7_Aei3I

MAM dijo...

Mi querida Mariposa,

Me tocó ver a Sabina una semana antes de tu fecha; el hombre de los ojos más profundos fue conmigo... y tomó mi mano, y me vio cantar, brincar y emocionarme hasta q1ue las lágrimas se detuvieron en el borde de los párpados.

Qué cosa más linda ésta que nos pasa, de tener noches llenas, miradas ciertas y sonrisas extensas.

Enhorabuena! Mil veces enhorabuena por esta vida que nos llena de vida.

Vamos poniéndole fecha a los tragos, no?

Un abrazo!
M.