lunes, 15 de septiembre de 2008

La moneda cae siempre como tiene que caer

Si desde el principio me di cuenta que el hombre era un loco... qué va, debí seguir mis instintos. El ranking de solteros tóxicos va en aumento. Me muero de risa de que estas cosas todavía sucedan. De cierto modo creo que es bueno, porque cuando esto se acabe, querrá decir que también la magia desaparecerá. Acá lo que cuenta es la sinceridad: esos solteros tóxicos todavía tienen una función, la de hacernos reír y gritarle al mundo que estamos vivas.

Malo sería, si esos fueran los hombres para toda la vida. Entonces sí comenzaría a preocuparme y gritaría otra vez "bienvenida ansiedad".

Lo bueno de estos encuentros citadinos, es que todavía se puede dar marcha atrás.
La ciudad es noble, ella también envejece. Y muchas veces, se siente como me siento yo: rodeada de multitudes, llena de mar de gente, y completamente sola.

Nada que se cruce, cambiará mi rumbo.
...si bajaba, sube y cambia tu mundo. Ver para creer. Los años todavía no se me vienen encima pero hoy siento que el tiempo ya me alcanzó.

domingo, 14 de septiembre de 2008

Y después del amor, nunca nada es igual

(de cualquier manera, el domingo fue benévolo conmigo).

Y si. Debo aceptar que estoy sorprendida porque no me ha vuelto la ansiedad. Tampoco siento un hueco en el pecho y el frío sólo me visita en las madrugadas. Y eso que ayer estuve a punto de llamarte por teléfono, pero me contuve. Tenía dos opciones: llamarte a ti o llamarle a tu madre. Ninguna de las dos es viable. Afortunadamente mi memoria no me traicionó, y pude recordar que trabajas de noche (o trabajabas, hasta donde yo supe).

He vivido muy rápido, ahora sé que para todos las cosas han sido así, hay quienes lo han sentido como un huracán y aún así, todos seguimos adelante.

Puede ser que ya no tenga tanto tiempo libre como antes. Ahora hasta pienso dos veces lo que tengo que pensar. Y también he aprendido que no debo pensar tanto lo que tengo que escribir. Y mi sorpresa viene porque las presencias han sido también fugaces, pero esta vez, no me he sentido del todo sola.

Sigo creyendo que los domingos son nocivos (hasta ahora). Sin embargo, también debo aceptar que hoy fue un domingo singular. El concierto de sinfónica estuvo excelente. Me hizo llorar varias veces, pero de emoción. El hueco del pecho se me llenó de alegría, por unas horas dejó de existir.

Eso también me gusta. Ya me curé de música clásica, de conciertos de sinfónica y de Ciudad Universitaria. Probablemente sería bueno que estuvieras leyendo esto, así tal vez me podrías decir si ya te curaste tu también. Pero qué va, en el fondo creo que tu nunca estuviste enfermo. A mi, muchas veces, me enferma el amor. Es muy cierto, después del amor nunca nada es igual.

He pasado más tiempo con mi familia y con mis amigos. Espero que se note que me he esforzado por que el domingo sea un día diferente. El ritual comienza desde el sábado por la tarde, cuando mentalizo que el día siguiente tiene que ser diferente. La noche, por sí sola, es mi amiga. Bendita noche, ¡me olvidé de todo ayer!

Todo empieza siempre una vez más.

viernes, 12 de septiembre de 2008

Ok, perdón

Yo no quise lastimarte
solamente te dije que no
no estaras acostumbrada
a sentirte rechazada
ok, perdón fue sin querer
yo no quise lastimarte
y llegó el momento de correr
hay que salvar el alma
pero con calma vas a poder

¿dónde lloran las gaviotas?
vamos juntos a llorar
no te preocupes, no se te nota
que no sabés encajar
supongo que dolió un poco
si fué la primera vez
pero hay que ser fuerte
contra la corriente también
cuantas veces me dijeron que no
a mí y sobreviví
dame la mano y vení
que te enseño a perder

¿Por qué? ¿Por qué? te pusiste así
la próxima vez, te digo que si
igual somos amigos
porque para enemigos hay un monton de gente.

