Salí de casa a las 8:45 horas. Me subí a su coche azul eléctrico y fuimos por el Starbucks de siempre. Nos reímos mucho. Mis ojos verdes tuvieron razón, él estaba más nervioso que yo. Antes, mi madre y yo comentamos las noticia de la mañana, hablamos sobre las dietas de sopa de col, me dio la bendición y nos despedimos.
Hoy, sin ponerse de acuerdo, mis padres me escribieron una carta en la que me dicen lo orgullosos que están de mi.
Hoy, sin haber amanecido juntos, ni cerca, ni haber sido lo primero que nuestros ojos vieron, mis ojos verdes me dijeron que me aman, que están enamorados de mi; y entonces todo sucede: el pelo se me acomoda maravillosamente, las crisis de estilo no tienen parte, las botas de pronto están boleadas, y la Ciudad se pone siempre de mi parte.
Decidí no hablar mucho, sólo lo suficiente. Era obvio que la mañana me pertenecía completa, con la ruta que yo eligiera, con los vendedores ambulantes sobre la Ribera de San Cosme, pero con una maravillosa vista de Paseo de la Reforma mientras la cruzo sobre Insurgentes, y con una sonrisa enorme de David Alfaro Siqueiros, cuando me guiña el ojo al pasar frente al Poliforum.
Hace ya un mes que me regalaron flores. Hace un mes ya que las puse en un florero de vidrio, en mi mesa de trabajo, y puedo asegurar que no han querido marchitarse.
Me marée un poco, de pronto fue asumir muchas responsabilidades de golpe, saberme oficialmente historiadora que busca un conocimiento para ser mejores. Me marée un poco, abrí una coca-cola light, y aún cuando mis amigos me invitaron a visitarlos para comer con ellos, decidí regresar a casa. Tengo un poco de sueño, todavía tengo mucho qué hacer.
Estoy feliz. Y en esta ocasión me faltan palabras para describir la sensación de tranquilidad y emoción que invade mi cuerpo.
Hoy, sin ponerse de acuerdo, mis padres me escribieron una carta en la que me dicen lo orgullosos que están de mi.
Hoy, sin haber amanecido juntos, ni cerca, ni haber sido lo primero que nuestros ojos vieron, mis ojos verdes me dijeron que me aman, que están enamorados de mi; y entonces todo sucede: el pelo se me acomoda maravillosamente, las crisis de estilo no tienen parte, las botas de pronto están boleadas, y la Ciudad se pone siempre de mi parte.
Decidí no hablar mucho, sólo lo suficiente. Era obvio que la mañana me pertenecía completa, con la ruta que yo eligiera, con los vendedores ambulantes sobre la Ribera de San Cosme, pero con una maravillosa vista de Paseo de la Reforma mientras la cruzo sobre Insurgentes, y con una sonrisa enorme de David Alfaro Siqueiros, cuando me guiña el ojo al pasar frente al Poliforum.
Hace ya un mes que me regalaron flores. Hace un mes ya que las puse en un florero de vidrio, en mi mesa de trabajo, y puedo asegurar que no han querido marchitarse.
Me marée un poco, de pronto fue asumir muchas responsabilidades de golpe, saberme oficialmente historiadora que busca un conocimiento para ser mejores. Me marée un poco, abrí una coca-cola light, y aún cuando mis amigos me invitaron a visitarlos para comer con ellos, decidí regresar a casa. Tengo un poco de sueño, todavía tengo mucho qué hacer.
Estoy feliz. Y en esta ocasión me faltan palabras para describir la sensación de tranquilidad y emoción que invade mi cuerpo.
5 comentarios:
Me gustó la entrada, llena de satisfacciones. Qué gusto, Mariposa! Que todo siga así por mucho tiempo.
Continua creyendo! (:
Dejo besos y abrazos.
Esas flores son la primavera y es dificil que marchiten. Me encata esta cancion de Ther Beatles, en voz de George Harrison.
Besos
Mariposa!!!!
Qué lindo estado el del amor... Tus rutas por la ciudad son tan cercanas a las mías, que seguro en más de una ocasión vemos enamoradamente el mismo cielo enamorado en la misma mañana...
Un abrazo, querida!
simplemente increible.. me encanto este. todo es muy poetico. me hizo sonreir. buena suerte mariposa.
Que alegria leerte así...
"you can't hold back the spring" (o algo asi) has escuchado esa canción? creo que quedaría bien para musicalizar tu post. =0P
Anduve de vacaciones amiguis, pero ya regresé.
Un besote!!!
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