Desde hace mucho tiempo que planeamos una cenita nada más por el puro placer de la amistad. Los meses no habían sido sencillos para nosotros, cada uno en su lago aparte, pero afortunadamente mayo nos permitó salir a cenar como lo habíamos planeado desde diciembre.
Hacía tiempo también que nos habían recomendado el restaurante Quilmes, abrieron uno en nuestra zona Norte y resultó muy buena opción. Buena carne, buen servicio, buena cerveza, excelente vista panorámica de la Ciudad de noche, buena compañía. La luna llena en el ventanal. Mejor imposible.
Hablamos mucho y terminamos sabiendo cosas el uno del otro que no teníamos idea. Hablamos de todo lo que solemos hablar, combinado con los temas que nunca tocamos: política, historia, salud, terapias alternativas, la amistad, los proyectos, los planes que no se cumplen, las metas que se van, las ganas de salir adelante...
San Román es un chico sabio, tolerante, y sobre todo es un chico que me conoce muy bien. Tanto, que a veces me da miedo que me sepa tantas cosas o tantas circunstancias. Me tiene paciencia y nos tenemos cariño. Nuestra amistad se ha hecho muy sólida a pesar de las histerias de ambos.
Aunque a veces es un tanto impulsivo, generalmente me dice las cosas con mucho tacto. Saliendo del lugar, me lo dijo: "me parece que te has fijado mal". De pronto vi las sonrisas de todos y cada uno de los chicos que corresponden a ese perfil -al que mi amigo se refirió- con los que he salido. Y como un batazo en la cabeza, me di cuenta que San Román tiene razón: mis intereses y mis expectativas han estado mandando señales equivocadas.
Me quedé callada y me preguntó varias veces porqué no decía nada. "Me lo debiste haber dicho antes" -Le contesté.
Y tenía razón. Lo que he querido obtener, los chicos en los que me he enfocado no me lo ofrecerán. Aún cuando algunas relaciones han sido duraderas; la verdad del asunto, es que mi antena ha enviado su señal a receptores equivocados.
Uno no se despierta un día pensando "voy a cambiar" y cambia. Pero prometo ajustar mis prioridades, dejar de hablar con quienes no me convienen y comenzar de cero -una vez más-.
San Román me dijo que no me preocupara y que las cosas no estuvieron tan mal si es que yo fui feliz. Y es verdad. Fui una chica feliz y además, me han querido mucho. Eso es lo que cuenta.
He comenzado a reconocer que todo sucede por algo, y las cosas buenas tardan en llegar.
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