miércoles, 24 de junio de 2009

Cada semana muere un verano

Corre a escuchar "Números rojos".

Junio está por terminar, y yo casi no me di cuenta cómo fue que los días pasaron tan rápido. Es como cuando por las mañanas, me visto tan rápido que no recuerdo en qué momento que puse la ropa interior o los tacones, antes de salir corriendo de casa.

Todos tenemos prisa, a veces me olvido de vivir o de escribir, y eso es lo que más triste me pone. No he tenido tiempo de ver a algunas personas que extraño, que me han buscado y que me ponen bien. Extraño a mi hermana Cristina, la extraño mucho, y a veces los instantes van tan rápido que ni recuerdo cuándo fue la última vez que hablé con ella.

Las noticias llenan mis ocho horas al día, cada día escribo más rapido y es oficial: ahora sí escribo por encargo. Mi anterior jefa me llamó ayer, y digo mi anterior jefa, pero sigue siendo mi jefa. Me hizo reír, me hizo feliz que se acordara de mi. Se supone que las palabras rosas son las que ya deberían estar perfectamente ordenadas en 30 cuartillas... se supone, se supone.

Y mientras, mi programa de los domingos me gritó en los oídos -olvidó cómo susurrar-, que en mi agenda no figura el último orgasmo que tuve. Ya no me acuerdo. Las cosas se han acomodado de manera tal, que aún cuando me desespero por no tener compañía masculina, no me hace falta del todo. Me siento bien, pero entonces escucho el bolero de Ravel y recuerdo que -aún cuando pretenda olvidarlo- muero de ganas de hacer el amor escuchando el bolero de Ravel.

Qué maravilla... y todavía no lo he vivido. Todavía no me puedo morir, así que borraré ese punto de mi lista. Prioridad cero: hacer el amor con el bolero de Ravel, y mientras lo escucho también.

Ya llegó el verano. Me baño de lluvia de recuerdos, en mi Ciudad, de enormes edificios mirándome desde arriba. Este año no tengo por qué huir a refugiarme al Caribe, ni tengo por qué emborracharme, ni por qué llorar o celebrar. Creo que me estoy haciendo lenta o aburrida. La cosa es que, por lo menos, no tengo motivo para volver a caerme, como hace un año.

El día de San Juan Bautista no me hará llorar, quiero fumar, y quiero que ya se muera el verano de esta semana.

Mientras, esperaré el orgasmo, al chico, a mis Marlboro lights, mi ensalada verde, el beso de amor, la llamada de mi hermanita, el calor de mi gato. En ese orden, o en el que sea. Esperaré al empleo que me permita dejar de dar noticias, dejar de escribir por encargo, y dormir todas las noches en la misma cama que la Historia. ¿Qué pasaría si dejara en algún momento de desear, creer, esperar o de aspirar a?

Quizá sería un poquito más feliz, o menos, o dormiría menos mal. Quiero fumar, no es posible que no pueda estar quieta sin un cigarro. Tengo sed. No tengo sueño. Me quiero dormir.

Ya no me da miedo que me salga un cuerno bajo el corazón, pero desde ayer estoy pensando que no me di cuenta en qué momento se apagó mi fuego interno. Mi fuego interno, mi llamita, mis ganas de comer. Por lo menos todavía quiero ese orgasmo.

Quiero al bolero de Ravel.

viernes, 12 de junio de 2009

No te acostumbres mucho a estar sola

Hoy comí con el Rey Sol. Nos encontramos a las once treinta en la esquina de Insurgentes y Filadelfia, a espaldas tenía al Poliforum Cultural Siqueiros. Me acompañó a ver un coche, luego fuimos a comer algo. Él desayunó y yo adelanté la comida.

Teníamos aproximadamente unos seis meses de no vernos. Platicamos mucho y nos reímos. Nos pusimos al corriente. Me hizo bien escucharlo, y en la noche me enteré de que a él le dio mucho gusto verme y verme bien.