No nos hagamos, sabías que diría que no.
(risas)

jueves, 11 de septiembre de 2008

A otra cosa mariposa

No todo lo que es oro brilla o no todo lo que brilla es oro. Digámosle como queramos. No se puede tener todo en la vida y... no se puede vivir del amor. Las sorpresas de todo tipo se hacen presentes.
Como ya lo platiqué, muchas personas han llegado a mi vida, pero desafortunadamente hoy tengo que escribir que una, que me duele mucho, se ha ido para siempre. Las lecciones que la vida me ha mandado -así como los buenos ratos- me han hecho reflexionar mucho. Ahora pienso que tal vez debería quedarme como estoy y dejar de buscar cosas que no vienen al caso. Mi carnala dice que en mí ha habido un progreso y una evolución severa, ahora me arriesgo más y le dedico más tiempo a otras cosas. El gurú dice "Tienes dudas sobre darle prioridad a tu carrera o a tu pareja, y te cuesta demasiado esfuerzo tomar decisiones difíciles. Estáis llena de optimismo pero sois inconstante". ¿Qué se hace, pues, en estos casos?
(Descansa en paz, querida amiga).

Quizá deba dejar las cosas como están. Mi familia, como sea, siempre ha estado conmigo. Tengo amigos, diversión no me falta. Las ausencias son las que a veces me matan.

Por otro lado, los encuentros con viejos conocidos me han dado tanta alegría como los encuentros con gente reciente. El gato no deja de acompañarme y todo se vuelve a acomodar. Una vez más, mi carnala me ha dicho que es bueno que tenga amistades con esos viejos conocidos; este hombre solía bautizarme -pero nunca me cambió el nombre- y también solía quererme mucho. Aunque nuestros caminos se hayan bifurcado, de alguna manera se vuelven a juntar. Tengo ganas de verlo. Quiero que me vea como creo que no me ha visto: bien. (Quizá ya no quiero tener un amante, ¿me oíste?) Ya no quiero que me vea como si tuviera que venir a arreglarme. Una vez más se comprueba que he tenido mucho progreso. Cinco (benditos) años no pasaron en balde.

Sólo placer vs amor divino
(o de cómo aprender a tener sólo sexo cuando se está acostumbrado a hacer el amor).
"No lo eches a perder enamorándote". El mensaje que recibió fue contundente. Puede ser que P no supiera lo que R estaba haciendo. O, por el contrario, lo entendía perfectamente, mucho mejor de lo que lo R pudiera imaginar.
Había mucha diversión, sin embargo, a pesar de que ambos (R y U) hablaban castellano parecían no entenderse. Aun cuando habían superado la distancia geográfica, muchos kilómetros -intelectuales y culturales- los separaban. Y aunque es bien sabido que todas las cosas suceden por una razón, esta vez no puedo entender por qué se encontraron.
R es una chica a quien la vida la ha tratado mejor de lo que ella misma pudiera imaginarse. Nosotros, que lo vemos desde afuera, nos damos cuenta de que ha tenido muchos motivos para ser feliz; tan es así, que ella siempre estuvo acostumbrada a hacer el amor, hasta que U apareció. Lo que pienso de repente es que quizá R no ha tenido la voluntad para decidir ser feliz.

U es un hombre que viene del antiguo continente. La historia que trae a cuestas nos puede parecer inverosímil junto al drama cotidiano que vivimos en la Ciudad. Debería ser su deber entender que no es cualquier cosa estar acostumbrados al ritmo de la ciudad más surreal del mundo: donde una mayonesa te da los buenos días en el almacén, y un payaso limpia los pisos del taller automotriz. No se puede. (Tampoco se puede vivir del amor; digo yo, dice Andrés).

