jueves, 16 de agosto de 2012

Con todo y miedo, vas.

A pesar de lo difícil que fue sobreponerme de mi última relación, ahora me alegro de haber contado con la ayuda que me brindaron para salir adelante. Gracias a eso, ahora puedo ver todo en un plano horizontal, un mapa completo, rompecabezas para armar, o digamos, las cartas sobre la mesa.

A pesar de lo difícil que es darse otra oportunidad para conocer, confiar y querer a otra persona, en esta ocasión me propuse intentarlo desde la génesis de un noviazgo. La primera cita, conocerse a través de una conversación. Cine, cena, abrazo de despedida. Llamada por teléfono antes de empezar el día. Mensaje a la hora de la comida. Llamada antes de ir a dormir. Fotografías. Nuevos recuerdos. Nuevos planes. Un nuevo proyecto.

Estoy ilusionada.

Es la primera vez en mi vida, a punto de cumplir 29 años, en la que pude explicarle claramente a un pretendiente qué es lo que espero de mi misma, de una relación, y de mis planes a futuro. Me entendió. Hablé alto y claro, sin pena, sin titubeos. Una noche antes de esa cita, estaba acostada en la cama dando vueltas, aterrada porque no sabía qué iba a pasar en la cita del día siguiente. Y con todo y miedo, me levanté por la mañana, me arreglé y estuve lista para que el chico pasara por mi. Con todo y miedo, fui. Me siento orgullosa de haberlo hecho.

No se sabe nada, pues, como en toda relación que inicia. No se sabe siquiera, si vamos a llegar a fin de año... pero eso no importa. Me siento viva, caray, bien viva. Con todo y miedo, lo estoy intentando y me estoy permitiendo vivir la experiencia de conocer a un chico como si fuera la primera vez.

Y en realidad es la primera vez. Primera vez que puedo expresarme así, frente a una persona que me propongo conocer, y confiar en él. Primera vez que pongo límites, que proyecto seguridad, y que logro mostrarme tal cual soy. Estoy contenta.

Es la primera vez que sin miedo, salgo a la calle tomada de la mano de un chico, sabiendo que mi corazón está tranquilo. Es la primera vez que no siento aquella ansiedad recorriéndome las manos, hacia los codos, los hombros y parte del cuello. Es la primera vez que me tomé el tiempo suficiente para pensar las cosas, para tomar decisiones y para elegir, sin esperar que eligieran por mi. Es la primera vez que le digo a alguien que me gusta, sin arrebatos ni impulsos.

Es la primera vez que me siento feliz, después de haber aprendido a vivir con el alma rota.

lunes, 30 de julio de 2012

Tengo todas las razones para seguir creyendo.
Tengo todas las fuerzas para que mis palabras sigan reflejando amor.
Tengo todo para salir adelante.

Debo rescatar este espacio, y quiero seguir leyendo.
Tengo todo para seguir escribiendo sobre esta histérica Ciudad.

miércoles, 20 de junio de 2012

Con fecha de caducidad.


Es como estar jugando a brincar la cuerda en la orilla del precipicio.
Tarde o temprano me voy a caer hacia el vacío.

¿Qué es el amor? Nadie está seguro de eso.
Y aquí vengo yo, a enamorarme hombre que tiene un encanto maravilloso, que me ha hecho entenderme a mi misma como nunca imaginé. Y todo está en nuestra contra: los estados civiles, los estados políticos, las fronteras geográficas, las delimitaciones religiosas e ideológicas… y aun así esto sucedió.

Destino, ahora realmente no creo en el destino. Mírame, me senté a tomar una copa de tinto en ese restaurante que se encuentra sobre un puente, y me encontró, literalmente el chico me encontró. Como dice la canción de Fito Páez, él no buscaba a nadie y me vio, buscando margaritas del mantel… Y toda una historia ha venido detrás de nosotros. Hemos dejado maravillosos recuerdos en cada una de las ciudades en las que hemos estado; hemos aprendido más en 25 días que en años de estar viviendo en las grandes capitales del mundo.

Y así, como si nada, se fue a un país del cono sur. Y yo, con todo y mis recuerdos, me quedé en la Ciudad de México, a donde pertenezco.

De pronto me veo envuelta en papeles viejos de 75 años de antigüedad, en periódicos que casi ni siquiera se pueden leer. Me veo metida en textos que tengo que terminar de escribir, pero que no quiero. Me veo metida en unos jeans talla 5, sin saber que bajé 3 tallas. Me veo frente a este espejo, escribiendo en el teclado como si me pagaran por ello… bueno, de hecho me pagan por ello; escribiendo en el teclado con todo el ánimo del mundo, por primera vez sé como acaba la historia, sé cómo debo de escribir, pero esta vez no quiero hacerlo.