Me ve bien. Pocas son las veces que me lo ha dicho. "Te ves bien", y al momento de articular esas tres palabras, los contextos y nuestras historias se combinan, se mezclan, se dividen y se vuelven a fusionar. El Rey Sol encuentra la manera de hacer que las historias se vuelvan a mezclar y que los fragmentos se iluminen. Por espacio de hora y media, tuvimos la fortuna de homogeneizarnos con la conversación. Otra vez lo pasamos bien.

Recordamos muchas cosas. Le platiqué de San Román y del chico que no sé cómo decirle que lo quiero tanto. Hablamos de las chicas que tuvo, y me reí mucho recordando que una de ellas cortó con él porque hablamos por teléfono. Aquella tarde estaba hecha un guiñapo en el Franz Mayer y le llamé, me dijo que estaba ocupado pero que me fuera a mi casa, que más tarde me llamaría. Como a los veinte minutos me volvió a llamar, "quédate donde estás, ya paso por ti" me dijo, y al subirme a su coche me contó que la chica al escuchar que hablaba conmigo, le pidió que arreglara nuestros asuntos (qué risa me da), y que cuando terminara le avisara. Pum, se fue, y lo terminó.

Luego entonces, pasó por mí, me invitó al cine, lo pasamos bien -como siempre-, y se escribió otra historietita en el viejo y gordo libro que comenzamos a compartir hace mucho tiempo.

Ya no tengo miedo, ya no me "da miedo" el Rey Sol, ni me da miedo contarle mis proyectos. Le dije que ya no tengo diecinueve años, y me respondió que eso le consta, pero que siempre me verá chiquita.

Hoy aprendí que la Ciudad todavía guarda Vip's que no conozco, que puedo beber mucho café de un hilo y que siempre es mejor comer acompañada que frente al monitor. Aprendí que los progresos personales también se cuentan con buena apariencia, con constancia y sin cosas materiales. Me sorprendí de lo bien que puede hacernos un encuentro espaciado, fugaz, al filo del mediodía. Él me sorprendió, y luego dijo que todavía yo lo puedo soprender a él.

Terminamos hablando del amor. Le confesé que en años sólo tuve un novio y que ya nada es como era en la Universidad.

Al despedirnos, me pidió tres cosas. Que no me acostumbrara demasiado a estar sola; piensa que se nota que estoy bien tal como estoy, pero que no debo acostumbrarme tanto a la soledad. También me llegará, y tendré que darle espacio para que funcione. Es el mejor consejo que me ha dado en años.

Me pidió que lo suelte, que no vale la pena, que las cosas se queden tal como están. Y que deje de exigirme tanto, que me porte bien conmigo misma.

Hoy le prometí muchas cosas. Ya terminaré de palomearlas todas.

Me prometí no escribir de chicos por un tiempo. No tiene caso sacar conjeturas e inventar reconciliaciones cuando no se les da parte. Aún puedo escribir del amor, de la Historia y de mi Ciudad. Y tal vez me invente una historia de amor en mi Ciudad. Mientras el chico no llegue, no tiene caso reinventarlo una vez más.

jueves, 11 de junio de 2009

¿Y si me sale un gran cuerno bajo el corazón?

No conozco a otra mujer que disfrute más hablar del amor, que mi madre. Es una mujer muy optimista y buena consejera. A mis amigas les gusta venir a platicar con ella y contarle cosas, pedirle que les cuente de los novios de juventud y asi. Desde hace mucho, yo he seguido esta buena actitud de mi madre, y entonces puedo pasar horas y horas platicando con mis hermanas o con mis amigas de los novios y del amor.

La cuestión es que, ya estoy un tanto fastidiada de jugar este jueguito de preámbulo para al amor.

El chico de quien escribí, a quien no sé por qué quiero tanto, me ha llenado el corazón y ha hecho que mi vida sea aún mejor. Todo indica que él no se da cuenta de las actitudes que tiene hacia mí, por lo que no comprende que todos estos meses que hemos estado saliendo juntos, bien darían para darle continuación a una relación en forma.

