No todo lo que es oro brilla o no todo lo que brilla es oro. Digámosle como queramos. No se puede tener todo en la vida y... no se puede vivir del amor. Las sorpresas de todo tipo se hacen presentes.
Como ya lo platiqué, muchas personas han llegado a mi vida, pero desafortunadamente hoy tengo que escribir que una, que me duele mucho, se ha ido para siempre. Las lecciones que la vida me ha mandado -así como los buenos ratos- me han hecho reflexionar mucho. Ahora pienso que tal vez debería quedarme como estoy y dejar de buscar cosas que no vienen al caso. Mi carnala dice que en mí ha habido un progreso y una evolución severa, ahora me arriesgo más y le dedico más tiempo a otras cosas. El gurú dice "Tienes dudas sobre darle prioridad a tu carrera o a tu pareja, y te cuesta demasiado esfuerzo tomar decisiones difíciles. Estáis llena de optimismo pero sois inconstante". ¿Qué se hace, pues, en estos casos?
(Descansa en paz, querida amiga).
Quizá deba dejar las cosas como están. Mi familia, como sea, siempre ha estado conmigo. Tengo amigos, diversión no me falta. Las ausencias son las que a veces me matan.
Por otro lado, los encuentros con viejos conocidos me han dado tanta alegría como los encuentros con gente reciente. El gato no deja de acompañarme y todo se vuelve a acomodar. Una vez más, mi carnala me ha dicho que es bueno que tenga amistades con esos viejos conocidos; este hombre solía bautizarme -pero nunca me cambió el nombre- y también solía quererme mucho. Aunque nuestros caminos se hayan bifurcado, de alguna manera se vuelven a juntar. Tengo ganas de verlo. Quiero que me vea como creo que no me ha visto: bien. (Quizá ya no quiero tener un amante, ¿me oíste?) Ya no quiero que me vea como si tuviera que venir a arreglarme. Una vez más se comprueba que he tenido mucho progreso. Cinco (benditos) años no pasaron en balde.
Sólo placer vs amor divino
(o de cómo aprender a tener sólo sexo cuando se está acostumbrado a hacer el amor).
"No lo eches a perder enamorándote". El mensaje que recibió fue contundente. Puede ser que P no supiera lo que R estaba haciendo. O, por el contrario, lo entendía perfectamente, mucho mejor de lo que lo R pudiera imaginar.
Había mucha diversión, sin embargo, a pesar de que ambos (R y U) hablaban castellano parecían no entenderse. Aun cuando habían superado la distancia geográfica, muchos kilómetros -intelectuales y culturales- los separaban. Y aunque es bien sabido que todas las cosas suceden por una razón, esta vez no puedo entender por qué se encontraron.
R es una chica a quien la vida la ha tratado mejor de lo que ella misma pudiera imaginarse. Nosotros, que lo vemos desde afuera, nos damos cuenta de que ha tenido muchos motivos para ser feliz; tan es así, que ella siempre estuvo acostumbrada a hacer el amor, hasta que U apareció. Lo que pienso de repente es que quizá R no ha tenido la voluntad para decidir ser feliz.
U es un hombre que viene del antiguo continente. La historia que trae a cuestas nos puede parecer inverosímil junto al drama cotidiano que vivimos en la Ciudad. Debería ser su deber entender que no es cualquier cosa estar acostumbrados al ritmo de la ciudad más surreal del mundo: donde una mayonesa te da los buenos días en el almacén, y un payaso limpia los pisos del taller automotriz. No se puede. (Tampoco se puede vivir del amor; digo yo, dice Andrés).
U cree que el físico todo lo puede. R asegura que es lo interior lo que rige al mundo. Y en contra de todos los pronósticos, R y U se han acoplado y lo pasan bien.
R ya no tiene esas ganas incontrolables de hacer el amor, que también implica ceder y atender. Ella ha aprendido a disfrutar y a decir que sí o que no sin que le cause conflicto. U sabe ella es lo más parecido a su hogar, quizá por eso se esfueza en no dejarla ir y en hacerle el amor.
Ahora llueve. Él le dice que quiere estar con ella. Ella tiene que dormir.
En otros años, yo le diría "a otra cosa mariposa", pero es ella la que lo tiene que decidir. Yo pienso que no se puede tener todo en la vida, más bien tenemos que acoplarnos a las cosas que lleguen.
Que los planes se vuelvan proyectos, y que éstos se lleven a cabo. La vida puede ser lo que sucede mientras la historia se escribe. La historia sucede sin que muchas veces la vida continúe. Si yo me ciño a mi proyecto quizá todo salga bien. Si R sabe lo que hace, que más da, todo le saldrá bien.
Ahora resulta que U tiene otras mujeres. ¿Por qué entonces no la deja ir?
Según el escritor, este manuscrito no debe ser publicado hasta que esté completamente tenso, porque sólo así podría ser perfectamente legible. Si yo me acatara a ese consejo, no terminaría nunca porque no lo dejaría de releer y no lo dejaría de corregir. Más me vale entonces darle punto final. (Más me vale también, darle conclusión a mi radionacional).
¿Me escribes una carta de amor?
Digamos que Suárez quiere que le escriba una carta de amor. ¿Cómo explicar entonces, que dos personas pueden ser complemento aunque ellas mismas no crean en ello? Irónicamente el amor se ha hecho presente. Francamente, ese amor será el complemento que ellos no están buscando.
El futuro, del efímero presente al que me refiero, pudiera ser un desastre. En este momento estoy pensando que los complementos no son siempre los mismos: vida y muerte, ying y yang, blanco y negro, día y noche... (sexo y amor, mejor imposible).
Es más, ¿qué tal si Suárez lo único que quiere es compañía y yo me lo estoy tomando a la tremenda? Más me vale, en ese caso, escribir la mentada carta de amor. Total, no sería la primera vez que me pusiera a escribir por compasión.
(Ahora, de pronto, no sé si deba conservar el amante. ¿Me escuchaste?)
Buenas noches Gato azul, Mandarina, chico Villegas, Suárez, Luna sistemas y Ojos verdes. Disfruta la noche, siente la lluvia y vive. Ya no estamos acá para hacer otra cosa.
¿Amor? Dime pues que lo sientes. Tal vez ahora sí pueda pagarte la utópica comida que en otro pasado no pude.
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