sábado, 28 de marzo de 2009

Corazón en venta

Llegando al consultorio le llamé. Sentí de inmediato la alegría en su voz, me hizo sonreír. Quedó de regresarme la llamada en cinco minutos -que esta vez sí fueron cinco- y quedamos para tomar una copa.

Salí diez minutos antes de las diecinueve horas. Las dos cuadras cotidianas, paralelas a las Torres de Satélite, me parecieron más largas que de costumbre. El chico del sur de la Ciudad me esperaba en Polanco por ahí de las 19:45.

En la primera parte del trayecto el Periférico se puso de mi lado, pero pasando el Campo número 1, la cosa se puso fea. Me quedé bien dormida abrazada de mi bolso. Me despertó el ring ring del móvil que me avisaba que mi cita se había adelantado al lugar.

Casi pierdo la razón cuando de Conscripto a Legaria pasó media hora de camino. Me bajé del microbús y comencé a caminar, casi a correr. Crucé el periférico en Ejército Nacional y seguí caminando hasta que abordé el taxi que me llevó a Pabellón Polanco.

Llegó por mi espalda cuando buscaba la Glamour de España. Se veía muy bien. Traía puesto un traje gris y una camisa color blanco, ya se había quitado la corbata y no importaba, se veía muy bien. Quizá esto de no vernos tan seguido nos va, o quizá sólo era la alegría la que nos hacía vernos bien.

Nos dimos un abrazo y planeamos qué hacer. Yo quería entrar al cine, pero él no quería. Él quería tomar un café, pero yo no quise. Caminamos y nos encotramos de frente un restaurante bar. Lo acordamos y entramos, se registró para el bar, y bien porque desde un principio habíamos dicho que nos tomaríamos una copa.

Olvidar es divino...
Hablamos de tantas cosas, tan conocidas y tan diferentes. Omitimos algunos temas que antes solíamos tocar. Un rato después pidió una mesa en el restaurante y pasamos a cenar. Fue un gran detalle, luego de ser habitual sólo botanear en el bar.

Alli la conversacion cambió. Me habló de sus amigos, de lo que le gusta y lo que no, de su comida favorita y de sus pasatiempos predilectos. Por primera vez en mucho tiempo, sólo escuché. También fue la primera vez que sentí que conectábamos de diferente forma. Estuve muy contenta, lo pasamos muy bien.

Y es que es sorprendente cómo todos los corazones están en venta pero no se ofrecen de la misma manera.

Muchas otras citas y otros recuerdos tuvieron que invadirnos y desvanecérsenos para vernos así. Hemos cambiado muchísimo desde que nos conocimos y, para serles sincera, no pensé que una reunión de este tipo llegara tan pronto.

Y fuerte es la fuerza del destino.
Estábamos cansados. Al día siguiente él tenía que salir de la Ciudad y yo tenía que ir a trabajar.

Pidió la cuenta y me trajo de regreso a casa. Platicamos en el coche estacionado en mi banqueta poco más de media hora. A la hora de la despedida siempre salen todas las recomendaciones y bendiciones del mundo. Y nadie se fue del país, pero como nunca se sabe cuándo nos podremos volver a ver, tampoco está demás decir algunas palabras, dar algunas palmadas o procurarnos varias veces.

Puso el contador de kilómetros del tablero del coche en ceros para saber cuántos recorrería de regreso a casa. Me reí mucho, y bromeamos con que era como atravesar un estado entero. Se fue y yo entré a mi casa a aprovechar los latidos de mi corazón y a desear que mi muñeco vudú pudiera encontrarse.

Me quedé dormida muy rápido. Soñé muy lindo, profundo y nítido.

Hoy me desperté y el día fue notablemente bueno. Qué buena evidencia deja en mi rostro haber tenido una buena velada. Qué bien le hace a mi corazón salir de la vitrina aunque sea por un par de horas.

***

La hora de la tierra la pasé en la Facultad, viendo las estrellas. Había partido de fútbol así que se sentía buen ambiente familiar. La luna estaba linda, en esta fase que me fascina, cuando parece una gran sonrisa de gato. Cada vez fumo un poquitín más y estoy durmiendo mejor. Y tendría que ser al revés, dejar de fumar y dormir bien o seguir fumando y dormir mal, porque solía fumar cuando no podía dormir. Hoy espero que esas costumbres se me quiten pronto y que no se vuelva normal dormir unas 3 horas y media al día. Estoy muy contenta.

1 comentario:

Lilith dijo...

volver a conectar con personas con las que se tiene historia es genial. Que bueno que Morfeo se ha portado bien contigo pero tratemos de fumar menos que no nos queremos arrugar, jajaja.
Besos