jueves, 30 de abril de 2009

Happy Birthday Madame Copo!!

No creas que me olvidé. El ritmo de la ajetreada y enfema Ciudad no me deja hacer las cosas al tiempo que las planée. Feliz cumpleaños querida amiga. Mi mayor deseo es que seas feliz y que tu vida esté llena de amor, éxito y otra vez, felicidad.

La Historia escribió una fabulosa historia para nosotras. La chica del oriente, la chica del norte. Tú, la que devora la historia de las mujeres, la que es historia misma de mujer, que con su historia pone el ejemplo. Y no me cansaré de decir que para mi eres un patrón a seguir, que me vas dejando las migajitas una a una para seguir a donde va tu carrera.

Tú, la chica que vivía en la calle de las Maravillas, la que está llena de anécdotas de la Ciudad, de noche, de día, de metro, de microbús, de coche rojo, de amor clavado, de volver a empezar. De seguir caminando. Tú, la chica que levanta la cabeza con una sonrisa después de haberse caído de los stilettos en la pasarela de la vida. La chica que me enseñó también a hacerme amiguis de la soledad.

Y otros muchos sixes de corona y de indio nos esperan para cada una; más canciones, más risas, más perfumes de Victoria's Secret, más bolsos de Versace, más pambazos de la esquina de Calzada Ermita, más seminarios, más tesis, más artículos, más corazón. Nuestra compañía. Y te podría decir que muchas canciones figuran en tu soundtrack, pero hay una que siempre me hace acordarme de ti.

Feliz cumpleaños Madame Copo de Nieve. Gracias por haberme regalado tres años de tus 31 y gracias por hacer a un lado chorrocientos de kilómetros y seguir aquí.



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A bailar. Feliz cumpleaños. Te extraño mucho. Te amo con todo mi corazón.

"Yo soy un hombre sincero, de donde crece la palma.
Y antes de morirme quiero, echar mis versos del alma".

martes, 28 de abril de 2009

El pronóstico del clima

De las cosas más romáticas que me corresponde hacer, y que disfruto muchísimo, es dar el reporte del clima. Generalmente sale casi a las 17:40, luego del teaser que siempre estoy cazando para ser yo quien lo firme.

La primera vez que lo hice me gustó mucho. Fue darle un significado a cada uno de los climas y las regiones del país, o fue intentar dárselos a mis estados de ánimo, a mis recuerdos o a las partes de mi cuerpo. Así sé que siempre hace calor en el centro de mi país, que el sur se congela de frío y que vienen fuertes precipitaciones con tormentas eléctricas, como hace muchos meses no se esperaba, al norte de Mariposa Tecknicolor.

La Ciudad se derrite, hay temperaturas altísimas en casi todo México y poco a poquito se espera que comience a llover, sobre todo al centro del país.
Es lindo hacer el reporte del clima. Es bonito hablar de los centímetros cúbicos de precipitación y de la nubosidad o del cielo despejado.

Qué lindo es tener el cielo despejado. Qué lindo es cuando se tiene con quién compartirlo.
Siempre tengo con qué sorprenderme. También hoy tuve fe.

lunes, 27 de abril de 2009

Gato risón

La luna es un gran gato risón. Me gusta. Me acordé de cuando decías que era magnífico ver la luna en mi espalda, de cuando me querías, de tu departamento y de los capuchinos que vendían en el local de al lado. Me acordé de tu coche gris y del remiendo que le hice a tu sudadera sentada sobre tu cama.

Ayer caminé sobre Pilares hasta la estación Parque Hundido, comenzó a llover. A veces me fastidian estas palabras que no tengo a quien pronunciarle, me fastidia mi mano abrazando mi bolso y mi botellón de agua; me fastidian mis pies enfundados en unos zapatos de vértigo que nadie más puede contemplar. Me fastidia no poder hacer otra cosa con esas palabras, con mis manos y con mis pies.

Me desespera la Ciudad, con todos sus problemas, con que está vacía, con que no la saben cuidar. Cené sola una vez más. Estos días mis amigos son amigos de móvil nada más.

