martes, 8 de septiembre de 2009

Don't forget

Expect the best, be prepared for the worst, fuck what others think and do your own thing.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Gran piropo

La mejor distancia es la mayor.

Y confieso que algunas veces sueño con que vienen a arrancarme el vestido. Con lo que me dan ganas de que vengas para acá, a sacarme todo lo que tengo encima, la ropa, la piel y los tacones con todo y medias. La distancia no ayuda, o quizá sí y las cosas tienen que ser tal cual son. Yo ya dejé de renegar del destino, nada nos asegura que si ahorita estuviéramos juntos las cosas serían diferentes. Los años no pasan en balde, y quizá la foto del mensajero no ayuda para refrescarte la memoria.

Pasaron muchos inviernos, veranos para ti, kilos para mí, ausencias en tu país. Y hoy que miras mi fotografía y yo miro la tuya, confiesas que lo primero que te vino a la mente fue que te hubiera encantado quitarme el vestido corto color blanco, que uso con mis botas color piel. Ni los viajes relámpago nos sacarían de este apuro. Ni siquiera sería apuro, si estuvieras acá otra vez. Los kilómetros que nos separan supongo que están bien, no creí que quisieras quitarme ese vestido, pero lo comenzaré a creer.

Gran piropo. Por eso te quiero tanto, por estos detalles siento mucho que no te hubieras venido conmigo. Hacía mucho tiempo que no me decían un piropo tan convincente, por estas pequeñas cosas es que fuimos lo que fuimos. Gracias por empezarme la semana con el pie derecho. Okey es oficial, todavía conservo el charme.

domingo, 6 de septiembre de 2009

En Insurgentes y Eje 6

Empecé escribiendo estas líneas con mucho empeño y de una manera diferente, pero finalmente no ha habido motivo para hablar de los encuentros que tuve en Insurgentes y Eje 6. A veces me canso de afirmar que la gente no cambia, que los chicos tóxicos, tóxicos serán hasta el final de los tiempos, que las chicas que nos tienen envidia no dejarán de demostrarlo, y que si de uno no depende nunca nada cambiará.

La Ciudad me dejó encontrarme con él, y no permitirá que tengamos otro encuentro. Tenía tan revueltas las ideas ayer en la noche, que no estuve segura de si lo que quería era llorar o reír, ya hace algunos días que la ansiedad me ha sorprendido con ganas de vomitar, y supongo también tiene que ver que la persona se tarde en definir conmigo y me contagie su nerviosismo.

Respondí el último correo electrónico que me envió a las 10:20 horas, veinte minutos después yo iba camino a la Fuente de Petróleos. Luego de las citas que tuve en Reforma y Gandhi, salí despavorida hacia la calle de Córdoba en la colonia Roma. Me fui hacia Insurgentes, en Reforma222 me bajé del autobús, atravesé el centro comercial para salir a la estación Hamburgo del Metrobús y de ahí caminé y caminé hasta atravesar Avenida Chapultepec y llegar a Córdoba 32.

Al salir de allí caminé hacia la calle Durango, y luego derechito a Insurgentes. Atravesé el parque de la fuente del David, y en Durango y Jalapa me detuve a comprar un licuado de papaya y una empanada de atún en la panería de la esquina. Continué caminando hasta la estación Durango del Metrobús y lo abordé dirección Indios Verdes, para bajarme en la estación Hamburgo. Caminé Reforma para ir de regreso hacia el Auditorio Nacional para por fin encontrarme con él, pero me llamó para pedirme que fuera como la vez anterior, hacia Insurgentes y Eje 6. La línea 7 del Metro fue la mejor opción, porque sólo son cuatro estaciones en dirección Barranca del Muerto.

Y en este momento no sé de qué encuentro valdría más la pena escribir. Quizá del primero, porque una vez que sucede corro el riesgo de que pierda la cuenta de los encuentros que he tenido. Después fuimos de regreso a la Glorieta de Insurgentes, justo donde anduve en la mañana, atravesando Avenida Chapultepec. Hasta recordarlo me da un poco de flojera, pero como le dije a Jazmín, un intento más y ya no vuelvo a apostar.

Y los días han pasado, y su tiempo se ha terminado, y las cosas así son. Es evidente que el chico es casado, aún cuando se niega a afirmarlo. El estado civil de un chico hasta se puede oler. Para los chicos tóxicos lo más sencillo es suponer que uno es débil mental o que vamos a caer por simples ganas. Se necesita más que eso para que yo ponga atención. Quizá lo que más me molesta es el intento de verme la cara, cuando es evidente que no me la van a ver.

A veces sería más sencillo si supieran que el mismo error no lo cometo dos veces.

