Los ultimátums llegan cuando menos uno los espera. Hay veces en las que el tiempo se me pasa como si estuviera dormida; así, todo lo veo como si lo soñara.
Afortunadamente, las motivaciones han llegado a mi vida en el momento preciso. He hecho nuevas amistades, he conocido personas, lo he pasado bien. No puedo quejarme. Desafortunadamente el tiempo siempre me apremia.
La historia a la que me he dedicado durante los últimos dos años y medio tiene que concluirse en menos de quince días, todavía no sé verdaderamente cómo debe terminar. Me sé el final pero no quiero que se acabe.
¿Cómo concluir cuando en este justo momento me fluyen las palabras rosas?
¿Cómo concluir cuando en este justo momento me fluyen las palabras rosas?
La lectura amena, como las charlas, me han llegado periódicamente. Me he sentido bien (o no me he sentido tan mal) y continúo escribiendo palabras rosas; en el fondo creo que es lo que sé hacer mejor.
Las palabras rosas son aquellas que sobresalen en mi texto. Las que pongo en color diferente para que sean leídas de modo alterno, en paralelo. Siempre me han gustado las líneas paralelas y continuamente me valgo de ellas para construir mis ideas.
Bajo otros parámetros, las palabras rosas serían el contexto o los lugares sociales de enunciación de las mismas ideas o de los hechos. Las palabras rosas pueden ser también, desde otro punto de vista, el complemento sentimental de la idea.
Bajo otros parámetros, las palabras rosas serían el contexto o los lugares sociales de enunciación de las mismas ideas o de los hechos. Las palabras rosas pueden ser también, desde otro punto de vista, el complemento sentimental de la idea.
Últimamente, estas palabras rosas se han convertido en la columna vertebral de mi construcción del conocimiento. He dejado de tenerle miedo a la página en blanco. Las palabras rosas equilibran los colores en mi escrito.
Mi historia no está hecha propiamente de palabras rosas. Mi historia es diferente. Las palabras rosas son para mi y mi escrito es para mi lector. A través de las palabras rosas, me he dado cuenta de que puedo construir el conocimiento que me permite enamorar a las personas. Me fascina poder llevar a cabo mi tarea con el amor de bandera. Bendito amor. Queridas palabras rosas.
Las Fantasías en carrusel fueron cambiadas por Los orígenes del nacionalismo mexicano y eso me puso triste. Pita Amor está guardada junto a J.K. Rowling. Cristina Rivera Garza me sigue esperando en casa de Rosalía. Ellas también me están esperando. Ellas también están esperando que la construcción de este conocimiento termine.
Debo ser muy lista. Debo canalizar mi entusiasmo por las palabras rosas para un fin distinto. Siempre pienso en mi lector y también pienso en las personas que estoy segura de que me leerán. Pero absolutamente no soy como aquel que les platiqué, el que tenía pegadas las fotos de Cortázar, García Márquez, Borjes y Paz frente a su escritorio: lejos de inspirarlo, le intimidaban y a mi me molestaba en absoluto que me observaran mientras me quitaba la ropa. No puedo dormir mientras otra persona observa. Que ganas tenía este hombre de hacerse la vida pesada (suficiente tengo yo con los domingos).
Debo ser muy lista. Debo canalizar mi entusiasmo por las palabras rosas para un fin distinto. Siempre pienso en mi lector y también pienso en las personas que estoy segura de que me leerán. Pero absolutamente no soy como aquel que les platiqué, el que tenía pegadas las fotos de Cortázar, García Márquez, Borjes y Paz frente a su escritorio: lejos de inspirarlo, le intimidaban y a mi me molestaba en absoluto que me observaran mientras me quitaba la ropa. No puedo dormir mientras otra persona observa. Que ganas tenía este hombre de hacerse la vida pesada (suficiente tengo yo con los domingos).
Yo pienso en Fito Páez, en mi madre, en Itzamar, en Vicky, en Mauricio, en David... Pienso en quienes estoy segura me leerán y me darán comentarios y me pedirán explicaciones. Pienso en los que me aman y en los que -algunas veces- no me entienden. Pienso en los que no me dejarán de querer. También en los que siempre me acompañan. A veces las palabras rosas están escritas pensando en ellos.
Las palabras rosas no tienen que ser siempre leídas.
Las palabras rosas se quedan acá.
Las fechas pasan y pasan por mi cabeza como rollo de película. Día 17, día 22, día 26. Bendito Septiembre. Tres escritos, tres interpretaciones, tres.
Tres fechas y un millón de domingos.
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