lunes, 18 de mayo de 2009

La Ciudad necesita una limpia

Se llevaron el colectivo en el que venía. Nos bajaron a todos los pasajeros y "secuestraron" -por así decirlo- al chofer, los cacharpos y se llevaron el vehículo.

Maldita sea. Y yo que me jactaba de que nunca me había pasado nada feo en la Ciudad. Ya venía para mi casa del Metro Cuatro Caminos y ¡órale! Que me cae la de malas.

De los males el menor, y lo bueno de esto es que no me pasó nada. Tengo algo de mieditis todavía. Ahora sí necesito el coche. Algunas veces no son horas para tomar el cole en Cuatro Caminos. No pretendo que me de la paranoia, pero sí me preocupo de que me pasen estas cosas.

domingo, 17 de mayo de 2009

Cotidiana 5

Y si, le volví a sacar la lengua a los domingos.

No te lleves otra imagen mía. La gente tiende a pre juzgarme por el simple hecho de ser historiadora. La mayoría de las veces, prefiero que hablemos de otra cosa; del diario, de la radio, de los viajes y las anécdotas. No me gusta mucho hablar de Historia cuando recién conozco a alguien.

Hubiera querido saber más de ti, pero no me atreví a preguntar. Hubiera querido no haber hecho sentir mal a la chica, pero no puse suficiente atención. Hubiera querido que tu mano no soltara la mía nunca, aún cuando ambas tenían que tomar la palanca de velocidades de tu coche. Hubiera querido que la noche durara hasta el día siguiente.

Hoy envié por primera vez un oportuno que llegó de las agencias de noticias. Estoy aprendiendo el oficio completo. El oportuno fue muy importante, pero no pude evitar sentir un hueco en el pecho y comenzar a llorar; el oportuno era de que había muerto Mario Benedetti.

De todo lo que he leído de él, sus Cotidianas siempre me pusieron bien. La Cotidiana 5 me la sabía de memoria. En esos años, cuando más lo leí, me hacía muchísima falta hablar con Mauricio y seguí refugiándome con el Rey Sol. Cargaba los libros cotidianos en el bolso, dormía casi todo el día y mi pelo era una maraña enorme. Debuté como paciente de TOC con un toquesito de TA. Mis padres no lo supieron, pero Mauricio me exigió que se lo contara a alguien de mucha confianza, ése fue el Rey Sol y unos meses más tarde, se lo conté a mi hermano.

Entre Mauricio, el Rey Sol y Benedetti me regresaron las ganas de comer, de escribir y dejé de dormir.

Hoy el mundo perdió un poco de brillo. Hoy saqué el maxi abrigo y me envolví el cuello en una pañoleta con todo el final de mi pelo. Hoy tuve frío. El camino de regreso en Metrobús no estuvo tan mal. Tomé café, fumé, caminé la Ribera de San Cosme. Tenté un poquito al destino, pero no te volví a ver.

El domingo y yo no tenemos remedio. Aún cuando se ha vuelto uno de los días más productivos de la semana, me sigue constando trabajo caminar bajo el cielo de la Ciudad si es domingo. Algunas veces no sé por donde empezar de todas las cosas que han pasado en mi Ciudad y en la vidita paralela que tengo con ella.

Los domingos me siguen poniendo nostálgica y algunas veces -como hoy- me hacen sentir la mujer más sola del planeta.

Hubiera pedido tu número de teléfono. Te hubiera dado el mío. Por lo menos sabemos dónde vivimos cada quién.

Sigo pensando en ti y no sé cómo llamarte; no sé cómo referirme a ti y no puedo dejar de pensar en los vellitos de tu brazo derecho. Maldita sea. Bendita la Ciudad. No puedo recordar cuándo fue la última noche que fui tan feliz, no lo tengo registrado en la memoria. Las seis horas que conversamos me parecieron veinte minutos. No sé cuando te volveré a ver, y tampoco me consta que será pronto.

Te hubiera preguntado tu apellido. Ayer que me tomé un café con la chica, ella me lo dijo. Y me dijo otras cosas. Y yo le dije que el corazón me late fuertísimo cuando pienso en ti, y se me va el aire, y comienzo a sudar, y las mariposas me brincan en la panza y se me suben al pelo. Y comienzo a cantar y me pongo feliz y entonces es cuando la inspiración me brota por los poros de la piel y comienzo a escribir las cuartillas que faltan de mi capítulo pendiente.

Ella me dijo que nuestra química salía a borbotones. Y yo le confesé que justo cuando al día siguiente, vi la barra de chocolate dentro de mi bolso, la inspiración comenzó a brotarme por los poros de la piel.

Y sería maravilloso. Y también lo llevaré bien. Me doy por bien servida, pero también voy a tener fe. Y estoy segura de que te volveré a ver.