Así pasan los días, y me lleno de buenas noticias. Las cosas se han puesto mucho mejor desde que me mudé de casa. Mis amigos se han convertido en mi verdadera familia. Ayer recibí el número del Boletín en el que me publicaron un artículo. Vine de regreso al lugar en donde toda la historia comenzó…

Y la mensajería llegó para dejarme regalos que el chico no puede venir a entregarme. Y su guardarropa se dispersa entre mis manos, dejándome camisetas de rayas azules que huelen a Old Spice, y que envuelven cartas de amor con letras de canciones en un idioma que no puedo comprender... ¿Cuál es el punto? Esto nació con fecha de caducidad. El plazo ya se cumplió, y todavía no llega la verdadera despedida.

Taxis, muchos taxis; Metrobús, Metro, camiones, Terminales de Autobuses, aviones, dos aeropuertos; un Autobús que te abraza mientras viajas, un coche que me sostiene al manejar. En la gran ciudad, todos los medios se han puesto de nuestra parte.
 

lunes, 21 de mayo de 2012

Pero a cambio...

Puede que haya habido muchas pérdidas, porque de hecho las hubo, pero también hubo ganancias y  maravillosas experiencias aprendidas. La vida me ha puesto en el camino a gente maravillosa, gente que me ha ayudado mucho más de lo que imaginé que alguien podía ayudarme.

Manejé la ruta de siempre, intentando engañar a mi cabeza, repitiéndome una y otra vez que no era la última vez que iba a manejar a ese destino.

De haber sabido que efectivamente, era la última vez que iba a manejar hacia allá, y de haber sabido que no iba a volver a amanecer en las entrañas de las ruinas de esta Ciudad, le hubiera tomado una foto al rayo de sol que se hace entre la rendija del edificio 11 a las nueve de la mañana y hasta las 9:10. Esa luz maravillosa que me hacía sentarme en medio de la cancha, en la banca terriblemente maltratada por los años y por la gente; la luz que me hacía calentarme la cara cuando más frío tuve el cuerpo. Era increíble ver como de edificios viejos, de concreto ahumado y roto, podía salir tanta cosa que me podía llenar de vida y hacer feliz.

Usualmente las mudanzas dejan pérdidas, olvidos, encargos... pero no ganancias. Bueno pues en esta última mudanza, gané una bicicleta elíptica, un lazo muy fuerte con mi hermana y una familia que se convirtió en mi protectora. Conocí a un señor que junto con su familia, se hizo cargo de todo sin pedirnos nada a cambio. Yo estaba en contra de perderlo todo, de dejar mis pertenencias y mis muebles en manos de un desconocido para no volver a saber de ellas jamás, pero finalmente entendí que son cosas que se ganan o se pierden, que se tienen o no se tienen. Mi hermana me hizo darme cuenta de que yo estoy bien, finalmente no me hace falta nada y no tengo ninguna cicatriz en el cuerpo que me haga recordar todo lo que pasó. Tuve que aprender a vivir con el alma rota, sin artículos materiales y con la mitad de mis efectos personales. Me siento terriblemente mal por haber olvidado mis botas color azul, esas también me duelen en el alma...

Puede que haya habido muchas pérdidas, pero a cambio me encontré a mi misma.
Ahora soy una persona muy feliz, perdí muchas cosas pero recuperé mi vida y la confianza en mi misma. Soy feliz de haberme decidido por la opción de seguir adelante.

sábado, 19 de mayo de 2012

Terminal 2

No creo en el destino. No creo que las cosas un día se hayan escrito, y estemos condenados a que así vayan a suceder. Creo firmemente en que cada uno de nosotros va buscando lo que desea, y va haciendo su historia acorde con las decisiones que toma o las oportunidades que deja pasar.

Estoy muy feliz. No estoy segura de qué fue lo que pasó para que yo estuviera ahorita, sentada en la sala del abordar, maleta en mano, esperando subirme a un avión en nombre de "todas las románticas del mundo", como lo dijo mi amiga Copo.

Sé perfectamente qué tuvo que suceder para tener una casa nueva, o tener una cama nueva... Sé qué tuvo que pasar para volver a estar con mis amigos, para regresar al bajío... Pero no estoy segura de como fue que comencé a hablar en otro idioma, de cómo le hice para seguir con esta seguridad tratando de masticar una lengua desconocida.

