viernes, 14 de agosto de 2009

Lista para el amor

Hoy lo vi, y espero que no sea la última vez. Ahora, aún con que me pongo muy nerviosa porque el corazón me late a mil por hora cuando lo veo, los trámites que tenía que terminar me impidieron continuar la conversación que el chico inició conmigo.

Creo que era de esperarse, que al momento de saber que ya no trabajaría ahí, las cosas cambiarían; pero es una contradicción, porque si el hecho de que ya no seríamos compañeros de oficina, tiende una posibilidad para conocerlo, ¿cómo entonces se supone que sucederá si no lo veré más? Pude platicar de él, por fin pude contar que unos ojos vestidos con camisa azul de rayitas, me quitaban el aliento de lunes a viernes, a las 15:45 justo cuando iba a comer.

Hace mucho que no salgo con alguien, confesé, y a veces no siento todo el tiempo que va pasando en mi Ciudad, en mi corazón, en mi cuerpo. La memoria no es que me falle, sino que a veces no tengo manera de refrescarla como yo quisiera. Quizá entonces no sea tanto tiempo, sino que en mi antiguo contexto, eso no era común que sucediera.

Y todo es muy parecido a una cotidiana ironía, a una ley de murphy, contrario a lo que sucede en mis sueños. Todas las veces que he compartido con él, en ellos, sucede lo que tiene que suceder. Y mis ganas son inusuales, porque se limitan a la compañía masculina, a un mano que abraza la mía.

Hace unos días, la última vez que soñé con él, hubo un elevador, un departamento, mucha gente que nos miraba y un coche negro. Había más coches en movimiento, calles, un estacionamiento; y el chico vestía una camisa sin corbata con ese saco color verde que tanto me gusta en él. Estos sueños son justo como lo que veían mis ojos a través del cristal de su oficina, desde la mía, intentando alcanzar a los suyos, a sus pies, a su pelo negro peinado hacia atrás.

¿Cuántos años tendrá? ¿Cuál será su nombre completo? No es posible que si hoy tuve una pequeña charla con él, no pensé en aprovecharla para preguntarle lo básico, ¿cómo te llamas? ¿Es cierto que vives por el norte, como yo? Las respuestas a si sabe bailar y si le gusta el cine, vendrían después.

Ahorita, que me preparo para dormir y recuerdo que todo el día estuve contenta y alegre, caigo en la cuenta de que quizá las cosas con el chico se queden tal como están y simplemente haya sido que hoy también desperté sintiéndome como si estuviera enamorada. Aún cuando hay muchos lugares que no tengo con quien caminarlos de la mano, exposiciones que veré sola, palabras que no escucharán, letritas que no leerán, me doy cuenta que yo soy el motivo para sentirme enamorada.

Hace calor, y la caprichosa lluvia de verano me recibe mientras camino Paseo de la Reforma, por el momento no necesito nada más.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

¿Enamorada? No te imagino a la larga con maripositas en el estómago; bebés. ¡Jijiji!

Un beso.

La sonrisa de Hiperion dijo...

Estupendo blog el tuyo.

Saludos desde el otro lado del charco!

yelitza dijo...

me da gusto por ti :)