Pensé que esta ocasión sería diferente. Cuando una crisis de ansiedad me sorprende, es mayúsculo mi malestar y por obvias razones se incrementa mi desgano. Generalmente se me quita el apetito, mas en contadas ocasiones, me ha venido un hambre voraz, no puedo dormir la noche siguiente a la crisis, y para acabarla de amolar, me duele el cuerpo y la cabeza.
Hoy, que dormí como pude, que al despertar me dolía todo comenzando por el cuello y la cintura, que me he sentido como barco en altamar todo el día, y que no he tenido el hambre que suelo tener, estoy cayendo en la cuenta de que soñé con él y con el cumpleaños de su madre.
Siempre jugaban a que era bruja, porque su nacimiento tuvo lugar el 31 de octubre. Tiempo después me habría de enterar yo que no era un juego, y que la mujer tenía de dama lo que yo de modelo AAA. En mi sueño había mesas redondas y un hermoso baño completo alfombrado con mobiliario color gris.
La zona de la casa (porque estábamos en su casa) no era linda como donde vivían cuando los conocí, pero era la misma casa. El señor de barba, las puertas para entrar a la cocina, la alacena grande donde el gato se quedaba dormido, el calentador de agua saliendo para el jardín, la mesa del comedor enorme, color natural, las esculturas y las obras de arte, el sillón frente a la ventana en el que me quedaba dormida debajo del sol por las tardes, el cuadro redondo que estaba hecho en su mayoría por laminilla de oro que brillaba mucho por las mañanas. La chimenea en el centro del salón, las escaleras de madera que hacían ruido cuando subíamos, el sillón de piel que nos abrazaba cuando nos quedábamos dormidos, y que lo albergaba a él cuando yo elegía dormir sola.
Todo estaba en su lugar, todo era bonito por dentro, pero por fuera estaba horrible. No había pavimento en las calles, llovía a mares, no había escaleras y en su lugar sólo eran rampas de cemento a medio terminar. Personas que me miraban extrañamente, envoltijadas en harapos que se veían casi podridos. En fin. No era un lugar agradable, no era como yo recuerdo que era.
Había una fiesta, yo estaba compartiendo con unas chicas, estaban las amistades que compartimos, y él estaba allí, sentado frente a mi, con su piel de terciopelo de jaguar en celo, y sus rostros de libertadores que más parecían ajenos que mis favoritos. Tenía el pelo justo como cuando lo conocí, se veía bastante bien y su madre también, eran radiantes, la casa era bonita y me gustaba estar hasta en la cocina.
Todo era como siempre quise que fuera. No existían toxicidades, ni hermanos olvidados que después resultaban más tóxicos que el benjamín. No había malos tratos ni tampoco gatos, mucho menos perros, y estaban allí todos esos posters color gris.
Desperté, sintiéndome muy mal físicamente, pero en el fondo pensé que todo estaba en orden.
Hace ya muchos meses que se murieron en mis sueños, en mi memoria, en mi cuerpo, y que sólo falta que me confirmen que se murieron de verdad o que se mudaron de Ciudad.
Soy malísima para la interpretación de los sueños. No sé qué querrá decir haber soñado con ellos justo la noche del día en el que tuve una de las crisis más fuertes del año; ni tampoco sé qué querrá decir haberlos soñado tan perfectos.
Tengo que aceptar que en el fondo deseo que el chico tóxico no tenga más malestares y que sea feliz; que la vida no se le complique más de lo que él se la estaba complicando. Debo confesar que deseo que todo esté perfecto tal y como lo soñé.
No todo lo que brilla es oro, y esta ansiedad no se quiere ir lejos, se quiere quedar dándome vueltas como lo hace ahorita el gato alrededor de mi mesa de trabajo. Ni modo. Cada quien lo que le toca, y supongo que tendré que aprender otra vez -o acostumbrarme- a vivir con ella poco más de tres días cada seis meses.
Hoy, que dormí como pude, que al despertar me dolía todo comenzando por el cuello y la cintura, que me he sentido como barco en altamar todo el día, y que no he tenido el hambre que suelo tener, estoy cayendo en la cuenta de que soñé con él y con el cumpleaños de su madre.