Ahora he comprobado que el amor sí se desborda, tal como lo hace un vaso con agua que se va llenando gota a gota. ¿Qué se hace entonces cuando el vaso está lleno? Mi madre declaró situación de emergencia, y muy seria me dijo: "En la vida una es actriz o espectadora, y a ti no te va ser espectadora cuando la mayoría de las veces eres actriz. ¿Que no te das cuenta que tienes que actuar de una vez?" Me dejó sin aliento.

Mafka cree que en lugar de dejar de contestarle el móvil o de permitir que los celos me paren de pestañas, debo hablar con él porque la mayoría de las veces, los hombres no analizan la situación. Ella me dijo que es peor vivir con la duda, que aunque parezca que vivo un amor de secundaria, debo decirle lo que siento. Quizá el sienta lo mismo que yo, y entonces la situación se analizaría desde dos partes. Qué chica más inteligente.

Han pasado algunos días, y a mi madre se le ha bajado un poco la euforia. Hoy por la noche me dijo que la solución pudiera ser la resistencia pacífica; lo que me permitiría tener un poco de tranquilidad y seguir que las cosas siguieran como siempre. Finalmente, confiamos en que los sentimientos saldrán a flote... O en que de plano yo me estoy volviendo indiferente al amor. No puedo recordar si en otras circunstancias hubiera luchado por él (no por el chico, sino por el amor de él). Quizá sí. Y si alguna vez lo hice por el amor de otro chico, ¿por qué no me acuerdo claramente de cómo fue?

El Rey Sol una vez me dijo que había luchado por mi y que no me había logrado. Y sí, alguna vez yo luché por él, y por el soltero tóxico, y por mi novio de la preparatoria. Pero de cierta forma confundí la lucha con la acción de ceder frente a los sentimientos del otro.

Me parece claro que he luchado por el amor bajo muchas circunstancias. De otra manera, no dedicaría tanto tiempo escribiendo sobre él. Por el amor se hacen muchas cosas, y yo he luchado muchísimo por el amor a mí misma. También por el amor a mi profesión, a mi familia y a mi ideología. Soy firme y les soy fiel.

¿Hasta dónde es suficiente? ¿Hasta cuándo se deja de tener miedo a que nos lastimen o a demostrar el amor por otra persona? ¿Por qué todavía no sé si valdrá la pena decirle que me estoy enamorando de él?

En el fondo sé que todavía puedo y quiero seguir luchando. Y también sé que la lucha por el amor de una pareja es directamente proporcional a la correspondencia que se tiene de dicha pareja. Así, supongo que volveré a luchar cuando pise un camino firme, cuando sienta que vale la pena, y finalmente cuando mi corazón se sienta correspondido.

O de plano, cuando se me quite el desenfado y las ganas de enamorarme no me taponen el sentido común ni me tejan dobles puntos de crochet en el corazón.

Me da miedo estar creando una resistencia tolerada a un sentimiento de cariño que sucesivamente se pudiera convertir en algo fuerte y duradero. Quizá el chico me lo esté contagiando.

¿Y si el cuerno ya me salió y no me di cuenta? (¿Ya escuchaste Ambar violeta?)


"Nadie lo sabe ni nadie la vio,
ahora tiene un gran cuerno bajo el corazón.
Y se esconde de todos los hombres que quieren tenerla".

miércoles, 10 de junio de 2009

La guerra entre mis palabras

El cuaderno está (literal) debajo de una pila de fotocopias que mide unos viente centímetros. ¿Cómo carajos voy a terminar de escribir una historia, cuyos borradores principales fueron sepultados por mi misma, y que mi memoria ni siquiera registra cuándo sucedió esto?

Fuuuuck.

"Las palabras me hacen falta, me hacen falta cien millones de palabas". Escucha Las Palabras de Fito Páez.

No es filosofía, literalmente sé que me falta mucho saber; estoy "así" de no saber nada.

miércoles, 3 de junio de 2009

Sabio Don Pedro

Me desperté con un hambre terrible. Hice un montón de cosas, me arreglé, envié unos e-mails. Cuando me dí cuenta, el reloj marcaba las once horas y no me daba tiempo de comer algo antes de irme a trabajar. Cogí mi caja de ensalada y el bolso, el paraguas, el abrigo y salí de casa.