U cree que el físico todo lo puede. R asegura que es lo interior lo que rige al mundo. Y en contra de todos los pronósticos, R y U se han acoplado y lo pasan bien.
R ya no tiene esas ganas incontrolables de hacer el amor, que también implica ceder y atender. Ella ha aprendido a disfrutar y a decir que sí o que no sin que le cause conflicto. U sabe ella es lo más parecido a su hogar, quizá por eso se esfueza en no dejarla ir y en hacerle el amor.
Ahora llueve. Él le dice que quiere estar con ella. Ella tiene que dormir.
En otros años, yo le diría "a otra cosa mariposa", pero es ella la que lo tiene que decidir. Yo pienso que no se puede tener todo en la vida, más bien tenemos que acoplarnos a las cosas que lleguen.

Que los planes se vuelvan proyectos, y que éstos se lleven a cabo. La vida puede ser lo que sucede mientras la historia se escribe. La historia sucede sin que muchas veces la vida continúe. Si yo me ciño a mi proyecto quizá todo salga bien. Si R sabe lo que hace, que más da, todo le saldrá bien.

Ahora resulta que U tiene otras mujeres. ¿Por qué entonces no la deja ir?
Según el escritor, este manuscrito no debe ser publicado hasta que esté completamente tenso, porque sólo así podría ser perfectamente legible. Si yo me acatara a ese consejo, no terminaría nunca porque no lo dejaría de releer y no lo dejaría de corregir. Más me vale entonces darle punto final. (Más me vale también, darle conclusión a mi radionacional).

¿Me escribes una carta de amor?
Digamos que Suárez quiere que le escriba una carta de amor. ¿Cómo explicar entonces, que dos personas pueden ser complemento aunque ellas mismas no crean en ello? Irónicamente el amor se ha hecho presente. Francamente, ese amor será el complemento que ellos no están buscando.

El futuro, del efímero presente al que me refiero, pudiera ser un desastre. En este momento estoy pensando que los complementos no son siempre los mismos: vida y muerte, ying y yang, blanco y negro, día y noche... (sexo y amor, mejor imposible).
Es más, ¿qué tal si Suárez lo único que quiere es compañía y yo me lo estoy tomando a la tremenda? Más me vale, en ese caso, escribir la mentada carta de amor. Total, no sería la primera vez que me pusiera a escribir por compasión.
(Ahora, de pronto, no sé si deba conservar el amante. ¿Me escuchaste?)

Buenas noches Gato azul, Mandarina, chico Villegas, Suárez, Luna sistemas y Ojos verdes. Disfruta la noche, siente la lluvia y vive. Ya no estamos acá para hacer otra cosa.
¿Amor? Dime pues que lo sientes. Tal vez ahora sí pueda pagarte la utópica comida que en otro pasado no pude.

lunes, 8 de septiembre de 2008

JURAMENTO DE AUTOESTIMA

Venga, reconócelo Mariposa Tecknicolor, sin contar con tu hombre ideal, eres lo mejor que hay en la tierra. Es verdad que a veces te deprimes y no quieres hacer nada porque todo te da flojera, pero también hay que reconocer que el resto de las veces eres muy optimista, perfeccionista y dedicada. Nadie sabe hacer investigación histórica como tu. Si ya lo dice tu madre: eres la mejor historiadora del mundo. Por eso, a partir de hoy vas a dejar de torturarte por no tener pareja y comenzarás a quererte por ser responsable, persistente e inteligente. Y si alguien llega y te dice que eres una persona equivocada, dile que puede coger y largarse a la fregada.

domingo, 7 de septiembre de 2008

Hoy le sonreí al día de ayer

(pero le seguiré sacando la lengua al domingo)

El día fue lindo. Ayer fue mejor.