Siempre jugaban a que era bruja, porque su nacimiento tuvo lugar el 31 de octubre. Tiempo después me habría de enterar yo que no era un juego, y que la mujer tenía de dama lo que yo de modelo AAA. En mi sueño había mesas redondas y un hermoso baño completo alfombrado con mobiliario color gris.
La zona de la casa (porque estábamos en su casa) no era linda como donde vivían cuando los conocí, pero era la misma casa. El señor de barba, las puertas para entrar a la cocina, la alacena grande donde el gato se quedaba dormido, el calentador de agua saliendo para el jardín, la mesa del comedor enorme, color natural, las esculturas y las obras de arte, el sillón frente a la ventana en el que me quedaba dormida debajo del sol por las tardes, el cuadro redondo que estaba hecho en su mayoría por laminilla de oro que brillaba mucho por las mañanas. La chimenea en el centro del salón, las escaleras de madera que hacían ruido cuando subíamos, el sillón de piel que nos abrazaba cuando nos quedábamos dormidos, y que lo albergaba a él cuando yo elegía dormir sola.
Todo estaba en su lugar, todo era bonito por dentro, pero por fuera estaba horrible. No había pavimento en las calles, llovía a mares, no había escaleras y en su lugar sólo eran rampas de cemento a medio terminar. Personas que me miraban extrañamente, envoltijadas en harapos que se veían casi podridos. En fin. No era un lugar agradable, no era como yo recuerdo que era.
Había una fiesta, yo estaba compartiendo con unas chicas, estaban las amistades que compartimos, y él estaba allí, sentado frente a mi, con su piel de terciopelo de jaguar en celo, y sus rostros de libertadores que más parecían ajenos que mis favoritos. Tenía el pelo justo como cuando lo conocí, se veía bastante bien y su madre también, eran radiantes, la casa era bonita y me gustaba estar hasta en la cocina.
Todo era como siempre quise que fuera. No existían toxicidades, ni hermanos olvidados que después resultaban más tóxicos que el benjamín. No había malos tratos ni tampoco gatos, mucho menos perros, y estaban allí todos esos posters color gris.
Desperté, sintiéndome muy mal físicamente, pero en el fondo pensé que todo estaba en orden.
Hace ya muchos meses que se murieron en mis sueños, en mi memoria, en mi cuerpo, y que sólo falta que me confirmen que se murieron de verdad o que se mudaron de Ciudad.
Soy malísima para la interpretación de los sueños. No sé qué querrá decir haber soñado con ellos justo la noche del día en el que tuve una de las crisis más fuertes del año; ni tampoco sé qué querrá decir haberlos soñado tan perfectos.
Tengo que aceptar que en el fondo deseo que el chico tóxico no tenga más malestares y que sea feliz; que la vida no se le complique más de lo que él se la estaba complicando. Debo confesar que deseo que todo esté perfecto tal y como lo soñé.
No todo lo que brilla es oro, y esta ansiedad no se quiere ir lejos, se quiere quedar dándome vueltas como lo hace ahorita el gato alrededor de mi mesa de trabajo. Ni modo. Cada quien lo que le toca, y supongo que tendré que aprender otra vez -o acostumbrarme- a vivir con ella poco más de tres días cada seis meses.
5 comentarios:
Me gustó su blog.
Un salduo desde Macondo.
Mariposa, que mal que te sientas así. Creo que necesitas despejarte un poco, creo que necesitas vivir más. Sabes? Me gusta interpretar sueños, creo que mucho tiene que ver con la crisis... El cuerpo siempre busca maneras de manifestarse cuando esta mal, creo que esta vez lo hizo en forma de sueño, cuídate que todo saldrá bien (:
Te mando muchos besos y abrazos, espero que esa crisis sea cuestión de días y no de meses.
PD. Gracias por el premio, prometo que la próxima entrada estará dedicada a él (:
Espero que el hambre te llegue para la mañana de mañana...
10 am, Las Orquídeas, frente al Parque México...
Va?
Un abrazo reparador, Mariposa.
M.
No hay pex... a las 13 te viene bien? Así me aviento las actividades matinales antes ;)
Mi querida Mariposa,
No os preocupéis, en realidad estoy a dos calles, en casa de los ojos verdes, así que seguro encontramos una buena forma de entretenernos...
Ya será, hay más tiempo que vida.
Suerte con Hans y dos kilos de sonrisas para ti.
MAM.
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