El domingo ahora me permite hacer cosas que no sabía que podía hacer. Siempre hay que hacer guardia, que poner atención, que escribir como nunca antes. Esta colonia hace mucho que figura en mi vida. Hoy caminé de Matías Romero a San Borja sobre Patricio Sanz como muchos otros días, como hace muchos años. Hoy la vi diferente. Hoy quise ir a muchos lugares.

¿Y qué queda? Tomar el metro, coger un taxi, hacer el súper, cenar yogurt, mirar la sonrisa de la luna. Mirar al gran gato risón que me sonríe desde arriba.

Ya no necesito ver el mar. Siempre quiero seguir escribiendo.
Hoy necesito abrazar. Quiero regalar abrazos, sentirme acompañada y saber -aunque sea por un instante- que todo va a estar bien.

Necesito acordarme de cómo eran esos abrazos que me daban cuando nos veíamos recargados en el cofre de su coche gris. Necesito acordarme más de él, saber que fui muy feliz. Necesito que me abracen. Necesito respirar.

sábado, 25 de abril de 2009

San Antonio Bendito

Después de despedirme de Matías en el metro Polanco, me fui hacia la estación San Antonio para llegar por eje 6 a la colonia Del Valle.

Traía en las manos mi bolso, un sobre manila lleno de documentos originales y muy importantes: historiales completos, certificados, papeles de la Universidad, certificados de Oxford, ¡qué va! La cita a la que asistí en la mañana, me obligaba a llevar casi todo mi archivo personal, incluído el único ejemplar de la única publicación electrónica que tengo. En fin. Traía una joya y además el bolso, mi chal color rosa y mi saco de mezclilla.

En la noche, por ahí de las 20:15, caminé por Insurgentes hasta llegar a Eugenia. Comenzó a llover. Me envolví en el chal y me cerré el saco; mal hecho cogí el sobre manila para cubrirme la cara de la lluvia y seguí caminando.

Tomé el microbús hacia el metro San Antonio. Tomé un asiento, puse mis documentos en el asiento libre de a lado, encima el chal y mi bolso. Siguió la ruta por Eugenia, llamada después de Insurgentes avenida San Antonio, y yo me tenía que bajar en la esquina que hace con Revolución. El chofer, como todos los de esta ciudad, hizo lo que la gana le dio y se fue por unas callecitas medio feas. Me puse alerta. Cogí el bolso. Cuando el cacharpo grito "Revolucióooooon", todos nos bajamos, todos los pasajeros nos bajamos.

Pensé unas cosas horribles del chofer mientras caminé hacia el Vip's de Revolución y me metí casi corriendo al metro San Antonio. Transbordé en Tacuba hacia Cuatro caminos. Llegando al andén K, para tomar la ruta hacia mi casa, sentí que se me durmió la mitad de la cara, el brazo izquierdo y no pude mover más la mano del mismo lado: perdí los documentos.

No hubo más. Los perdí. Punto. Ahora trataría de recordar dónde fue.

Mandé tres mensajes histéricos a los móviles de Toya, San Román y Mafka. Los tres me llamaron, los dos primeros se desesperaron y me regañaron y Maf me dijo que tuviera fe.

Fue en el camión, maldita sea. En el camión del que me bajé echa una loca en Revolución por miedo a que me llevara a un destino desconocido. Está bien. Al día siguiente le preguntaría amablemente a un chofer de la misma ruta si tienen un lugar de objetos perdidos. Eso haría.

Llegué a casa. Hablé como cuatro veces más con San Román. A mi madre no le quise decir nada.

Más tarde, al acostarme pensé -como todas las noches- "qué afortunada soy". Me acordé de Matías, de sus ojitos tras el armazón cuadrado, de mis botas, de la lluvia y de mis documentos... Recé como cada noche lo hago. Antes de dormir dije "San Antonio, tu encuentras todo, por favor encuentra mis documentos".

Necesito destacar que la noche anterior a la cita que me obligaría llevar mis documentos, mandé a cinco personas (incluídas Toya, San Román y Mafka) un correo electrónico pidiéndoles que hicieran una cadena de oración conmigo a la hora de mi cita. También les explicaba, que estoy encomendada a San Antonio de Padua y a la virgen de Guadalupe desde que me robaron el coche, y que finalmente el pleito con la aseguradora se había resuelto a mi favor. Les pedí que les rezáramos a ellos y que me acompañaran en espíritu.