Un riquísimo olor me llegó a la nariz: era el olor a carnitas recién hechas del lugar de Don Pedro. Se me hizo agua la boca, llegué al lugar, hice fila y mientras el mismísimo Don Pedro se acercó a saludarme. Me preguntó cómo estaba, dónde trabajaba, preguntó por mis hermanas y por el más tóxico de todos los solteros. "Creí que te habías casado, no me digas que ya no estás con él" -me dijo en un tono un tanto paternalista. "No, de hecho él fue quien me cortó" -le respondí de un tajo sin hacer ninguna pausa (y sin pensar en mis palabras). Se puso serio, hizo una mueca y me dijo: "Ándale, qué muchacho, éste quería que lo mantuvieras".

Disimuladamente solté una carcajada. Le dije que seguramente había sido así y que hacía mucho tiempo que estábamos separados. "No se diga más, andale, desayuna" -concluyó. Llegué al mostrador, pedí un sólo taco, de maciza con una sola tortilla. Me supo a gloria. Tomé el cole y me fui al metro Cuatro Caminos.

No pude dejar de pensar en mi taquero favorito y en su sabiduría de hombre mayor. Filosofía kitsch, de Ciudad acalorada. Me puso bien. Me he reído mucho de esta mañana. ¿Era tan evidente la situación con el soltero tóxico, que hasta el señor de las carnitas se dio cuenta?

¿Hasta donde mira un tercero, las cosas de dos protagonistas ciegos? El historiador debería tomar en cuenta a su lector aún mientras escribe su historia, y no sólo al planearla y al terminarla.

La Historia no se escribe sola, me queda clarísimo. Por eso esta noche no tengo hora para irme a dormir. Entre San Antonio y Clío salí airosa de ese relato, de esa historia, de esa experiencia. Lloré muchísimo pero efectivamente todo sirvió. Y Don Pedro tiene razón, el chico tóxico estaba más preocupado de quién lo matendría si su madre dejaba de hacerlo. Qué horror, y qué manera de romperme el corazón.

Y dale, que el amor no se compra. Yo me doy por bien servida pagando mis frapuchinos y las croquetas del gato. Otra historia escribiré cuando me ponga con un chico a hacer inversiones hombro con hombro.

Lo otro no era amor, meses después resulta fácil de comprender. Suyas eran ganas de tener una segunda mamá. Y mis ganas eran estupidez, pura y ciega estupidez.

martes, 2 de junio de 2009

Decidí creer

Decidí apagarme la memoria y dejar de vivir un poquito en el pasado.

Hace rato cogí la revista Glamour para leer un poco de pajita antes de ponerme a trabajar. Casi al centro de sus páginas, llegué a un test sobre el amor, el primer paso decía "menciona para ti misma el nombre del chico con quien quieres estar". Okey, sólo tenía que pensar en un nombre...

No supe qué responder. No tengo ningún nombre de algún chico para responder.

En otra circunstancia, esta sería una grave situación. Y entonces me acordé de que el sábado por la noche, que salimos a tomar unas cervezas y a escuchar música en vivo, pensé todo el tiempo que todo estaba bien así. Efectivamente, tengo muchas ganas de vivir una relación amorosa bien, completa, en serio; pero que no suceda no me quita el sueño.

Por el contrario, me sigue dando miedito que me rompan el corazón, perder el control o ser rechazada. Supongo que son miedos que siempre van a estar allí, pero de todas formas quisiera evitarme la pena.

Luego me acordé de Jazmín y de cómo se le salen las lágrimas al acordarse que José Ángel no le responde y no tiene tiempo para verla; me acordé de la chica diseñadora de modas y su corazón roto, me acordé de mi hermana Maricarmen y del chico perfecto que espera que llegue y que nunca llega. Caí en la cuenta de las manías que tenemos como chicas, de los errores que cometemos y de lo cíclicas que pueden ser nuestras decisiones.