La resaca que me recordó que el viernes fue uno de los días más divertidos de los últimos meses, por fin desapareció casi a las 19 horas del sábado. Gracias pues que existen las aspirinas.
En mi cabeza, sólo rondaba la idea de ponerme a escribir como enajenada para poder tener la entrega lista el día 17. De cualquier forma, no había mucho que pensar. Tenía resaca y esas personas son medio raras. Pareciera que viven una pésima película mexicana. Más me valía quedarme sentadita en el sillón hasta que la reunión terminara.
Mi móvil sonó y corrí a responder creyendo que me llamaba otra persona. El chico de los ojos verdes me buscó porque tenía varios problemas: me extrañaba, se iba de viaje y quería despedirse de mi y no sabía usar el lava ropa. Estallé en carcajadas. Le dije que por eso me encanta, por simple y por directo. Él me pidió que no fuera mala con él y que le ayudara a lavar su ropa. Quedamos pues para las 20 horas. El segundo encuentro se llevó de calle al primero.
Comenzó a llover como si la Ciudad no quisiera que nos encontráramos. Afortunadamente tomé un taxi cuyo chofer me hizo una plática muy amena. Los que se pusieron difíciles fueron los policías del lugar. Cuando por fin pude llegar a la torre Milán, el destino me regaló una buena jugada: los ojos verdes me esperaban al abrirse las puertas del elevador. Me dijo entonces que había un problema más: se sentía mal y necesitaba que alguien le pusiera un poco de atención. Así que, además de acudir a poner una carga en la lavadora, le hice de doctora a domicilio y le curé el brazo derecho. Él se puso feliz y se esmeró sobremanera cuando me dio las gracias. La noche transcurrió como siempre: con fútbol y galletitas ritz, esta vez también hubo avena con leche y pomada para dolor muscular. También hubo conversación, cariño y lo más importante: hubo sinceridad.

El destino se ha puesto de mi lado y la vida me ha dado muchos regalos. Conocer a una persona de esta manera es algo que ya me merecía desde hace tiempo, bastaba con que tuviera paciencia; pero como se dice, sólo el historiador sabe el futuro del pasado. Y en este caso yo no fungí como historiadora, sino como personaje. Yo no sabía qué era lo que iba a suceder.
Si hace dos meses yo hubiera sabido que iba a vivir esta historia, no me hubiera preocupado tanto y le hubiera sido indiferente a la ansiedad. La vida ha sido buena conmigo.
Existen muchos factores que hacen que esta historia se escriba. Ser un extranjero en una Ciudad desconocida no debe ser cosa fácil. Nuestros encuentros han ido de acuerdo a la circunstancia personal de cada uno de nosotros. Me he portado bien y él ha estado dispuesto a entregarse.
Lo pasé muy bien, me reí muchísimo y, aunque fuera por unas horas, me sentí feliz.
Puede que el chico regrese a la Ciudad o puede ser que se quede en la playa. Tal vez no nos volvamos a ver. Tal vez vivamos juntos para siempre. El futuro de este presente y de nuestro pasado, todavía no lo sé.
Él asegura que no se irá del país. Dice que acá está feliz, tiene trabajo y está encantado de haberme conocido. El futuro en mi país, del pasado en el suyo, ya lo conozco. Ahora quisiera poder investigar el futuro que tenemos en común.

Histérica histórica vs los domingos.
El futuro del día de Mariposa Tecknicolor con el chico de los ojos verdes ya lo vivimos. Lo pasó caminando por la Ciudad y organizando las ideas que trajo en su cabeza.
Mariposa Tecknicolor tiene una cómplice. Esta compañera también está en contra de los domingos y ahora le ayuda a llevar una campaña contra ellos. Esta chica también sabe trabajar con las manos: Mariposa le enseñara que con ellas también se escribe y juntas trabajarán para un fin común.
Ahora saben que los domingos pueden engañarse. Están dispuestas a vivirlos como si fueran cualquier día de la semana para confundirlos. Ellas le harán la vida pesada al domingo y se burlarán de él.
Al fin y al cabo, son sólo veinticuatro horas que se pasan en un respiro. Mariposa Tecknicolor está contenta porque ya tiene una compañera.