Los domingos sirven para muchas cosas, para reponerse del desvelo de ayer, para ver lo que faltaba de la serie de tv, para cocinar con mi madre como si toda la vida hubiera sido así, para lavar la ropa. Este domingo sirvió para borrarlo del móvil, del correo electrónico, para borrar de mis pies los pasos di para encontrarlo esta semana, un par de veces, en la colonia Del Valle. No hay medias tintas, lo he dicho muchas veces, los tacones te matan las pantorrillas o te ves horrible con zapatos bajos, o viceversa. Y cuando dije que me perdería al dejarme plantada, debió estar seguro de que así sería.

La Ciudad es mi mejor aliada, me cuida procurándome o negándome los encuentros que tienen la intención de suceder.

Y las malditas mentiras nunca tienen lugar, no caben, no van conmigo. El sol no se puede tapar con el puto dedo, eso hasta yo lo sé.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Okey es oficial, somos amigos

Fue después del cinco de julio pasado, justo cuando fueron las elecciones intermedias, que comencé a comunicarme con él por el correo electrónico. El asunto del correo era "votaste en blanco?", y pronto le respondí y comenzamos a tener una conversación en correspondencia.

Nos conocimos hace poco más de un año, si mal no recuerdo, en un evento sobre la Historia de la Radio en México. El chico fue conferencista, y yo espectadora. Al finalizar la mesa redonda, me acerqué a presentarme y a intercambiar correos electrónicos. En todo el transcurso del año, nos habremos escrito unas tres veces. Y hace dos meses reavivamos el contacto.

Hemos escrito de política, de nuestras profesiones, del trabajo que yo tenía, de las investigaciones de él. Y poco a poco hemos comenzado a escribir sobre nuestra vida privada o nuestras decisiones personales.

Todos los lunes, o los domigos por la noche, nos enviamos los respectivos buenos deseos para los días venideros de cada uno. A mitad de la semana conversamos sobre cómo van los días, el clima, nuestros lugares, y es fascinante cuando intercambiamos las impresiones de la Ciudad, y como la vemos cada uno desde nuestros contextos.

Este finde el tema fue mi cumpleaños, el mole con arroz y el moretón que tengo en el pie izquierdo gracias al pisotón que me dieron en la pista de baile el viernes por la noche. El chico cree que la uña se me desprenderá del dedo debido al golpe, pero en el fondo no desea que eso me suceda. Le gusta el mole rojo o verde indistintamente, cuando yo prefiero mil veces el rojo. Y cuando le dije que soy buena en la cocina y que la comida me sale muy bien, me escribió que seguramente las cosas van bien en mi vida por eso, por que sé cocinar y que eso era todo, que ya me lo había ganado como amigo y que por favor después le cuente más sobre los guisos que sé cocinar.

Qué felicidad me trajo su último correo electrónico. Oficialmente tengo otro amigo, lo que me hace setirme muy afortunada aunque sea por correo electrónico. No estoy segura en qué zona de la Ciudad vive, ni si nos concederá vernos otra vez en alguna de sus plazas, facultades o ejes viales.

No estoy segura de su edad ni del proyecto en el que trabaja actualmente. Sé su nombre completo, conozco sus primeras obras, sus trabajos sobre la Radio, su visión de la Historia de mi país y su pluma de escritor. Ah, y que firma diciendo "qué viva el mole rojo o verde". Ya está, ¿necesito algo más? Me basta que la vida me haya dado este regalo, ¡tengo un amiguis más!

miércoles, 2 de septiembre de 2009

"I'm fed up!", Borrego Viudo y la última reconciliación

La noche que se perdió en mi memoria sucedió hace mucho tiempo, cuando pensé que el amor entre el soltero tóxico y yo se podía salvar, y vino a buscarme para hablar, para decirme que todavía me quería y que no podíamos vivir sin vernos.

Yo me recuperaba de la difícil enfermedad de mis piernas, la misma que me ha hecho usar liguero con medias todos los días, y justo me acababa de comprar las botas de agua que ahora me gusta tanto calzar; ese día se lo pasó lloviendo muchísimo y yo no paraba de escribir ni de escuchar a Alizée.

Era sábado, y yo pasaba el tiempo sola como siempre, como ahora, la diferencia era que el hueco de mi corazón se había vuelto perenne, y yo estaba más sola que nunca, porque supuestamente el chico estaba conmigo pero el abismo cada día se hacía más grande entre nosotros dos. Un día ese abismo no pudo cruzarse más. Y mientras, mi convalecencia detrás del cristal en donde la lluvia golpeaba y se escurría, me hacía tener esperanzas, estirar al amor y escuchar a Alizée.

