Hoy me acordé de mi amiga que es chef. Y también comprendí que la razón por la que he aplazado ese café que nos estamos tomando desde hace unos tres meses, quizá sea porque me dio la noticia de que se va a casar. Me puse feliz, de corazón que me dio felicidad. Pero ahora me doy cuenta de que a lo mejor no estoy muy consciente de que una de mis amigas -por fin- se casa.
Uno de mis sueños era ser una de las primeras chicas en avisarle a las demás, que se iba a casar. Los años fueron pasando y los planes que tenía para mi futuro amoroso no fueron como los imaginé. Yo soñaba con ser esposa antes de los 25 para disfrutar de los años de pareja solos y aún así convertirme en una joven madre. Ahora, con la avalancha de decisiones sentimentales y profesionales que han venido desde hace algunos años, a veces no estoy segura de si quiero o no casarme, si quiero o no tener hijos, y si esta inapetencia social se me va a quitar.
Mis noviazgos, aún cuando fueron largos, no formalizaron en matrimonio. Sí tuvieron finales felices, otros no tanto, pero más allá de hacer planes a futuro y en común, hasta ahora no he recibido la propuesta formal de matrimonio. Otras propuestas han figurado en mi historia, algunas muy particulares, y otras que ahora pienso debí aceptar en lugar de hacerles la lista de pros y contras antes de tomar la decisión. Pienso, por ejemplo, que la historia hubiera sido otra si no hubiera ido a la Universidad y en lugar de eso, me hubiera ido a las faldas del volcán Tacaná a cultivar café. Quizá no escribiría como ahora, pero tendría una familia mía y una pareja a mi lado. Pienso, también, que quizá debí tener un hijo con el chico que fue mi novio durante la Universidad; ahorita sería una joven madre de un pelirrojito de pelo rizado.
La diseñadora de modas piensa, contrario a lo que pienso yo, que la estabilidad no depende de los bebés que decidí o no tener; ella piensa que ahorita estaría llena de pendientes por la nueva vidita, y que encima, olería a pañales. Viéndolo así me da un poco de cosita, y creo que las cosas son como deben ser.
Otras propuestas, las que sí acepté, fueron las que se escribieron en mi historia, y que cuyo resultado se nota apenas me encuentras por la calle.
Sigo siendo la chica optimista ante las bodas, las uniones y los nacimientos. Y me sigo poniendo triste con los corazones rotos y los finales feos. Es más, alguna vez una pelea entre mi amiga chef y su novio provocó que me preocupara por ella y luego me enojé; ellos se peleaban verdaderamente fuerte y ella lloraba sin parar cuando eso sucedía. Y en contra de todos los pronósticos, este verano me avisó que se casa a mediados del próximo invierno. Gran noticia. Gran acontecimiento.
Sé que mi madre no es la persona más indicada para dar consejos, pero uno que siempre nos decía a mis hermanas y a mi, es aquel de que "los que se pelan se casan". No sé que tan cierto sea. Yo tuve muchas peleas con mis novios largos, y qué decir con mis pretendientes. Nunca me casé. La diseñadora de modas, en cambio, nunca tuvo una discusión con el soltero re tóxico que la dejó por otra, y estaban en trámites de comprar una casa y dos coches, los que el soltero este ahora vive con la nueva mujer.
Amor, amor. ¿Qué decir del amor? Es una lotería, es un albur. La chica chef se casa en enero, eso es lo que hay que celebrar. Ya veré yo cómo le hago para quedar en el café con ella. Supongo que me caerá bien ver caras optimistas de felicidad.
1 comentario:
"El amor es una simple palabra a la que hay que dar sentido" O algo así escuché por ahí, en esos puestos-restaurant fuera de la prepa. Todo será mejor.
Un abrazo, dos abrazos. "Cuídate muncho"
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