Pensé que en el fondo, aún cuando me siento muy sola algunos días -sobre todo los domingos-, las cosas van muy bien y he comenzado a preocuparme por la persona a la que siempre dejaba al último: me he preocupado por mi misma. Y por comer bien, y por no fumar tanto, por dormir las horas reparadoras de sueño, por ir al médico, por tomar buenas decisiones. Me he preocupado por ser feliz y por palomear los pendientes de mi lista kilométrica para tener tranquilidad otra vez.

Si un chico llegara en este momento y me cautivara, y me pidiera el corazón de regalo entregándome el suyo, estaría re bien y viviría una historia de fábula. Me comprometería y me emborracharía de amor. Si el chico no llega, todo va a estar bien igual y seguiré siendo la misma. No me quedaré coja ni manca y supongo que tampoco me voy a morir por no tener pareja.

Las revistas están llenas de cosas y consejos y tácticas para lograr que el chico que deseamos se enamore de nosotras. ¿Y si aún así nada tiene sentido? ¡Cómo carajos voy a lograr que alguien se enamore de mi, si ni siquiera sabe que existo! La Ciudad necesita una limpia y yo necesito un martini. (Lo bueno que Copo llega esta semana). Necesito ese martini, un café latte, una copa de suprema de toronja, una conversación con San Román, una salida al cine con Mafka; pero no estoy segura de "necesitar" la relación con el chico ideal.

Quizá todavía no esté lista y entonces deba seguir trabajando muy duro para comprarme un coche, para terminar el libro, para conseguir otro trabajo, para viajar el año que entra, para salir a bailar, para ir de compras, para leer los libros que tengo pendientes, para ver las películas que están en cartelera, para escuchar a Calamaro en vivo otra vez, para ir a cenar al restaurante de comida turca, para ir a comer al Giancarlo y recordar como era estar sentada en esas sillitas monas. Para salir con mi madre a tomar café.

Quizá mi relación ideal es esa: la que tengo con Mafka caminando en la Ciudad y hablando furtivamente por el móvil; la que tengo con San Román sentados en el Sanborn's de la casa. La que tengo con mi padre y sus llamadas interminables, los cafés por las mañanas y las sonrisas al abordar los taxis. La de mis hermanas a larga distancia y a corta con un pésimo humor. La que tengo con Jazmín en nuestra hora de comida. La que tengo conmigo misma y me hace feliz caminando Eje 6 Sur.

La que dice San Román que tengo que trabajar para estar segura de que me merezco todas las cosas buenas de la vida. La que tengo con él comiendo como trogloditas en el bufé del Sirloin Stockade. La que me hace reír al subir a su camioneta 4x4. La que no debe cambiar, aún cuando el cariño se haga a un lado.

Todo está bien. Creo que por primera vez en mucho tiempo puedo decir que soy afortunada porque nada me hace falta. Las decisiones tomadas dan frutos. Los ciclos se comienzan a cerrar. El chico que me quiera como soy y se enamore de mi, un día de estos llegará.

Mientras, el espinoso camino de la chica soltera en la Ciudad se ha vuelto divertido. Y rico, y próspero, y fértil, y fructífero. Y digno de vivirse, me siento orgullosa por eso. Tengo a mis cómplices, y me tengo a mi misma.

Yo creo y con eso basta.

lunes, 1 de junio de 2009

JURAMENTO DE AUTOESTIMA

Venga, reconócelo Mariposa Tecknicolor, sin contar con tu hombre ideal, eres lo mejor que hay en la tierra. Es verdad que a veces te deprimes y no quieres hacer nada porque nada te interesa, pero también hay que reconocer que el resto de las veces eres muy optimista, perfeccionista y dedicada. Nadie sabe hacer investigación histórica como tu. Si ya lo dice tu madre: eres la mejor historiadora del mundo. Por eso, a partir de hoy vas a dejar de torturarte por no tener pareja y comenzarás a quererte por ser responsable, persistente e inteligente. Y si alguien llega y te dice que eres una persona equivocada, dile que puede coger y largarse a la fregada.