jueves, 23 de diciembre de 2010

En torno a un vestido de novia.

Lo mejor de elegir vestidos de novia, es que uno puede sorprenderse hasta de lo que nunca se imaginó: juro que eso que vi en el maniquí, era un vestido de tin-tán.

Lo mejor de elegir vestidos de novia, es que no lo estoy haciendo sola como pensé que sería, sino que los ojos verdes están junto a mi. Hay muchas cosas con las que quiero sorprenderlo, pero no con un vestido que me haga ver como piñata, o como barril, y que la sorpresa no sea agradable. En fin, son muchas cosas, y algunas pueden parecer vanales.

No es fácil. De todos los vestidos que una se puede probar, nunca uno será suficiente, ni será el indicado, ni es el que imaginamos. Falta que termine poniéndome uno como el de mi madre, enorme, largo, con un ensamble encima que despierte muchas tentaciones. O terminaría por comprar aquel antiguo, de quién sabe qué marca, o quién sabe qué estilo, de muchos años atrás.

Planear una boda y elegir un vestido blanco, no ha sido como lo imaginé. No tiene ningún parecido a mi realidad, ni a los planes que tenía en mente.

Me he llenado de sorpresas, y también me he llenado de amor. Ni siquiera el hecho de hacerlo oficial ha sido como me lo esperaba; la reacción de la gente, las lágrimas de algunos, las risas de otros, el nerviosismo de todos. Todo está de cabeza, uno nunca está listo para comprometerse, ni para comenzar una nueva vida, o siquiera estamos listos para terminar todos los pendientes.

No estoy segura de que en otras circunstancias esto hubiera sido distinto.

Estas mierdas de "qué hubiera pasado si" ahora resulta que están de moda. Resulta que es válido inferir qué hubiera pasado con algún hecho histórico, si las circunstancias hubieran sido distintas.

Lo mejor de elegir un vestido de novia, son las opciones que existen de tener varios vestidos para un sólo día, el que será mi día.

En torno a un vestido de novia, está lo maravilloso de haber visto la cara de las chicas cuando me lo vieron puesto. Un ejemplar que no me esperaba. La cara de la vendedora, la emoción de la chica que sostenía el espejo para que me lo viera por detrás.

Cuando lo recibí, envuelto en una bolsa de plástico, me hice como si nada, no, ya sabes... uno que es una piedra, que no importa que sólo en ese local se crea todavía en el amor. Salí, di la vuelta, caminé hacia Hans. En torno a un vestido de novia, están también las lágrimas que no pude contener más.

Yo te prometo que no sabía como era, pero para mi así fue.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Monterrey, Marina Nacional y el coche color plata.

Bien hubiera podido aceptar una cita con el chico del coche de al lado.

Acababa yo de tomar Monterrey, de regreso a casa, y sonaba en mi oído izquierdo la canción No se puede vivir del amor, cuando coincidimos un coche plateado y yo, casi todo el camino. Y ya sabes, ¿no? Sonrisas, radio encendido, ventanillas abajo. El chico -que no era tan chico-, tenía unas canitas que le iluminaban la frente, el dedo anular izquierdo desnudo, y bebía coca-cola light, ¿qué más se podía pedir en ese momento? Me muero de risa. De entrada, y acordándome de las técnicas de ligue que usábamos mis amigas y yo hace algún tiempo, el escaneo del chico del coche de al lado, fue suficiente para darme cuenta que quizá pude haber aceptado una cita para salir con él.

Luego, más adelante, cuando en mi oído sonaba una Lila Downs que me puso de buenas, con su canción Arenita azul y cantando a todo pulmón "soy maripoooooosa", el chico bajó la ventanilla para querer decirme algo, pero yo avancé. Se emparejó conmigo, e hizo ademán de querer decirme algo, y yo miré de frente. El siguiente semáforo me jugó una trampa, no me permitió avanzar, y el coche plata volvió a quedar parejo conmigo, "¿hacia donde vas?" Me preguntó, le respondí que a casa, sonreí, le dije también que estaba cansada. Todo en un segundo. Rápido. Muchas palabras para un sólo instante.

La luz roja todavía, apenas el ámbar del otro lado, ganándole al semáforo metí el clutch para meter la velocidad, le sonreí otra vez y seguí la marcha.

Por ahí por donde se decide ir hacia Tacuba o hacia donde hay más Invierno, me desvié a la derecha, con la direccional tintinéandome en la cara. El tablero también palpita como lo hace mi corazón. Seguí mi camino, pensando cómo le iba a hacer para terminar todos los pendientes, saldar las deudas y entablar una conversación con mi madre. Antes de la Glorieta de las Américas me detuve a comprar coca-cola light, encendí un cigarro, encendí el coche otra vez.

Cuando iba llegando a casa me dije, ¿pero qué te pasa? Porque digo, en otras circunstancias quizá hubiera terminado cenando o tomando un café con el chico del coche color plata, o compartiendo la coca-cola light en lugar de estarla bebiendo yo sola.

