domingo, 18 de abril de 2010

Historia como libertad.

Cada mañana salto de la cama
pisando arenas movedizas.
Cuesta vivir cuando lo que se ama,
se llena de cenizas.

Y por las calles vaga solo el corazón,
sin un mal beso que llevarse a la boca.
Y sopla el viento frío de la humillación
envileciendo cada cuerpo que toca.
Ganas de..., Joaquín Sabina.

Anoche mientras cenábamos, salió al tema la violencia de pareja, de ella hacia él y de él hacia ella; como sea, violencia, pues. Tuve un flashback inmediato, serio, que me recorrió la piel y hasta la última punta de mi cabello. Quizá lo notó, porque me dijo que no habláramos más de eso, que yo era su "mechuda favorita", y me hizo reír.

Lo olvidé. Son cosas que no se guardan en mi cofre de deseos, en mi arcón de recuerdos, ni en mi selección de hechos relevantes. Son cosas que de pronto se recuerdan, para preservar el instinto de supervivencia.

Pero de pronto, el subconsciente entreabre esa habitación de mi pasado. Nunca me maltrató físicamente, o no que yo ahora lo recuerde como tal, pero su maltarto podía traspasar muchas barreras y algunos de mis límites.

A mi también alguna vez me bajó del coche, en medio de uno de sus síndromes de abstinencia o en un estado de absoluta alcoholemia. Los golpes iban hacia mis efectos personales, mis maletas, mi bolso, mis libros. Sus palabras parecían cuchilladas. Él es un drogadicto, y yo fui adicta a él.

No sé de dónde saqué fuerzas para sobrellevar todo esto, para recuperarme y para darle vuelta a la hoja. Escribir me ha aterrizado y me ha hecho libre; y el corazón lo vuelve a intentar.

Pasa el tiempo. Los recuerdos se hacen viejos. Desde hace algunos años, en mi lista de propósitos de año nuevo siempre figura la frase "no hagas nada que no quieras hacer, no te sientas obligada a hacer lo que la otra persona desea". Pronto lo comencé a creer.

El amor se vive, sólo así tiene parte. La Historia, según algunos estudiosos, también debe llevarse a la vida práctica para que exista, si no, no sirve de nada. Los fantasmas y las sombras del pasado de los hechos históricos, de los acontecimientos, deben estar perfectamente identificados para que la Historia tenga lugar. Y los demonios deben estar dormidos, dentro de mi cabeza, felices en su jaula, para que mi corazón pueda volver a creer.

Nunca imaginé, que volver a estudiar Teoría de la Historia le hiciera tanto bien a mi corazón. Es como cuando uno lee -o leyó- filosofía, y de pronto el mundo se mira como si se desfragmentara el monitor de la computadora: nítido y brillante.

Así, de pronto la reinterpretación le da nuevas oportunidades a los hechos históricos. Y exorcizar mis recuerdos, sanar mi pasado, no sacar del subconsciente lo que allí debe quedarse, le da nuevas oportunidades a mi corazón.

Qué diferentes son las cosas cuando uno decide hacerlas, cuando uno decide su curso, cuando uno toma decisiones maduras, de líneas paralelas, sin estar encima del otro, sin estar pendiente a las decisiones del otro; respetando siempre las prioridades, caminando de la mano, sin dejarse arrastrar ni estarse empujando.

Qué maravilla esto: de haber decidido tomar el tratamiento de desintoxicación.

Y si. Supongo que la Historia y seguir escribiendo, me harán libre.

1 comentario:

copo dijo...

Respetuosa y admirándote como siempre te dedico un abrazo por compartir cosas tan fuertes con nosotros pero, sobre todo, por haber salido de ellas. Te abrazo y te aplaudo.
Y si, la teoría de la historia...tiene sus encantos, desde que estás estudiando para tu examen se me han metido unas ganas de releer a Bloch, Febvre y demás aliados.
Un beso.