lunes, 30 de noviembre de 2015

Me gusta que su voz llegue al mismo tiempo que la lluvia.

Casi no podemos recordar cómo fue que nos conocimos, cómo coincidimos y cómo nos vimos por primera vez. A pesar del placer que nos ha traido

Desde aquí, desde donde parece que vivimos en países pequeños, desde donde la lluvia cae a destiempo, desde donde Cé... yo lo amo.

Gracias.

viernes, 24 de abril de 2015

No te olvidaste del centro de mi corazón.

No recuerdo mucho, le dije, luego del tiempo de ruptura de hace unos tres años y medio, me prometí no recordar cualquier cosa y me propuse hacerme de una nueva memoria.
Nos vimos, me dijo, una última vez en el Franz Mayer. No lo recuerdo, me disculpé. En mi afán de atar detalles y construirme un recuerdo, le pregunté ¿qué era lo que traía puesto? Unos jeans y una camiseta blanca. Reí, reí mucho... Definitivamente era yo, le dije, jeans y camiseta blanca es siempre mi elección favorita.

Seguí riendo. Conversamos cerca de noventa minutos más. Estoy complacida de que me haya escuchado con detenimiento. Estoy contenta de haber decidido ponerle atención.

Pasé una noche sumamente amable y pude dormir bien. Desperté temprano, contenta, me alisté y salí de casa. Poco a poco comencé a pensar en todas las cosas que dijimos anoche, volví a reír, estoy notablemente contenta.

Escuché su voz después de muchos años, y parece que no ha pasado el tiempo. En un momento sentí como si nos hubiéramos quedado parados en el mismo sitio de la línea del tiempo, pero en diferente espacio. Recordé los lugares, la Facultad, los pasillos del edificio en el que estudiábamos, las personas, sus gestos, la risa y sobre todo recordé el olor a cigarro encendido. Volví a escuchar las canciones que cantábamos, y me inventé los nuevos olores que ahora nos pertenecen.

No puedo correr, no lo quiero hacer, ni lo sé hacer. Ya se me olvidó cómo se hace todo esto -es real. También es real que quiero aprender. Siento, no sé, en el centro de mi corazón, que quizá quieras aprender conmigo.

viernes, 27 de febrero de 2015

Seis de diciembre, 2014.

A veces siento que  muchas cosas llegaron muy pronto a mi vida, y que no fui hábil para manejarlas, me faltaba aprender cómo hacerlo... por eso no las pude aprovechar, por eso no sobresalí.
De pronto me doy cuenta de que me han presionado mucho para hacer cosas que ni siquiera estaba segura de querer hacer...

jueves, 5 de febrero de 2015

Hace doce años, en el Sanborns de Los Azulejos, conocí al Rey Sol.
Doce años de historia que sólo yo me he dedicado a escribir.

(Histérica histórica, en tu honor.)

domingo, 1 de febrero de 2015

Carta abierta al tiempo.



Buenos días,
Gracias por escribirme.

Me sorprende mucho lo que dices, y al mismo tiempo me sorprende tener el sentimiento de extrañarte.
También tengo lindos recuerdos de ti, pocos, me desespero porque no me puedo acordar más y eso no me gusta... Pero ahora te leo y me gusta saber que me encontraste y que como dices, estamos a una llamada de distancia. 
El año empezó y me han pasado muchas cosas, he estado ocupada pensando y resolviendo y reflexionando... De pronto me pongo triste. Pienso en esto que dices de que el tiempo pone todo en perspectiva, y me doy cuenta de que soy una mujer que va dejando a la gente atrás, y aunque entiendo que es normal, a veces quisiera que las circunstancias no cambiaran tanto o tan rápido. He sido muy feliz en distintos lugares y con distintas personas y de pronto me encuentro con que de eso ya no queda nada. No quedan mis amores, no quedan mis amistades, no quedan mis lugares, lo he dejado todo atrás.
Esas cualidades de las que hablas, parecen ser lo que más le molesta a la gente ver en mi: soy muy inteligente y nunca falsa, siempre auténtica. Nunca me propuse ser así, nunca quise esto, y sin embargo en esto me convertí.
He llorado mucho, a veces escribo, pero sobre todo trato de adaptarme al cambio de mi piel, acepto como mi piel se transforma, me amo así, transformándome, pero necesito tiempo para asimilar las cosas. 
Entonces el otro día me acordé de ti. Y anoche leí nuestras cartas y por eso te escribí. Te extraño. 
Quisiera saber como es eso de platicar horas y horas contigo, pero casi trece años después de conocerte... Que loco ¿no? Quizá pasen otros trece para volverte a ver. Pero sé que eres cercano, sé que escuchas, no sé sí me entiendes, pero sé que me lees y con eso basta.


Un abrazo y un beso fuerte,

lunes, 8 de diciembre de 2014

En tu honor.

Hace ya un montón que no escribía en esta página en blanco.

En un principio creí que era la misma mujer que empezó a escribir en el año 2008, pero ahora rectifico y me doy cuenta de que soy diametralmente distinta. Por mucho soy yo, más consciente y soy fuerte. Algunas veces quisiera olvidarme de todo lo que me hizo llorar o de todo el dolor que sentí, pero sé que eso no sucederá. Otras veces quisiera olvidarme de cómo se siente tener el corazón roto, de cómo se vive la desilusión, pero sé que eso no sucederá, y ahora entiendo que todas estas cosas han sido una constante.