La canción I'm not twenty! me hizo llamarle al móvil, se salió del restaurante en el que trabajaba, y vino a mi casa. Preparé el bolso, mis zapatillas converse de corazones rojos, y mis levi's. Mi madre sólo nos deseó felicidad y amor, ¿qué más podía hacer? Bebimos una cerveza en el auto, luego decidimos entrar al bar de la esquina de la Facultad. Nunca habíamos ido allí, y lo pasamos de maravilla. Hubo música en vivo, bailamos muchísimo, yo fumé todos los marlboro que quise, cantamos, brindamos hasta perder la cuenta, lloré de amor, lloré de esperanza. Y al final nos pusieron I'm fed up! de Alizée.

Salimos cerca de las tres de la mañana, y lo lógico hubiera sido que volviéramos a mi casa porque estábamos a cinco minutos, pero en vez de eso, manejó directamente todo Periférico Sur hasta Viaducto, lo tomó para salir en Revolución y entramos a los tacos del Borrego Viudo para cenar. Siempre lo hacíamos así, salvo cuando cambió de domicilio y se fue a vivir frente al Estadio Azteca. Cenamos viuditos y continuamos el camino hacia su departamento.

No puedo escribir lo que pasó el resto de la noche, porque en realidad no pasó nada. Dormí, desfilé en ropa interior, lo de siempre, lo de nunca. Él durmió, se abrazó a mi cintura, desfiló su corazón frente a mi, lo de nunca.

La mañana siguiente se nos fue en desayunar, fuimos por barbacoa no me puedo acordar a qué lugar; volvimos a mi casa mirando Periférico pero de regreso, como siempre, como nunca debió ser. Mi madre lo supo desde que nos vio entrar al salón, había habido reconciliación, por eso volvíamos hasta el día siguiente, por eso la borrachera, por eso la cena de madrugada y el desvelo del día siguiente. Por eso el amor, que obligábamos que sucediera, que no se fuera, que no me hiciera sentir más sola de lo que ya estaba.

Y no duró más. Fue un domingo magnífico, de los primeros que empecé a odiar. El amor no nos duró ni para el miércoles, pero puedo ponerme la mano en el pecho para decir que lo intenté, no esa vez sino muchísimas más. Hoy la película Un buen año me gritó que debía escuchar a Alizée, y las microbocinas me gritaron que cantara a todo pulmón la canción que me hizo echar toda la carne al asador.

Los meses siguientes a esa frustrada reconciliación los pasé bajó una neblina gris, que no supo cuando se volvió lluvia otra vez, que al empaparme me refrescó el corazón. Muchas lágrimas se mezclaron con esas gotitas, caprichosas y sencillas. Lluvia que ahora no quiere volver, ni a mi Ciudad ni a mi corazón.

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Le guste o no.

Llegó el momento en mi vida de soltera, en que efectivamente soy la única chica soltera. Mis amigas tienen pareja. Mis amigos tienen pareja. Hoy me insinuaron que soy un peligro para los matrimonios de mis amigos, que al seguir la amistad con él, lo presiono y que efectivamente el que yo sea soltera y que no pretenda nada más conmigo, es lo que hace que su matrimonio peligre.

Maldita la hora en la que acepté salir a tomar ese café. Lo peor de la situación es que quien insinuó que soy un peligro es una amiga de mi madre, y para acabarla de regar toda, mi madre le hizo segunda en el comentario. ¿Acaso tengo escrito en la frente la palabra "promiscua"? Pues que me avisen, porque yo no me he dado cuenta. ¿No es obvio que la base de mi amistad es el respeto que nos tenemos el uno con el otro? ¿Por qué la amistad entre hombre y mujer se malinterpreta y se cree que las mujeres solteras somos unas rompematrimonios?

Todavía traigo un nudo en la garganta. Voy a ir a comer con mi mejor amigo, le guste a quien le guste o aunque no le parezca a la Sra. Téllez. Es tristísimo que las mujeres -de la edad que sea- nos metamos el pie unas a otras.

Y si sencillamente, yo decidiera que es mejor seguir como estoy a aventarme un matrimonio o una relación que no valdrá la pena, ¿mi madre y sus almas gemelas me dejarían de criticar?

Y resulta que creen que la puta Ciudad necesita una limpia, y a mi me fascina tal como es.

martes, 1 de septiembre de 2009

JURAMENTO DE AUTOESTIMA

Venga, reconócelo Mariposa Tecknicolor, sin contar con tu hombre ideal, eres lo mejor que hay en la tierra. Es verdad que a veces te deprimes y no quieres hacer nada porque piensas que nada vale la pena, pero también hay que reconocer que el resto de las veces eres muy optimista, perfeccionista y dedicada. Nadie sabe hacer investigación histórica como tu. Si ya lo dice tu madre: eres la mejor historiadora del mundo. Por eso, a partir de hoy vas a dejar de torturarte por no tener el empleo de tus sueños y comenzarás a quererte por ser responsable, inteligente y constante. Y si alguien llega y te dice que eres una persona equivocada, dile que puede largarse a un sitio maloliente.