Desperté cuando estaban dando la noticia de que Zenani Mandela, bisnieta de Nelson Mandela, falleció. Vi al "presidente" haciéndole de presidente. Vi el inicio del partido y justo en eso me metí a bañar. Se me hizo tarde, por supuesto. Me vestí con lo primero que encontré, tomé mis cosas, me hice un café relámpago y salí rumbo a la oficina. Al pasar por la Facultad, antes de tomar Periférico, me sorprendieron los altavoces que el gobierno municipal tuvo a bien poner en las colonias aledañas al Ayuntamiento, para que la gente pudiera escuchar por lo menos cómo iba el partido.
Fue asombroso y un tanto mágico. Me sentí en los años 30, como en esta historia que tantos años me costó escribir, en la que el gobierno cardenista puso altoparlantes para el adiestramiento higiénico y social del pueblo. Todo a través de la radio nacional. Caray, ¡cómo me gusta la historia de la radio de mi país!
Lo mejor de los días de fútbol, y sobre todo de cuando juega la selección de mi país, es que la Ciudad está desierta. Son 90 minutos mágicos en los que nadie sabe nada, más que la alineación del equipo y en las jugadas que llevan a cabo. La gente está en sus casas, en los bares o restaurantes, y la Ciudad... vacía.
Crucé la Ciudad, de la zona metropolitana a la colonia Narvarte, en aproximadamente 25 minutos. ¡Veinticinco minutos! ¿Puedes creerlo? Amo el fútbol. Aún cuando me desperté tarde, me bañé a mis anchas, pero me apuré en arreglarme y hacerme un café, llegué a tiempo a la oficina. Amo el fútbol, me encanta que provoque que la Ciudad se detenga por unos minutos y que la gente no salga con sus coches a hacer congestionamientos.
Espero que los días que le siguen a este mes de Copa Mundial, sigan igual. Y sobre todo, los días en los que juegue la selección nacional.
Ahora bien, no puedo evitar sentirme un poquitín culpable porque en mi círculo soy a la única persona a la que no le preocupa mucho si ganan o pierden, si la alineación es la adecuada o si el entrenador está haciendo lo correcto. Chale. Creo que lo siento un poco por mi papá, porque cuando hablamos de fútbol, sólo comento lo que Alfredo Domínguez Muro me susurra en las mañanas mientras él me cuenta toda la historia de la squadra italiana tetracampeona, y cómo fueron los entrenamientos en el Mundial del 70. Shit.
Por lo demás (y lo siento por mi padre), sólo me resta reiterar que soy feliz los días de fútbol porque la Ciudad está tranquila, se calla un rato y luego... de regreso al huracán de festejos (que no se sabe si tienen razón o no) sobre Reforma y frente a Palacio Nacional.
Fue asombroso y un tanto mágico. Me sentí en los años 30, como en esta historia que tantos años me costó escribir, en la que el gobierno cardenista puso altoparlantes para el adiestramiento higiénico y social del pueblo. Todo a través de la radio nacional. Caray, ¡cómo me gusta la historia de la radio de mi país!
Lo mejor de los días de fútbol, y sobre todo de cuando juega la selección de mi país, es que la Ciudad está desierta. Son 90 minutos mágicos en los que nadie sabe nada, más que la alineación del equipo y en las jugadas que llevan a cabo. La gente está en sus casas, en los bares o restaurantes, y la Ciudad... vacía.
Crucé la Ciudad, de la zona metropolitana a la colonia Narvarte, en aproximadamente 25 minutos. ¡Veinticinco minutos! ¿Puedes creerlo? Amo el fútbol. Aún cuando me desperté tarde, me bañé a mis anchas, pero me apuré en arreglarme y hacerme un café, llegué a tiempo a la oficina. Amo el fútbol, me encanta que provoque que la Ciudad se detenga por unos minutos y que la gente no salga con sus coches a hacer congestionamientos.
Espero que los días que le siguen a este mes de Copa Mundial, sigan igual. Y sobre todo, los días en los que juegue la selección nacional.
Ahora bien, no puedo evitar sentirme un poquitín culpable porque en mi círculo soy a la única persona a la que no le preocupa mucho si ganan o pierden, si la alineación es la adecuada o si el entrenador está haciendo lo correcto. Chale. Creo que lo siento un poco por mi papá, porque cuando hablamos de fútbol, sólo comento lo que Alfredo Domínguez Muro me susurra en las mañanas mientras él me cuenta toda la historia de la squadra italiana tetracampeona, y cómo fueron los entrenamientos en el Mundial del 70. Shit.
Por lo demás (y lo siento por mi padre), sólo me resta reiterar que soy feliz los días de fútbol porque la Ciudad está tranquila, se calla un rato y luego... de regreso al huracán de festejos (que no se sabe si tienen razón o no) sobre Reforma y frente a Palacio Nacional.
1 comentario:
Mariposa, no comparto del todo el sentimiento. Mentiría al decir que no me gusta el futbol, también mentiría si te digo que me apasiona. La verdad es que terminando mi examen de física salí volando de la escuela para llegar a tiempo a ver el partido que me decepciono. Me gustó más el de Alemania vs Austria, que fue el día de hoy. Qué cosas... En fin Mariposa, disfruta del futbol, aunque no lo veas (:
Un beso y abrazo fuerte!
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