Al día siguiente de esta de malas, me fui precisamente a la aseguradora por la misma ruta de la línea 7 del metro. Antes de llegar a Cuatro caminos, ligeramente la ansiedad me volvió a abordar por mi lado izquierdo porque me acordé de mis papeles. Abrí mi cartera y vi la estampita que traigo -por supuesto que de cabeza- de San Antonio de Padua. Una vez más se lo pedí, que por favor encontrara mis documentos.

Al transbordar en Tacuba, mi madre comenzó a llamarme una y otra vez al móvil. Me asusté. Cuando me fue posible le llamé. Me dijo: "llamó una chica que vive en Lomas de Sotelo. Dijo que su hermano encontró unos papeles tuyos que parecen muy importantes. Quiere regresártelos. Me quedé de ver con ella a las 19. Necesito saber, ¿perdiste unos papeles?"

Casi se me salieron las lágrimas. Se lo conté todo. Me puse feliz. Le conté también que le había pedido un milagro a San Antonio. Me dijo que le pagara, a lo que contesté que esta vez no le ofrecí nada, "entonces tienes que dar el testimonio hija, el testimonio de que te hizo el milagro".
Mi madre se encontró con la chica a la hora que quedaron. Mi archivo regresó a mis manos completito. La chica y su hermano no aceptaron la recompensa que mi madre les ofreció. Dijeron que estaban contentos de poderle hacer el bien a alguien.

Pleno siglo XXI, plena Ciudad de México. Todavía hay gente que quiere hacer el bien a otras personas y todavía existen los milagros.
Sin lugar a dudas, la Ciudad me quiere.

Por eso me puse a escribir este testimonio.
ES COMPLETAMENTE VERÍDICO todo lo que narro aquí, salvo el "Matías" cuyo verdadero nombre no tengo permiso para publicarlo.
A petición de mi madre doy fe de lo que sucedió y les comparto mi testimonio.
San Antonio no me abandonó.

viernes, 24 de abril de 2009

Mi Ciudad está enferma

Ciudad de miedo, la fácil, la de los palacios, la de caos vial.
Ciudad de noche. Mi vida de día. Ciudad de recuerdos, los del centro de la ciudad.
Ciudad de secuestros, de amor, de carnes frías, ciudad de ejemplo.
Ciudad de conquista. Ciudad mestiza. Mi casa. Mi libertad.
Ciudad de progreso. Ciudad feliz. Ciudad de drama. Ciudad enferma. Enferma la ciudad.

El virus de la influenza del invierno pasado, no es el mismo que ahora está enfermando a los habitantes de la Ciudad de México y el área metropolitana. Resulta que éste se llama H1N1, es un virus de gripe porcina que mutó y "brincó" por así decirlo, al ser humano.
De entrada no me creí nada -nunca lo hago- de lo que salió en las noticias. Sin embargo, me correspondió poner atención y dediqué mucho tiempo cubriendo las declaraciones del presidente y los secretarios de salud federales, el estatal y el del distrito federal. Al parecer se les fue de las manos. Para este entonces, ya no hay vacunas; y aunque las hubiera, no serían eficientes para prevenir la enfermedad. Sólo quedan las medidas higiénicas que tenemos que tomar.

Está demás decirles que hay mucha paranoia. Tampoco se debe dar besito en el cachete ni saludar de mano. Todas las personas en el transporte público y en la calle en general, usan cubre bocas.

La Ciudad se respira diferente. Y no porque haya un virusillo por ahí brincando de saliva en saliva, sino porque hay poca gente fuera. Estarán cerrados los cines, los teatros, las bibliotecas yl los museos.

Yo deseo que esto termine y que por una sola vez en la historia, los encargados digan la verdad. Me la he pasado escuchando declaraciones aberrantes sobre comparaciones de la Constitución actual y de la del año 1857. De plano el secretario de gobernación cree que no sabemos nada; sé que no tenemos la obligación de saberlo todo, pero habemos personas que afirmamos que es una incongruencia hacer comparaciones de esa índole, sobre todo respecto a la defensa de la seguridad nacional cuando en este siglo, la seguridad se tambalea por otros intereses.