De todas las cosas que quisiera platicar contigo, te comparto de primera vez mi Cotidiana 5.

COTIDIANA 5
Mario Benedetti

Hay un día en que se nace
a la gloria y a la suerte
a la suerte y a la muerte
hay un día en que se nace

y en penumbra tan temprana
que no duele ni se nombra
la luz muere con la sombra
de la vida cotidiana

hay un sol que da sentido
a la gloria y a la suerte
a la suerte y a al muerte
hay un sol que da sentido

y en mitad de la mañana
abre rumbos y salidas
en las idas y venidas
de la vida cotidiana

hay un cielo que responde
a la gloria y a la suerte
a la suerte y a la muerte
hay un cielo que responde

y en la calma soberana
de un solemne mediodía
junta penas y alegría
de la vida cotidiana

hay un sueño que se acerca
a la gloria y a la suerte
a la suerte y a la muerte
hay un sueño que se acerca

y en la siesta y resolana
ponen lágrimas y besos
los convictos y confesos
de la vida cotidiana

hay crepúsculos que invocan
a la gloria y a la suerte
a la suerte y a la muerte
hay crepúsculos que invocan

y en la cumbre más lejana
el sol muere como un toro
con la sangre y con el oro
de la vida cotidiana

siempre hay una causa digna
de la gloria y de la suerte
de la suerte y de la muerte
siempre hay una causa digna

pero no es la lucha vana
de quien busca satanases
en las guerras y en las paces
de la vida cotidiana

hay por último un letargo
de la gloria y de la suerte
de la suerte y de la muerte
hay todo eso y sin embargo

en la noche veterana
del amor que es buena gente
va dejando la simiente
de otra vida cotidiana.

domingo, 10 de mayo de 2009

Vista panorámica en Quilmes

Desde hace mucho tiempo que planeamos una cenita nada más por el puro placer de la amistad. Los meses no habían sido sencillos para nosotros, cada uno en su lago aparte, pero afortunadamente mayo nos permitó salir a cenar como lo habíamos planeado desde diciembre.

Hacía tiempo también que nos habían recomendado el restaurante Quilmes, abrieron uno en nuestra zona Norte y resultó muy buena opción. Buena carne, buen servicio, buena cerveza, excelente vista panorámica de la Ciudad de noche, buena compañía. La luna llena en el ventanal. Mejor imposible.

Hablamos mucho y terminamos sabiendo cosas el uno del otro que no teníamos idea. Hablamos de todo lo que solemos hablar, combinado con los temas que nunca tocamos: política, historia, salud, terapias alternativas, la amistad, los proyectos, los planes que no se cumplen, las metas que se van, las ganas de salir adelante...

San Román es un chico sabio, tolerante, y sobre todo es un chico que me conoce muy bien. Tanto, que a veces me da miedo que me sepa tantas cosas o tantas circunstancias. Me tiene paciencia y nos tenemos cariño. Nuestra amistad se ha hecho muy sólida a pesar de las histerias de ambos.

Aunque a veces es un tanto impulsivo, generalmente me dice las cosas con mucho tacto. Saliendo del lugar, me lo dijo: "me parece que te has fijado mal". De pronto vi las sonrisas de todos y cada uno de los chicos que corresponden a ese perfil -al que mi amigo se refirió- con los que he salido. Y como un batazo en la cabeza, me di cuenta que San Román tiene razón: mis intereses y mis expectativas han estado mandando señales equivocadas.

Me quedé callada y me preguntó varias veces porqué no decía nada. "Me lo debiste haber dicho antes" -Le contesté.
Y tenía razón. Lo que he querido obtener, los chicos en los que me he enfocado no me lo ofrecerán. Aún cuando algunas relaciones han sido duraderas; la verdad del asunto, es que mi antena ha enviado su señal a receptores equivocados.

Uno no se despierta un día pensando "voy a cambiar" y cambia. Pero prometo ajustar mis prioridades, dejar de hablar con quienes no me convienen y comenzar de cero -una vez más-.

San Román me dijo que no me preocupara y que las cosas no estuvieron tan mal si es que yo fui feliz. Y es verdad. Fui una chica feliz y además, me han querido mucho. Eso es lo que cuenta.

He comenzado a reconocer que todo sucede por algo, y las cosas buenas tardan en llegar.

viernes, 8 de mayo de 2009

Mis noches rotas

Y como dice Norah Jones, "Feeling the same way all over again, singing the same lines all over again, no matter how much i pretend".

Hoy los recuerdos me han llegado como una avalancha. Ya se me había olvidado cómo era recordar detalles, facciones, olores, errores y aciertos. Diantres. No sé qué es mejor, si olvidar o recordar.