Y demonios, ¿qué me pasa? ¿Que qué me pasa? Pasa que me enamoré, que ahora las mariposas ya no las traigo en la panza, sino en la cabeza, a través de mi cabello, y también salen de mis dedos mientras hablo, mientras conduzco a Hans, y se la viven iluminando el camino que transito, que ya no necesita que nadie me venga a coquetear.

martes, 7 de diciembre de 2010

De regreso al punto de partida

Cuando el soltero tóxico se fue para nunca más volver, escribí en un post-it que pegué en mi espejo del tocador, la frase: "El hombre que se quiera casar conmigo sí existe".

Y heme aquí, justo en el lugar donde empecé, en mi habitación frente al sillón blanco, con el gato que se lame las patas y ronronea rozando suavemente mis pantorrillas. Mi pelo hecho un desastre, cada vez más blanco, cuando plata quisiera que se pusiera. Fumando otra vez mentolados lights, con un cenicero menos, unos kilos de más, mucho trabajo por delante, la ansiedad que regresó para pasar las fiestas de fin de año con nosotros, y esa gran diferencia: "nosotros".

Ahora ya no estoy sola, pero de veras que uno como está acostumbrado a vivir de cierta manera, y qué dificil es acostumbrarse a una vida en común, sin importar el domicilio que exista, los domicilios pendientes, los que compartimos todavía, después de muchos meses.

De regreso a pegar post-its por todos lados, porque todo se me olvida, porque los ojos verdes se desesperan -pero creen que yo no me doy cuenta- de que todo se me olvide, de que confunda las palabras; porque afortunadamente para mi, él ha sabido tenerme toda la paciencia del mundo. Y entonces sí, debería ponerme a escribir un libro sobre el estrés y su manejo en la vida moderna, contemporánea y real de mi generación; porque para escribir sobre eso, no necesito ningún posgrado que me avale.

Y regreso entonces. A correr como loca en esta podrida y sucia ciudad, que huele a alcantarilla, que llena de pelusa los cabellos y todo el cuerpo, que ensucia los autos más de lo que los autos la ensucian a ella. Regreso a correr con mis tacones de nueve centímetros, aunque Ro se ría de mi cuando le digo que no puedo seguir de pie, sólo caminando. Sólo caminando en las banquetas de la Ciudad.

Regreso a contar y anotar las comidas que hago al día, a intentar llevar la cuenta de las calorías por cada 24 horas, a no comer trigo, embutidos, hormonas, y a hacer mi mayor esfuerzo para volverme vegetariana. No sé cómo le voy a hacer, pero en ese vestidito corto de flores yo vuelvo a entrar a como dé lugar.

Regreso a manejar horas y horas en el congestionamiento, buscando un Starbucks para tomarme un puto Cherry Mocha antes de que se acabe la odiosa temporada navideña. Regreso a sentirme más sola que nunca, en medio de las filas de esta Ciudad, en el banco, en el supermercado, todo producto de las navidades que me hacen mal, que me ahuecan el corazón, que me hacen sentir que todo está mal cuando sorprendentemente todo marcha sobre ruedas.

Porque encima, la pinche temporada decembrina trajo consigo una carga inmensurable de trabajos, investigaciones cortas y disertaciones. Ahora sí, no sé ni por donde empezar.

¿Por qué nunca nadie confiesa que comenzar una relación o terminarla es difícil tanto cuanto sucede?

El hombre que se quiere casar conmigo sí existe. Duerme más de cuatro noches a la semana conmigo, quiere al gato tanto como lo quiero yo, el gato lo adoptó como parte de la manada, y se quiere quedar con nosotros para siempre.

Y Hans... bueno, se porta bien cuando alguien intercede, porque a veces se cansa de que yo -como siempre- le exija tanto como suelo exigirles a los demás.

lunes, 6 de diciembre de 2010

Circuito Interior, Flores Magón y el coche azul.

En esta deslumbrante y soleada ciudad, llena de gente, llena de coches, llena de obras viales que no nos consta que vayan a funcionar, pocas veces se encuentran gestos de gentileza; o peor aún, pocas veces se encuentran cuando en medio de un congestionamiento terrible, los cláxons suenan al mismo tiempo, peleando por ganar cinco centímetros más de espacio.

Salí de casa de los ojos verdes en la mañana, era jueves, y como siempre, se me estaba haciendo tarde para llegar al primer seminario del día. Tomé Flores Magón rumbo a Eje 2 Norte Eulalia Guzmán, y por fin di vuelta a la izquierda en el Circuito Interior.

Ahí uno hace malabares, y un poco de magia, para poder incorporarse a carriles centrales, pero esta mañana, de marchas de protesta, de ipod cantando en mi oído izquierdo, de llamadas por el móvil que a veces ya no puedo responder, todo comenzó a complicarse un poquito más. De hecho es una vueltota la que se tiene que dar, para entroncar nuevamente en Flores Magón, la misma avenida de la que salí en la mañana, pero donde inicia, en sentido opuesto.