En fin. La Ciudad me gusta, me cae bien. Es mi Ciudad y quiero que se componga.

La ciudad donde vivo es el mapa de la soledad.
Al que llega le da un caramelo
con el veneno de la ansiedad,
La ciudad donde vivo es mi cárcel y mi libertad.


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Mother Monkey Collective

Mafka llegó a la casa cuando leía los pendientes y me disponía a ponerme a escribir. Era la primera vez en mucho tiempo que saldríamos a bailar, así que la ocasión ameritaba ponernos muy guapas, soltarnos el pelo y reír a carcajadas.

¿Quieres que te ponga super punk?
Escogimos unos atuendos lindos, de jeans pegados y chamarras cortas. Yo escogí las sandalias más altas con las que pude caminar y la camiseta color verde que dice Techno love que Maf escogió por mi.

Me alboroté el pelo. Ella lo usó alisado echado para atrás y para terminar necesitaba algo de gomina o spray para fijar los pelillos de la coronilla. Le ofrecí mi fabuloso super punk varias veces, a lo que me contestó con cara de espanto "no, gracias", seguí ofreciéndoselo y explicándole que, a pesar de ser un liquidito color azul eléctrico, es inofensivo y muy eficiente. Total que accedió al final de todo y le eché un rocío azulado que le dejó la cabellera justo como quería.

Llegamos a Cuatro caminos pasadas las nueve de la noche. El metro estaba particularmente feo y más aún cuando tuvimos que caminar un montón para entrar al andén. Llegamos a la estación zócalo muy alegres, muertas de risa, envueltas entre personas que bailaban danzas prehispánicas, policías, indigentes, turistas y también teníamos hambre.

No lo pensamos dos veces y caminamos al Super 7 que está a un costado de la Catedral Metropolitana. Compramos unos burritos y, a la hora de escoger qué tomar, el Super7 se convirtió en el bar Super7. Compramos dos indios de lata y caminamos rumbo a la calle Guatemala.

Mother Monkey Collective.
Mafka es una chica guapa, alegre, con una conversación magnífica y con un sentido del humor maravilloso. Veníamos muertas de risa por las cervezas en lata y al pasar el camión de granaderos, las destapamos. Brindamos en la calle, seguimos caminando y nos detuvimos en la esquina de Guatemala a espaldas de la Catedral. Eligimos un puesto de periódicos -lo único abierto- y nos pusimos a platicar.

Hablamos con Janis, quien nos esperaba en el Centro Cultural de España, bebimos y reímos. Me dijo que debíamos recordar ese momento tan fenomenal, ¿qué mas le podíamos pedir a la vida en ese instante? Nada, pensamos las dos.
"Estamos en la calle, a un lado de un puesto de periódicos que dice "Mother Monkey Collective", lo recordaremos siempre" -me dijo. Estabamos notablemente contentas. Terminamos las cervezas y nos metimos al centro cultural.

Lo pasamos muy bien, bailamos, circulamos por el lugar, platicamos mucho, esperamos a unos chicos que nunca aparecieron. Otros hicieron su aparición, entre ellos el chico financiero a quien no esperaba ver y de quien no recordaba el nombre. Algunas veces me da igual, sé que probablemente quede fea la cosa, pero hay encuentros que no deben tener parte.

La noche me regaló una vista increíble del Templo Mayor iluminado, de una excepcional arquitectura del siglo XVI, y de la compañía de mis amigas. Bailamos mucho, celebramos muchas cosas, brindamos por otras, por mi, por Mafka, por Janis, por los proyectos, por las tres... Hay noches que deberían durar por lo menos hasta la mañana siguiente.

A la hora del regreso, como siempre, no sabíamos cómo volveríamos a casa. La sorpresa fue que el chico financiero nos trajo sanas y salvas. Pasamos a cenar, y ¡salud! por los trabajos que no son de ensueño pero que permiten pagar las cervezas y los tacos de madrugada, ultimamente me han tocado chicos que no pagan mi cuenta, así que nos pusimos guapas para nosotras mismas y llegamos a casa a dormir.

Pasadas las cuatro de la mañana pusimos las alarmas y nos rendimos ante Morfeo.

