martes, 2 de junio de 2009

Decidí creer

Decidí apagarme la memoria y dejar de vivir un poquito en el pasado.

Hace rato cogí la revista Glamour para leer un poco de pajita antes de ponerme a trabajar. Casi al centro de sus páginas, llegué a un test sobre el amor, el primer paso decía "menciona para ti misma el nombre del chico con quien quieres estar". Okey, sólo tenía que pensar en un nombre...

No supe qué responder. No tengo ningún nombre de algún chico para responder.

En otra circunstancia, esta sería una grave situación. Y entonces me acordé de que el sábado por la noche, que salimos a tomar unas cervezas y a escuchar música en vivo, pensé todo el tiempo que todo estaba bien así. Efectivamente, tengo muchas ganas de vivir una relación amorosa bien, completa, en serio; pero que no suceda no me quita el sueño.

Por el contrario, me sigue dando miedito que me rompan el corazón, perder el control o ser rechazada. Supongo que son miedos que siempre van a estar allí, pero de todas formas quisiera evitarme la pena.

Luego me acordé de Jazmín y de cómo se le salen las lágrimas al acordarse que José Ángel no le responde y no tiene tiempo para verla; me acordé de la chica diseñadora de modas y su corazón roto, me acordé de mi hermana Maricarmen y del chico perfecto que espera que llegue y que nunca llega. Caí en la cuenta de las manías que tenemos como chicas, de los errores que cometemos y de lo cíclicas que pueden ser nuestras decisiones.

Pensé que en el fondo, aún cuando me siento muy sola algunos días -sobre todo los domingos-, las cosas van muy bien y he comenzado a preocuparme por la persona a la que siempre dejaba al último: me he preocupado por mi misma. Y por comer bien, y por no fumar tanto, por dormir las horas reparadoras de sueño, por ir al médico, por tomar buenas decisiones. Me he preocupado por ser feliz y por palomear los pendientes de mi lista kilométrica para tener tranquilidad otra vez.

Si un chico llegara en este momento y me cautivara, y me pidiera el corazón de regalo entregándome el suyo, estaría re bien y viviría una historia de fábula. Me comprometería y me emborracharía de amor. Si el chico no llega, todo va a estar bien igual y seguiré siendo la misma. No me quedaré coja ni manca y supongo que tampoco me voy a morir por no tener pareja.

Las revistas están llenas de cosas y consejos y tácticas para lograr que el chico que deseamos se enamore de nosotras. ¿Y si aún así nada tiene sentido? ¡Cómo carajos voy a lograr que alguien se enamore de mi, si ni siquiera sabe que existo! La Ciudad necesita una limpia y yo necesito un martini. (Lo bueno que Copo llega esta semana). Necesito ese martini, un café latte, una copa de suprema de toronja, una conversación con San Román, una salida al cine con Mafka; pero no estoy segura de "necesitar" la relación con el chico ideal.

Quizá todavía no esté lista y entonces deba seguir trabajando muy duro para comprarme un coche, para terminar el libro, para conseguir otro trabajo, para viajar el año que entra, para salir a bailar, para ir de compras, para leer los libros que tengo pendientes, para ver las películas que están en cartelera, para escuchar a Calamaro en vivo otra vez, para ir a cenar al restaurante de comida turca, para ir a comer al Giancarlo y recordar como era estar sentada en esas sillitas monas. Para salir con mi madre a tomar café.

Quizá mi relación ideal es esa: la que tengo con Mafka caminando en la Ciudad y hablando furtivamente por el móvil; la que tengo con San Román sentados en el Sanborn's de la casa. La que tengo con mi padre y sus llamadas interminables, los cafés por las mañanas y las sonrisas al abordar los taxis. La de mis hermanas a larga distancia y a corta con un pésimo humor. La que tengo con Jazmín en nuestra hora de comida. La que tengo conmigo misma y me hace feliz caminando Eje 6 Sur.

La que dice San Román que tengo que trabajar para estar segura de que me merezco todas las cosas buenas de la vida. La que tengo con él comiendo como trogloditas en el bufé del Sirloin Stockade. La que me hace reír al subir a su camioneta 4x4. La que no debe cambiar, aún cuando el cariño se haga a un lado.

Todo está bien. Creo que por primera vez en mucho tiempo puedo decir que soy afortunada porque nada me hace falta. Las decisiones tomadas dan frutos. Los ciclos se comienzan a cerrar. El chico que me quiera como soy y se enamore de mi, un día de estos llegará.

Mientras, el espinoso camino de la chica soltera en la Ciudad se ha vuelto divertido. Y rico, y próspero, y fértil, y fructífero. Y digno de vivirse, me siento orgullosa por eso. Tengo a mis cómplices, y me tengo a mi misma.

Yo creo y con eso basta.

1 comentario:

Lilith dijo...

Me encanta que creas en ti misma, que te diviertas y que celebres asi tu vida.
Besos Preciosa!
P.D. Uyyyy la divertida que se van a dar cuando Copo llegue a la ciudad.