Abajo los domingos, arriba las amistades duraderas.
Abajo los domingos, arriba los besos en los labios.
Abajo los domingos, arriba los encuentros citadinos.

(Abajo tu, arriba yo. Si quieres podemos compartirlo).

viernes, 5 de septiembre de 2008

Palabras rosas

Los ultimátums llegan cuando menos uno los espera. Hay veces en las que el tiempo se me pasa como si estuviera dormida; así, todo lo veo como si lo soñara.

Afortunadamente, las motivaciones han llegado a mi vida en el momento preciso. He hecho nuevas amistades, he conocido personas, lo he pasado bien. No puedo quejarme. Desafortunadamente el tiempo siempre me apremia.

La historia a la que me he dedicado durante los últimos dos años y medio tiene que concluirse en menos de quince días, todavía no sé verdaderamente cómo debe terminar. Me sé el final pero no quiero que se acabe.

¿Cómo concluir cuando en este justo momento me fluyen las palabras rosas?
La lectura amena, como las charlas, me han llegado periódicamente. Me he sentido bien (o no me he sentido tan mal) y continúo escribiendo palabras rosas; en el fondo creo que es lo que sé hacer mejor.
Las palabras rosas son aquellas que sobresalen en mi texto. Las que pongo en color diferente para que sean leídas de modo alterno, en paralelo. Siempre me han gustado las líneas paralelas y continuamente me valgo de ellas para construir mis ideas.
Bajo otros parámetros, las palabras rosas serían el contexto o los lugares sociales de enunciación de las mismas ideas o de los hechos. Las palabras rosas pueden ser también, desde otro punto de vista, el complemento sentimental de la idea.

Últimamente, estas palabras rosas se han convertido en la columna vertebral de mi construcción del conocimiento. He dejado de tenerle miedo a la página en blanco. Las palabras rosas equilibran los colores en mi escrito.

Mi historia no está hecha propiamente de palabras rosas. Mi historia es diferente. Las palabras rosas son para mi y mi escrito es para mi lector. A través de las palabras rosas, me he dado cuenta de que puedo construir el conocimiento que me permite enamorar a las personas. Me fascina poder llevar a cabo mi tarea con el amor de bandera. Bendito amor. Queridas palabras rosas.

Las Fantasías en carrusel fueron cambiadas por Los orígenes del nacionalismo mexicano y eso me puso triste. Pita Amor está guardada junto a J.K. Rowling. Cristina Rivera Garza me sigue esperando en casa de Rosalía. Ellas también me están esperando. Ellas también están esperando que la construcción de este conocimiento termine.
Debo ser muy lista. Debo canalizar mi entusiasmo por las palabras rosas para un fin distinto. Siempre pienso en mi lector y también pienso en las personas que estoy segura de que me leerán. Pero absolutamente no soy como aquel que les platiqué, el que tenía pegadas las fotos de Cortázar, García Márquez, Borjes y Paz frente a su escritorio: lejos de inspirarlo, le intimidaban y a mi me molestaba en absoluto que me observaran mientras me quitaba la ropa. No puedo dormir mientras otra persona observa. Que ganas tenía este hombre de hacerse la vida pesada (suficiente tengo yo con los domingos).

Yo pienso en Fito Páez, en mi madre, en Itzamar, en Vicky, en Mauricio, en David... Pienso en quienes estoy segura me leerán y me darán comentarios y me pedirán explicaciones. Pienso en los que me aman y en los que -algunas veces- no me entienden. Pienso en los que no me dejarán de querer. También en los que siempre me acompañan. A veces las palabras rosas están escritas pensando en ellos.
Las palabras rosas no tienen que ser siempre leídas.

Las palabras rosas se quedan acá.
Las fechas pasan y pasan por mi cabeza como rollo de película. Día 17, día 22, día 26. Bendito Septiembre. Tres escritos, tres interpretaciones, tres.

Tres fechas y un millón de domingos.