miércoles, 3 de junio de 2009

Sabio Don Pedro

Me desperté con un hambre terrible. Hice un montón de cosas, me arreglé, envié unos e-mails. Cuando me dí cuenta, el reloj marcaba las once horas y no me daba tiempo de comer algo antes de irme a trabajar. Cogí mi caja de ensalada y el bolso, el paraguas, el abrigo y salí de casa.

Un riquísimo olor me llegó a la nariz: era el olor a carnitas recién hechas del lugar de Don Pedro. Se me hizo agua la boca, llegué al lugar, hice fila y mientras el mismísimo Don Pedro se acercó a saludarme. Me preguntó cómo estaba, dónde trabajaba, preguntó por mis hermanas y por el más tóxico de todos los solteros. "Creí que te habías casado, no me digas que ya no estás con él" -me dijo en un tono un tanto paternalista. "No, de hecho él fue quien me cortó" -le respondí de un tajo sin hacer ninguna pausa (y sin pensar en mis palabras). Se puso serio, hizo una mueca y me dijo: "Ándale, qué muchacho, éste quería que lo mantuvieras".

Disimuladamente solté una carcajada. Le dije que seguramente había sido así y que hacía mucho tiempo que estábamos separados. "No se diga más, andale, desayuna" -concluyó. Llegué al mostrador, pedí un sólo taco, de maciza con una sola tortilla. Me supo a gloria. Tomé el cole y me fui al metro Cuatro Caminos.

No pude dejar de pensar en mi taquero favorito y en su sabiduría de hombre mayor. Filosofía kitsch, de Ciudad acalorada. Me puso bien. Me he reído mucho de esta mañana. ¿Era tan evidente la situación con el soltero tóxico, que hasta el señor de las carnitas se dio cuenta?

¿Hasta donde mira un tercero, las cosas de dos protagonistas ciegos? El historiador debería tomar en cuenta a su lector aún mientras escribe su historia, y no sólo al planearla y al terminarla.

La Historia no se escribe sola, me queda clarísimo. Por eso esta noche no tengo hora para irme a dormir. Entre San Antonio y Clío salí airosa de ese relato, de esa historia, de esa experiencia. Lloré muchísimo pero efectivamente todo sirvió. Y Don Pedro tiene razón, el chico tóxico estaba más preocupado de quién lo matendría si su madre dejaba de hacerlo. Qué horror, y qué manera de romperme el corazón.

Y dale, que el amor no se compra. Yo me doy por bien servida pagando mis frapuchinos y las croquetas del gato. Otra historia escribiré cuando me ponga con un chico a hacer inversiones hombro con hombro.

Lo otro no era amor, meses después resulta fácil de comprender. Suyas eran ganas de tener una segunda mamá. Y mis ganas eran estupidez, pura y ciega estupidez.

6 comentarios:

Lilith dijo...

Mientras sea un tercero imparcial y no un tercero en discordia puedes confiar en tener una opinion objetiva desde otra perspectiva. Y no digas que fue estupidez, llamalo una falta momentanea de sentido comùn, jeje. Te dejo un gran abrazo amiguis.
P.D. ¿Que onda con el coche Kitsch?

Tortu dijo...

bueno, te dejo saludos desde montevideo.
Lo de los solteros tóxicos es de un diario nuestro, que se llama el país, de un suplemento de los domingos. Está muy bueno, uno ya los ve caminar y ya se da cuenta! jaja
beso enorme y buen finde

Anónimo dijo...

El soltero tóxico. El sabio Don Pedro. Taco de carnitas. Taco tóxico. Sabio de carnitas. El soltero Don pedro. Mmm...
Estoy de acuerdo con el comentario de Lilith. Besos, ¡chau!

Unknown dijo...

El amor siempre nos sorprende. Incluso cuando menos creemos en el.
Un abrazo

El peregrino dijo...

Hola guapa:
¿no estás recibiendo CV para reemplazar al tóxico? Jejeje.
Me avisás, si algo.
Gracias por el comentario dejado en mi blog. Me avergüenza ser tan mal lector de mis amigos blogueros, pero tengo tantos que no me doy abasto.
Gracias por el enlace. Yo también haré lo propio. Creo que ya lo hice, de hecho.
Besos desde la hoy soleada Bogotá.

Edu dijo...

Hola amiga! si algunos confunden amor, con proteccion maternal. Algunos buscan una segunda mama, en donde ademas desfogarse sexualmente. El amor, empieza en el afecto, pero prende en la pasion, no en lo materno ficticio.
Un Saludo.