Mi memoria no puede ser siempre desechable; creí que sería desechable. Hoy recordé todo el significado que tenía para mi la calle Santa Margarita, caminarla derechito hasta Tlacoquemécatl. De regreso, dar vuelta en San Francisco e ir al Oxxo por té helado o a la San Borja por aspirinas.

Llegando a casa me di cuenta que la luna está llenísima, tal como solía estar yo en aquellos días. Pero qué importa. De hecho no me da tristeza, un poco de nostalgia sí, pero ahora pienso que esa etapa tenía que terminar porque era demasiado "lo que quería" en ese tiempo tener. Las cosas que llegan fácil, fácil se van. Y le batallamos mucho. Y le lloré mucho. Y me acostumbré pronto a estar sin él.

Las chicas me contagiaron su buen humor porque a una de ellas la invitaron a salir. Como ahora tiene que ser, esperó un mensaje de móvil casi doce horas. El chico por fin le dijo que saldrían hoy por la noche. Cuando llegué a la oficina fue lo primero que me dijo y me puso de buenas. Entre todas, fue la mejor noticia que escuché esta semana. Siempre es lindo ver chapitas en el rostro de alguien, sobre todo cuando las ocasiona otra persona.

Cristina una vez me dijo que no necesariamente tenía que escribir un libro de Historia si de escribir se trataba; ella decía que también podría escribir sobre la depresión o la ansiedad, o de como manejar este optimismo mágico que a veces me invade. Creo que tiene algo de razón; y aunque nunca lo he platicado con Mauricio, que es la persona que conozco que más sabe del tema, por ejemplo hoy me di cuenta que en el borde de tener una crisis más, lo se manejar bien.

Ayer tuve un disgusto muy grande con la aseguradora, como siempre. Luego de una hora de terror, las cosas por fin terminaron. Cuando comencé a caminar hablé con mi padre, con el Rey Sol y con San Román. Luego me dio un poco de cruda moral porque me tuve que portar como verdadera perra para exigir lo justo; entonces se me rompe el corazón de saber que a veces se tiene que estirar mucho para obtener respuestas o soluciones.
El Rey Sol me dijo que no me preocupara, finalmente lo logré, y es lo que importa. Tuvo razón. Con eso me quedé y poco a poco el hormigueo de mi mano izquierda y el dolor en el hombro derecho se terminaron. No tuve hambre. Comí lo que pude de mi ensalada de brócoli y casi me atarganto tomando coca cola roja.

Una mini ansiedad quiso regresar. Le cerré la puerta. Regresando tuve otra noche rota.

Y quizá las noches estén todas rotas también. Eso ya no me importa. Pronto llegará una blueberry night y entonces sí celebraré con tinto y soda.

Hoy pienso que mañana será lindo porque tengo el día libre. También quiero despertarme temprano y quiero seguir escribiendo lo que le prometí a San Román. Tomaré frapuchinos por la mañana y luego iré a cenar.

Y no sé si será otra noche rota. Igual podré dormir bien, lo supe desde hoy.

lunes, 4 de mayo de 2009

A veinte cuartillas

La felicidad me espera a veinte cuartillas. Hoy elegí unas plataformas ácidas, color naranja fosforescente que me levantó desde los pies hasta las chapitas de la cara.

Todo va caminando bien, poco a poco con tranquilidad. Los cambios siguen llegando. La lista de pendientes y de deudas se empieza a hacer pequeñita.

Como hace tanto calor, San Román se ha hecho mi cómplice -más aún- de frapuccinos. Ayer fue por mi hasta el sur de la Ciudad. ¡Qué tipo más mono! Verdaderamente que hace mucho tiempo no iban por mi y me traían de vuelta nomás por el gusto de hacerlo. Me puso bien. Platicamos mucho como lo hemos venido haciendo las últimas semanas.

Cada día que pasa lo quiero más y se vuelve más imprescindible su compañía y su presencia. Afortunadamente el móvil siempre nos acerca. Rezo por él, y él no ha dejado de recordarme que debo terminar las cuartillas que tengo pendientes.

Le he dado mi palabra. La palabra vale, vale muchísimo, tanto como un papel firmado o un apretón de manos. Y sé que muchas cosas las puedo hacer a un lado, pero las que compartimos San Román y yo, se han quedado tatuadas en nuestros corazones.

Como todo ser humano, mis promesas no se pueden cumplir como con una varita mágica. He quedado con que escribiré una cuartilla diaria hasta terminar. Utilizaré mi histeria histórica para organizar las ideas de mi Historia inconclusa. Parece que estará bien.