Así que justo cuando en la lateral del Circuito me estaba peleando mis cinco centímetros para no obstruir un paso de autos, cuando el semáforo se puso en rojo en el entronque (¡por fin!) con Flores Magón, los autos comenzaron a esquivarme con todo y refrescadas de madre y lo que ustedes se puedan imaginar, una mujer que manejaba un Jetta color azul marino, con placas del Distrito Federal 369MJS, se hizo para atrás, y con sus luces altas me hizo señas para que la siguiera en reversa, todo por ganar unos cuantos centímetros.

La mujer, insistentemente avanzó en reversa lo más que pudo, para que yo en mi Hans protector la siguiera, hasta dejar libre el paso. Me hizo la seña de pulgar hacia arriba. Dejé libre el paso el resto del tiempo en que el semáforo estuvo en rojo. Después, cuando fue nuestro turno de avanzar, ella, más hábil que yo, se adelantó entre los autos y la perdí de vista.

En la siguiente entrada a carriles centrales, como pude me metí. Les sonreí, chiflé y les aplaudí a las sobrecargos de Mexicana de Aviación que hacían protesta en los puentes peatonales. Los ojos verdes me llamaron por teléfono un par de veces más. Seguí el camino por Circuito Interior.

Luego de Calle 10 todo se mejora. La circulación va como siempre debe ir, fluida y constante. Metí cuarta como si Hans fuera un auto de carreras. Me quité el ipod. Sonreí. Llegué al seminario en punto, justo cuando el ponente comenzaba a charlar.

Más tarde, cuando todo el morning rush había pasado, me acordé de la mujer del coche azul. Y yo, siempre tan solidaria con mi género, pero pocas veces correspondida por mi mismo género, me puse feliz de acordarme que una chica en un coche azul, me ayudó en medio del pinche tránsito de esta histérica ciudad.

Día a día

Todos los días libro una batalla conmigo misma. Todos los días intento ser mejor persona. Al paso del tiempo me volví una guerrera; aprendí a ganar y a veces a perder esas batallas con mi pasado, con lo vivido, con los recuerdos.

Todos los días libro una batalla con la ansiedad. A veces acepto y comprendo que vino para quedarse, que vive en mi. Ella es amable la mayor parte del tiempo, me deja pensar, me deja escribir, me deja tener una vida. A veces no me deja dormir, y entonces odio estar muerta de frío en la noche, o me gusta quedarme despierta mientras los ojos verdes me miran escribir.

Pero como todas las batallas, a veces se pierde.

Hace dos días que no le pude ganar. Luego de tantas cosas que hay que solucionar, que hay que decidir, dilucidar, reflexionar, dar para sí, para mi, y para todos... me di por vencida. No fue como las últimas veces había sido, ahora estuve batallando mucho tiempo, la estuve reprimiendo, la semana pasada quiso hacerme explotar y me negué, preferí reportarme enferma y ganar un poco de horas de sueño, comer mejor, comenzar con una dieta más decente. Pero hay veces en que me canso de luchar.

Y aquí voy otra vez, al remedio dentro de un mini frasquito de vidrio, que nadie puede ver, que nadie puede oler, pero que yo sé que viene dentro de mi, y dentro de mi bolso de charol color negro. Y aquí voy otra vez, a llorar y llorar y llorar parada en una banqueta, a perder la ubicación de donde estoy, a no saber qué es lo que tengo que escribir para mañana. A llorar mientras manejo mi coche sin saber a donde voy, sobre una vía rápida, o esperando semáforos en verde.

Aquí voy. A quedar al descubierto frente a las personas que más amo, frente a las personas que no me conocen, frente al médico que no puede creer que haya ganado seis kilos en nueve meses.

Todos los días lucho por ser una mejor persona, no importa no saber qué es lo que tengo que escribir mañana, porque una vez más lo intentaré.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

JURAMENTO DE AUTOESTIMA

Hey, psst, cht chtt, Mariposa, ¿por qué te deprimes? ¡Si por primera vez en muchos años, esta navidad vendrá con las mejores cosas del mundo, un hombre que te ama y un proyecto para el futuro!
Sí, tu familia es sumamente difícil, pero... ¿qué familia no lo es? Tus amigos, por el contrario, cada que lo necesitas te sacan a flote, y a ellos les debes mucho, por eso no te debes dejar caer.
Y bueno, es verdad que a veces no quieres levantarte de la cama, no te bañas en varios días, y comes como troglodita... pero aún con eso, los lazos que creas siempre son de amor, con tus amigas te une el amor, y el chico al que amas está dispuesto a recibirlo todo.
Eres muy inteligente, prueba de ello es la plaza de posgrado que estás ocupando ahora, y no debes dudar ni titubear al dar a conocer tu opinión, y al defender tu punto de vista.
Nadie dijo que sería fácil, pero por eso no estás sola. Quieres, te quieres, y te quieren.
¡A vivir la vida! Que es una sola, y aún con eso, todo empieza siempre una vez más...

Sacúdete la ansiedad, y grita ¡Feliz Navidad y próspero año nuevo!