Y quizá deba dejar de hacerme preguntas bobas, para comenzar a darme cuenta de las cosas tal como son. Que aunque me duela, debo aceptar que esto no cambiará, nuestro cariño será igual y nunca será amor mortal. Eso me va bien, pero también me confunde; y me gusta que seas como un tatuaje que no ha sabido que se puede ser falso.
Una vez más, nos vimos en la noche, cuando salí de la oficina. Me alegraste el día, la noche, el clima, la luna como gato risón... Lo pasé bien y me quedé dormida. No recuerdo si me habías visto dormir antes, y quizá también debería dejar de recordar.
Me gusta tu coche y tu camisa de cuadritos. Y también me gusta no saber cómo decirte que te has convertido en mi sostén emocional más fuerte en los últimos meses. Eres mi cómplice. Y qué bueno que no sé como decírtelo, lo que quiere decir que todavía no te conozco por completo.
Lo bueno tarda, lo bueno tarda. Creo que Pilar tuvo razón cuando me dijo que poco a poco las amistades van creciendo, y las personas se vuelven imprescindibles. Creo que es lo que más me satisface, y lo que más importancia tiene.
Tenemos planes. Me gusta hacer planes contigo. Me gusta que me digas que no quieres que me vaya, pero que me quieres ver bien. Me hace sonreír que digas que estar conmigo no resulta perder el tiempo, que no quieres que me caiga y que reclines el asiento del coche cuando me quedo dormida. Me hace feliz que me incluyas en tu itinerario, que me invites a desayunar a Cancún y que compartas conmigo tus cafés nocturnos. Que me sorprendas luego del desayuno de los sábados, de mi jornada en el sur, y eligiéndome el frapuchino.
Somos tan parecidos y tan diferentes... Y sin querer hemos pasado un chorro de etapas juntos, de la mano, de enojos y de reconciliaciones. Me caes bien, y me caes mal cuando me doy cuenta de que te extraño; que luego de la reunión con los chicos el sábado pasado, sólo quería saber cómo estabas, qué estabas haciendo y si lo habías pasado bien. Me caes mal cuando me doy cuenta que no he conocido a ningún otro chico con el que me lleve bien, y con quien me entienda tan escrupulosamente como lo hago contigo.
Luego, cuando te vas a Cuernavaca y no puedo llamarte, me duele el pecho, me hace falta recibir tus llamadas locas, en las que me reclamas que no te respondo a tiempo y que luego echamos a reír. Extraño que me digas que quieres el libro terminado para el primero de junio, que soy brillante y que tengo todas las armas para conseguirlo.
Te extraño a ti, así, tal como eres. Medio histérico, con tus amigotes parcos y nuestros chistes malos. Extraño hacerte caras mientras vas manejando. Extraño rezar por ti, encenderte la vela bendita y llamarte en las mañanas.
Te extraño tanto... y apenas te fuiste hace un par de horas.
Todavía no sé por qué te quiero tanto; y encima, no sé por qué no puedo decírtelo como te digo que te quiero mucho cada que me abrazas al despedirnos.
5 comentarios:
Ya dijo Pascal, que el corazon tiene razones que la propia razon, no entienden. Lo importente de todo esto, es no el porque, sino ese Te quiero.
Un Abrazo.
Ah bueno, el cambiar el te quiero mucho por el no sé porque te quiero tanto, requiere un poco de gramática y un mucho de valor. Arriba los sostenes emocionales, los cómplices, las compañías con las que puedes dormir.
Oye, que buena frase esa de "me gusta que seas como un tatuaje que no ha sabido que se puede ser falso"
Abrazos
Grrrr! Que apacionada. Pues no sé si sea algo real esa historia, pero si es así, yo sí le decía todito, todito.
Nice, besos.
Hola linda, he andado un poco apurada esta semana pero no podia dejar de pasar a leerte y desearte un feliz fin de semana.
Besos!!!
me encanto... muy nice... me encanto como dominastes los terminos... me gustaria que pases por nuestro blog y veas en que estamos ahora
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