Me duele un poco el pecho derecho, he fumado un poco más; es oficial que los huesitos del escote se me comienzan a notar y me han dicho que he logrado una estampa de vértigo. Me sube el ánimo. Es oficial que estoy más flaca. Con todo eso, no he dejado de comer, no he dejado de dormir y por fin estoy usando todos los pares de zapatos que ya no recordaba que guardaba en el clóset, entre ellos mis plataformas ácidas. Aún cuando la ropa me queda un poco floja y que los tacones me lastiman un poquitín los deditos de los pies luego de caminar largas cuadras, he podido hacer mis recorridos citadinos con todo y cubre bocas puesto.

Extraño el cine y los cafés abiertos. Extraño poder escuchar las conversaciones de la mesa de al lado. Espero que aún con todo esto, todavía pueda recibir miraditas de extraños comensales.
Tengo ganas de platicar mucho mucho y de seguir escribiendo.

Escuchar la radio me pone bien. He comenzado a hacer un filtro con las noticias que debo y no monitorear y procesar. Los motivos para seguir escribiendo se hacen presentes. Los motivos para escribir con mi voz me hacen afortunada. Me hace feliz darme cuenta que mi vocalización se puede convertir en palabras bien escritas. Bendita tecnología, feliz hallazgo, increíble Ciudad.

Si todo sale como lo he planeado, estaré terminando el capítulo a finales de mayo. Ya no fue para abril -no me da pena admitirlo-, será para mayo.

viernes, 1 de mayo de 2009

JURAMENTO DE AUTOESTIMA

Venga, reconócelo Mariposa Tecknicolor, sin contar con tu hombre ideal, eres lo mejor que hay en la tierra. Es verdad que a veces te deprimes y no quieres hacer nada porque nada te interesa, pero también hay que reconocer que el resto de las veces eres muy optimista, perfeccionista y dedicada. Nadie sabe hacer investigación histórica como tu. Si ya lo dice tu madre: eres la mejor historiadora del mundo. Por eso, a partir de hoy vas a dejar de torturarte por no tener pareja y comenzarás a quererte por ser responsable, persistente e inteligente. Y si alguien llega y te dice que eres una persona equivocada, dile que puede coger y largarse a la fregada.

Okey, es oficial.

Los párpados los tengo que poner en mis oídos, y el tapa bocas que no sabía que podía tener, ya se quedó sobre mis labios.

Cuando mi hermana Cristina se llenaba de sentimiento, siempre le decía que hablara, que gritara, que le dijera a esa persona que le causaba esas sensaciones lo que estaba sintiendo. Cristina siempre lo dejaba así, nunca le decía a la otra parte cómo le hacía sentir. A veces yo me enojaba y le decía que lo hiciera, que no era justo que las palabras se le quedaran hechas un nudo en la garganta.

Cristina, poco a poco, logró explicarme que no tenía sentido hacerlo. Le comprendí, tarde pero lo hice. Ahora yo, la que siempre habla hasta con los pies, soy la que me quedo callada.

Me bebí un frapuchino de té verde que me volvió a la vida. Me lo invitó el chico más ocupado -o que dice serlo- de la Ciudad. Pasó por mi sin saberlo, de sorpresa. Fuimos por un starbucks, mi favorito. Luego de regreso a mi casa. No hablamos mucho. Estuve callada. Mejor, porque no tenía mucho qué decir. Se dio cuenta. Hizo preguntas. No quise responder.

Volví a casa y él se quedó sin gasolina. Así es la vida. Compré cigarros. Revisé e-mails y ahí estaba: uno en el que decía que me extrañaba, que piensa en mi como no me imagino... y yo sin saberlo. Y él, petrificado una vez más al verme.

Sigo sin tener mucho qué decir. Y también creo que no, que más bien es como decía mi hermana Cristina, que a veces vale más la pena quedarse callado cuando de antemano sabemos que nuestro juicio no cambiará nada. Mejor ahorrarse la pena. Mejor quedarse callada.

No tengo ánimos para explicarle al chico más ocupado de la ciudad que esto que hace me provoca un nudo en la garganta, que de pronto las lágrimas me ruedan por la cara y que es cuando me siento como decía Tita: "Abandonada como el último chile relleno en la charola que nadie se quiere comer por temor a quedar como glotón; que aún cuando se lo querían comer, no lo hacían por miedo a demostrar que no habían quedado satisfechos".

Okey, es oficial...
Que el chico del lunar no me es indiferente. Que creo que le gusto al chico del lunar. Que soy la ex novia del chico pelirrojo; aún cuando no me lo pidió nunca, sí fui su novia. Que tengo fantasías con políticos. Que me afecta trabajar con noticias. Que no es lo mismo trabajar con las noticias de los años treinta, que con las noticias de diario. Que me gusta andar por ahí en ropa interior. Que la situación con el chico más ocupado de la ciudad me hace llorar. Que esta vez sí fui indiferente. Que me gusta estar con mi madre. Que no pinto ni pa'tener prospecto de pretendiente. Que todavía se me va el sueño. Que todavía tengo mucho que confesar.