Mi vida dio el giro que siempre busqué, pero que no imaginé cómo sucedería. Y no lo dio nada más porque si, sino porque tomé decisiones que me encaminaron a ser esta mujer y a estar tranquila y a ser feliz. De alguna forma todavía no entiendo o no descubro cuál es la estructura de mi camino, cuál es la ecuación que se encargará de darle sentido a todo lo que viene, al resto del otoño, al curso de invierno, a las habitaciones de mi corazón.

Entre todas las interrogantes, entre todos los huecos de información, viene entonces un viernes cualquiera, en el que mi auto se guarda en tu garage, en el que tu cena se sirve en dos platos, en el que reímos hablando de política, me preparas un café casi a la medianoche, y comenzamos a hablar de todas las cosas de las que siempre hablamos como si nunca dejáramos inconclusas las palabras y las frases y la risa... "Histérica histórica", en tu honor, te digo, mírame, míranos, como si no hubieran pasado casi doce años, sigue siendo en tu honor.

Histérica histórica, esa es la constante.


viernes, 21 de noviembre de 2014

Doce de madera mojada, a la que le ha nacido musgo color gris.

Will you still love me when I'm no longer young and beautiful? I think you will.

¿Te molesta si me maquillo en la mesa? Le pregunté. No, acuérdate que tú puedes hacer lo que quieras, me respondió. Entonces saqué una bolsita preciosa de mi bolso, blanca, chiquita, de flores color púrpura; de ahí saqué un espejo de mano que parece polvera y un pincel largo de cerdas rasas, tomé el pincel con firmeza, levanté la cara y con la otra mano enfoqué mi rostro en el reflejo de mi palma, dibujé un largo y brillante mechón de canas en mi melena, sobre mi frente, de lado derecho de mi cabeza. Le di un largo sorbo a mi taza de café, él bebía plácidamente un jugo de naranja, tal y como al amanecer bebió de mi cintura. No me miró, no tenía que hacerlo, estaba enfrascado en una discusión que no tengo por qué entender, pero nuestros pies no dejaban de hablar entre ellos.

Hace un año cambiamos de automóviles para ir a desayunar, pero esta vez no fue así. De hecho no estaba segura de estar escribiendo el año doce, pero para mi sorpresa ahora me doy cuenta de que la estructura la puso él, no he escrito sola en estos meses. Llovía, y una vez más mi auto nos hizo una jugada, no se perdieron los planes, no nos tardamos más que un ratito en lo que todo se normalizaba. Condujimos, uno para el poniente, el otro para el sur. La lluvia se puso de nuestra parte y cesó, pero no cesaron las palabras, las risas y la cena en el lugar donde todo sucede.

Volvimos a vernos un par de horas después, y fue entonces cuando llegó el amanecer. Después una taza de café americano, mi computadora y mi desesperación. Como si el tiempo no hubiera pasado, como si nos hubiéramos visto ayer. Vinieron con nosotros mis remedios en botellitas de vidrio, los calcetines blancos y el camisón color azul. No hubo cepillo de dientes, y la tinta en él fue el color de mi piel morena. Reconocí el olor de madera mojada a la cual le nació pasto fresco o un tanto de musgo gris, recordé la primera vez que lo tuve así de cerca mientras mis manos fueron una especie de bálsamo para su cuello y para sus hombros.

Después todo sucedió: la lluvia, las flores, la noche... la humedad de nuestras carcajadas, el olor de nuestras palabras. Pasó la medianoche y yo no supe si era miércoles o jueves, si era hábil o asueto, si era él o era yo, no supe si era yo como otra o mi misma como la que hacía mucho no era. Traté de escribir. Seguimos riendo. Contó muchas de sus historias y platicamos de nuestras ideologías, me prometió y yo le cumplí. Por eso la conversación de política es antes de la lluvia, le dije, él rió y seguimos así hasta que nos atrapó el sueño.

Me conoce antes del mechón de canas, después de la luna de mi espalda y antes de las flores de mi muñeca. Hemos estado juntos desde antes de los patines, antes del coche azul y cuando perdí el clásico 75. Hemos hablado muchas veces de noticias, de las pandemias, de sus historias y de la Historia que todavía no me sé. Ahora el coche es rojo, la bicicleta se triplicó y suelo equivocarme de número de departamento.

¿Por qué tú y yo ya no peleamos? Le pregunté. Soltó una carcajada, dijo que porque ahora sabemos que hay cosas más importantes que eso, ahora sé que las cosas importantes son algo así como saber que nos seguiremos queriendo cuando ya no seamos jóvenes ni hermosos, estoy segura que serán más de doce años en la lista, estoy segura de que así será.

Un par de días después deshice la maleta. Volví a mi estudio y traté de poner mis cosas en orden, separar el brandy de las flores y los perfumes mágicos de mis botellitas de vidrio con remedios. Puse en su lugar los cepillos de dientes y los pares de calcetines, la camiseta, y entonces salió del bolso el camisón azul. Huele a madera mojada con musgo fresco, huele a risas antes de dormir cuando ya se ha apagado la luz, huele a su cuello untado con el bálsamo de mis manos.