Blue jeans, tenis, foulard nuevo al cuello. El cabello plateado parece que va a volar; too much freedom for my hair. Café en mano, dona glaseada y labios color crema. Estoy en la Terminal 2, y esto apenas comienza.

Sí pude salir adelante. Sí pude encontrar otra forma de vivir.
Ahora soy muy feliz, y estoy orgullosa de mi misma.

jueves, 17 de mayo de 2012

Bueno, es del 79.
Por lo menos ya salí de mi propio vicio del año 1977.

Esto es cada vez más interesante.
Gracias a Dios, que la Ciudad ha venido a ser mi telón de fondo.
Esto sólo podía suceder aquí, yo sabía que no podía serle infiel a mi Ciudad...

jueves, 26 de abril de 2012

Esta vez es primavera.

Me quedé dormida pensando en ti, y afortunadamente soñé contigo. Entonces de pronto es como si en el corazón se prendieran unas cuantas velas, como si encendieran el calefón. Como si le dieran algo de esperanza a un condenado a muerte. Y te acordaste de mi, fue maravilloso entrar al local, formarme como cualquier persona, y de pronto ver tu cara de sorpresa cuando me viste allí, ¿pensaste que no iba a volver? Pues volví, y mejor que nunca.

Fue hoy, al mediodía, cuando comencé a sentir el calor de los papeles de hace 75 años, que me acordé que este viaje es idéntico al anterior, lo único que es diferente es mi corazón.

Estoy en la misma ciudad, en el mismo departamento, voy al mismo café, he frecuentado los mismos lugares para comer. Llegué a conversar con la misma gente. También llegué a trabajar con la misma gente, al mismo lugar, con los mismos papeles viejos que me marchitan las manos y me resecan el cabello. De pronto es como si el tiempo no hubiera pasado, como si todo fuera exactamente igual; como si el autobús hubiera viajado de regreso conmigo adentro, con todo y maleta, con todo y soledad.

Y entonces la gente intuye y comienza a esbozar preguntas, intenta articular argumentos y más y más preguntas... y entonces es una  maravilla no tener historia, no tener memoria y hacerse como si no hubiera pasado. Como si lo pasado, en efecto estuviera pasado. Y sonrío, me alboroto el cabello plateado y me cubro con mis raybans. Ni siquiera ha sido necesario decir mentiras o negar algo, simplemente hago uso de mi derecho a reservar mi opinión y a comunicarme. ¡Zip! Me quedo callada.

No hay motivo entonces para recordar la angustia que me invadió cuando supe que venía por mi. ¿Te acuerdas que llegué con él al café, en la penúltima noche que me quedaba acá? ¿Recuerdas su aspecto? ¿Recuerdas mis palabras entrecortadas? Que bueno que no. Yo me acordaba de ti, pero no de tu pelo largo, ni de tu complexión, y tampoco me acordaba de tu nombre. Hasta hoy por el mediodía me acordé que me hizo llorar frente a mi plato de enchiladas mineras, que nada le satisfizo, que la experiencia no le fue suficiente para despertar su capacidad de asombro.

Es incoherente e inaceptable que mi madre se ponga de su parte.

Y si no era el dinero, era que yo externaba las cosas que me hacían feliz, que me causaban placer o que simplemente me gustaba elegir. No puedo creer que llegué al punto tal de olvidarme de mi misma. Me alegra que la vez pasada no me hubieras pedido mi número de teléfono para salir, porque hubiera sido doble la pena.

Al parecer todo es igual, el viaje ha sido el mismo. Nada más pasaron nueve meses, viví trece días de juzgados, hice cinco mudanzas, perdi los muebles completos para poner una casa, olvidé un par de botas azules, me deshice de un vestido de novia, pasó un día biciesto, falleció mi mejor amiga; fui a la playa a revolcarme en las olas del mar, perdí ocho kilos, dejé de fumar, comencé a dormir de noche, tomé condición física, tuve un accidente, aprendí a vivir con el alma rota, me hice cargo de mi misma, le menté la madre al miedo, tuve el valor de seguir adelante. Tuvo que pasar todo esto, para que pudieras verme entrar  a la tienda con mi portafolios en el hombro y mi pelo alborotado, para que pudiéramos conversar una semana más, y pudiera yo ubicar mi domicilio conocido en el Jardín Unión.

Por eso me alegro muchísimo de haberme quedado dormida pensando en ti.

Todo es igual, el viaje ha sido el mismo. Lo único que cambió es que esta vez es primavera.