La Ciudad ha seguido siendo noble conmigo. Me da grandes sorpresas, me hace sentir completa. Me da libertad.


Hoy recordé que la última vez que fui al Vive Latino tomé agua de la llave de los baños del Foro Sol. Confieso que me gusta visitar el bar Oxxo o el bar Super7 a menudo. Me gusta también tomar una cerveza relámpago antes de entrar a los lugares. Me gustan las banquetas de mi Ciudad. Me gusta la Ciudad de México. Confieso que fingí olvidar el nombre del chico financiero, que no me cae muy bien del todo y que no me interesa si quiere saber los pormenores de mi vida. Me gusta salir. Me gusta estar con mis amigas y platicar de revistas de moda con Mafka. La verdad es que también me quiero enamorar, me hace falta que me abracen y me hace falta sentir un cuerpecito a mi lado. Me gustan los tacos de guisado. Confieso que es mejor así.

Confieso que tengo muchas cosas que confesar.

jueves, 23 de abril de 2009

Fue una linda cita

Lo conocí en la sala de espera del médico especialista. Esta vez fui a la colonia Chapultepec Polanco a recibir otras opiniones. Llevaba ya un rato sentada en esas incómodas sillitas cuando Matías entró cerrando la puerta tras de sí y regalándome una sonrisa.

Se sentó a lado mío, hicimos una breve plática. El consultorio es diferente, es un mismo espacio con varias puertas y con un sólo recibidor. Quien esté allí no necesariamente pasará al mismo cubículo que las demás personas. Él pasó primero y nos despedimos con un "que tengas suerte". Mi médico tardó mucho más en pasarme a mi, pero no duré mucho tiempo adentro. Al salir, vi a Matías sentado en la sillita de espera, me despedí del médico, comenzó a hacer muchas preguntas de los siguientes pacientes y sin más salí, algo nerviosa, del lugar.

En la puerta del edificio el chico me abordó. Fue una grata sorpresa, "te esperé porque quería saber si es posible tomar tus datos y platicar un rato" -me dijo.
Hay circunstancias en la vida de una chica, en las que no se debe pensar más y dejarse llevar. Y bueno, que creo que es evidente que a veces me cuesta mucho trabajo dejarme llevar y sólo sentir. Así que, por una (¡pinche!) vez en mi vida, disimulé mis preocupaciones, miré el reloj y le dije "¿Sabes? podemos tomar un café de media hora, luego tengo que ir al sur de la ciudad, ¿qué te parece?".

Caminamos de Hegel hasta Masaryk. Entramos a un café. Pedimos dos americanos y nos dedicamos a conversar. Se dedica a la construcción, yo soy una historiadora escritora citadina medio histérica que comenzó a agitar las manos y a hablar un tanto fuerte. Me sonrojé. Pedí disculpas. Me pidió que le hablara de la Ciudad, me dijo que le encantaba, que disfrutaba mucho los viajes que hacía acá.

Hablé, hablé mucho. Después lo escuché hablarme de su familia, de su trabajo, de los abuelos y de la región. Me habló de sus hermanos, de la universidad, de sus viajes. No pude más y le dije que me había sorprendido verlo en la sillita al salir del consultorio, me dijo que desde que entró supo que debía esperarme a que saliera, que quería saber mi nombre y mi número de teléfono. Sonreí como boba. Fue una linda cita.

Bebí más café, agua y luego fui al baño. No se podía fumar -qué bueno- así que me quedé con las ganas de sentarme en una terraza. Cuando volví a la mesa la cuenta ya había llegado. Estuve en el móvil un rato con mi padre y con San Román. Mientras, saqué mi monedero e intenté -porque no me dejó- sacar el dinero. Cuando cerré el móvil, me dijo: "por favor, permíteme invitarte el café".

Lo recuerdo y me dan ganas de gritar y agitar los brazos.
Qué gran cita, qué maravillosa mañana. Ni siquiera tuve motivos para verle los zapatos, de hecho no recuerdo de qué color era el pantalón que traía puesto.

La media hora se hizo una completa. Ni él ni yo nos queríamos despedir. Caminamos al metro Polanco. Nos deseamos suerte.

Por mucho, la mejor cita que he tenido en años.
Por más, que todo fue casualidad.