Ahí estaba la Barbie novia, la modelo, la corredora de coches, la veterinaria de la selva que cura pandas y koalas, la que vive en la playa y se llama algo así como Malibú, Hawaii o Bora Bora. Pero de pronto, mis ojos siguieron explorando el anaquel de la juguetería, y ya no vieron muñequitas rubias, sino al mismísimo Jesucristo dentro de una cajita de cartón.
Ya sabes, al borde de la quinta chilla, a punto de mandar a la fregada la frase de "sé lo que quieras ser" o "¿qué quieres ser hoy?", Jesucristo vestido como la iconografía lo ha descrito, me hizo darle un giro a toda esta interpretación de capitalismo del siglo veintiuno, en mi visita más bizarra a un supermercado.
Yo fui una niña Barbie y algunas veces lo sigo siendo, como cuando moría por tener en mi colección la réplica que Mattel sacó el año pasado de la Barbie original de 1959. O como cuando moría por tener la Barbie con su colección de zapatos que el Rey Sol me regaló una vez. Sigo siendo una niña Barbie, porque dentro de la más dura exigencia académica, me sigo presentando al posgrado con mi montón de libros, la disertación más confusa que nunca en mi vida había hecho, mis botines de tacón, y un starbucks en la mano izquierda.
No ha sido fácil defender mis propuestas ni mis calificaciones. No ha sido fácil mostrar de una sola vez cuál es mi personalidad. Muchas cosas que nos hacen sentir como en un gran big brother, cuando menos te das cuenta te intimidan. No es sencillo presentarse frente a gente que no te conoce, con una nueva propuesta de investigación que nadie se hubiera imaginado, que ahora resulta que revolucionaría hasta a la más radical vieja guardia de cualquier institución.
Fui una niña Barbie, y a veces quisiera que eso imperara en mi estilo de vida, más que la historiografía misma.
Si, según la filosofía Barbie, uno puede "ser lo que quiere ser", ¿por qué shit la Barbie nunca quiso ser escritora, doctora en Humanidades o historiadora? ¿En qué momento se me movió el switch? ¿Cuándo vi en algún fotocuento la historia de una Barbie al estilo Indiana Jones? Que yo me acuerde, nunca. El argumento de esas historietas era la fiesta en el club, o la despedida de soltera de una amiga de Barbie, o una fiesta en el salón de juegos de un kinder, ahhh por que eso sí, la Barbie siempre ha tenido tiempo de hacer obras de caridad, beneficiencia pública, y vestir al último grito de la moda.
La semana pasada, que me encontré al editor de la revista en la biblioteca, que alguna vez me invitó a salir, me dijo muy serio: "Mariposa, acuérdate que no se puede hacer todo al mismo tiempo". Y nada más porque estábamos en un recinto en silencio no le grité "¡y por qué carajos hay mujeres que han podido ser todo y hacer todo al mismo tiempo!" No se lo grité, pero lo pensé, y seamos sinceros, es verdad. Hay mujeres que lo siguen haciendo.
Dilucidar entre escribir las tarjetas Hallmark o seguir con la carrera de Historia, es cosa seria. Quizá no se entienda a la primera, pero de veras que causa mucho conflicto.
Ayer Cristina me decía que el destino no estaba escrito, que nosotras lo ibamos escribiendo. Y bueno, la Barbie tiene un destino escrito a través del márketing que registra un publicista, y se ve muy feliz, y sigue siendo espectacular, y tiene un gran clóset. ¿Y yo? ¿Te acuerdas cuando salías con el publicista, que te decía que escribieras y escribieras y que él se encargaría de llevarte a la cima en las obras de divulgación? Bueno pues elegiste otro destino Mariposa Tecknicolor, siempre más complicado que venir calzada con tacones en una cajita de cartón.
Ya sabes, al borde de la quinta chilla, a punto de mandar a la fregada la frase de "sé lo que quieras ser" o "¿qué quieres ser hoy?", Jesucristo vestido como la iconografía lo ha descrito, me hizo darle un giro a toda esta interpretación de capitalismo del siglo veintiuno, en mi visita más bizarra a un supermercado.
Yo fui una niña Barbie y algunas veces lo sigo siendo, como cuando moría por tener en mi colección la réplica que Mattel sacó el año pasado de la Barbie original de 1959. O como cuando moría por tener la Barbie con su colección de zapatos que el Rey Sol me regaló una vez. Sigo siendo una niña Barbie, porque dentro de la más dura exigencia académica, me sigo presentando al posgrado con mi montón de libros, la disertación más confusa que nunca en mi vida había hecho, mis botines de tacón, y un starbucks en la mano izquierda.
No ha sido fácil defender mis propuestas ni mis calificaciones. No ha sido fácil mostrar de una sola vez cuál es mi personalidad. Muchas cosas que nos hacen sentir como en un gran big brother, cuando menos te das cuenta te intimidan. No es sencillo presentarse frente a gente que no te conoce, con una nueva propuesta de investigación que nadie se hubiera imaginado, que ahora resulta que revolucionaría hasta a la más radical vieja guardia de cualquier institución.
Fui una niña Barbie, y a veces quisiera que eso imperara en mi estilo de vida, más que la historiografía misma.
Si, según la filosofía Barbie, uno puede "ser lo que quiere ser", ¿por qué shit la Barbie nunca quiso ser escritora, doctora en Humanidades o historiadora? ¿En qué momento se me movió el switch? ¿Cuándo vi en algún fotocuento la historia de una Barbie al estilo Indiana Jones? Que yo me acuerde, nunca. El argumento de esas historietas era la fiesta en el club, o la despedida de soltera de una amiga de Barbie, o una fiesta en el salón de juegos de un kinder, ahhh por que eso sí, la Barbie siempre ha tenido tiempo de hacer obras de caridad, beneficiencia pública, y vestir al último grito de la moda.
La semana pasada, que me encontré al editor de la revista en la biblioteca, que alguna vez me invitó a salir, me dijo muy serio: "Mariposa, acuérdate que no se puede hacer todo al mismo tiempo". Y nada más porque estábamos en un recinto en silencio no le grité "¡y por qué carajos hay mujeres que han podido ser todo y hacer todo al mismo tiempo!" No se lo grité, pero lo pensé, y seamos sinceros, es verdad. Hay mujeres que lo siguen haciendo.
Dilucidar entre escribir las tarjetas Hallmark o seguir con la carrera de Historia, es cosa seria. Quizá no se entienda a la primera, pero de veras que causa mucho conflicto.
Ayer Cristina me decía que el destino no estaba escrito, que nosotras lo ibamos escribiendo. Y bueno, la Barbie tiene un destino escrito a través del márketing que registra un publicista, y se ve muy feliz, y sigue siendo espectacular, y tiene un gran clóset. ¿Y yo? ¿Te acuerdas cuando salías con el publicista, que te decía que escribieras y escribieras y que él se encargaría de llevarte a la cima en las obras de divulgación? Bueno pues elegiste otro destino Mariposa Tecknicolor, siempre más complicado que venir calzada con tacones en una cajita de cartón.
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