Esta necesidad hace que no pueda dormir, hace que sienta el frío más frío, que me duelan los pies y se me reseque la garganta. Nada de esto pasaría si mi cama no estuviera tan grande, si el gato no fuera gato, si en mi casa hubiera más gente, si tú ya te hubieras dado una vuelta por acá. Esta necesidad es ansiedad. Nada de esto pasaría si el chico no tuviera novia, si el que comparte su nombre quisiera estar conmigo, si la chica no me hubiera dado una puñalada por la espalda, si la doctora no me hubiera exigido tanto.
La reunión fue muy peculiar, fuimos la diseñadora de modas, San Román, mi tocayo y yo. Magníficamente la conversación nos llevó hasta la una de la mañana. Todos teníamos que trabajar al día siguiente. Todos queríamos estar así, como siempre. Hay cartas que me fastidian, correspondencia que no debería recibir más, pero las cosas siguen como siempre, todo avanza, todo se mueve sobre mi.
De lejos vi el coche deportivo color rojo del soltero tóxico, luego lo vi subir a él. En otro tiempo, hubiera cogido el móvil frenéticamente, y le hubiera dicho que me esperara allí, que me salvara unos minutos de todo esto. ¿Salvarme? Es obvio que un año ya pasó, que las cosas han seguido avanzado, y que ya no es necesario que vengan a salvarme, ni él ni ningún otro soltero tóxico.
¿Cómo decirle a alguien que no se vaya, si no está acá? El papeleo va mejor que nunca, yo he dormido mejor, como casi como debo de comer, el pelo me está creciendo, tenemos planes para salir a bailar mañana, reuniones programadas, gente que viene para pasarlo conmigo. Con María todo es como antes, el switch se le ha puesto en su lugar. Los nenes me dicen que me quieren, el gato no deja de ronronear. Los días siguen su curso, como todo, como siempre.
¿Por qué el corazón no avanza? ¿Por qué por más que me esfuerzo todo se queda así? ¿Por qué me preocupan las cosas que no deben preocuparme? La incertidumbre se enamoró de la ansiedad (felicidades para ellas), y tomadas de la mano están planeando hospedarse en mi cabeza, en las plantas de mis pies, y en el hueco que están construyendo en el centro de mi pecho.
Todo esto va a terminar, no hay plazo que no se cumpla, pero mientras tengo que dejar de pensar tantas veces las cosas que vienen en camino. Desde hace mucho tiempo que no me daban ganas de llorar, en el café que tomé con Mafka ya no pude contener las lágrimas, y después me arrepiento porque siento que le aguo la fiesta; intento mantenerme en pie, como siempre, pero me hace falta que llueva aún cuando las gotas que caen de madrugada me hacen dejar de dormir.
Necesito que deje de ser verano. Necesito darte un beso. Necesito que mi cumpleaños traiga nuevos momentos, frescas sonrisas, buenas noticias. Necesito que me abraces por la cintura y me beses a escondidas, de todos, de nadie, de las llamadas de tu móvil. ¿Y si quedamos para comer? ¿Y si te llamo y no me contestas más? ¿Y si en la oficina se dieron cuenta de que quería bailar contigo? ¿Y si tienes tantas dudas, como yo?
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