lunes, 24 de enero de 2011

Es lunes... te extraño.

Ya he dicho varias veces que no sé a ciencia cierta lo que el amor es. No estoy segura de cómo surge, no sé tampoco cómo se ve o qué se tiene que hacer cuando llega, o cuando uno cree que está llegando o que va a llegar.

No estoy segura, pero puedo suponer que el amor huele a lo que huelen mis sábanas luego de haber estado contigo todo el fin de semana. Este dulce olor que me revuelve las tripas los lunes en la noche, cuando las distancias en esta ciudad, tu trabajo, mi instituto, tus hermosos edificios y mi casa entre neblina, no nos dejan pasar la cuarta noche que seguimos deseando.

Es entonces cuando las sábanas me envuelven y me hacen recordar. Y aquí vienes, aunque no estés conmigo. Y entonces a esto debe oler el amor, esto que tanto me vuelve loca, tanto que me da vida, que me hace seguir adelante. Es una mezcla de tu loción con mi perfume, el de la coronita rosa que me trajeron de Miami, y la tuya fresca como las mañanas en las que me propongo exprimir naranjas para llenar una jarra completa de jugo para el desayuno. Y todo eso, cítrico, suave, mascabado, cafeína, tabaco, feromona, risas... toda esa maravillosa mezcla vive en nuestras sábanas, y muy seguramente se llama amor.

Te extraño. Y así es. Ahora entiendo eso de que nunca es suficiente.

domingo, 23 de enero de 2011

Un domingo cualquiera.

En el mismo lugar que albergaba una interminable pelea de divorcio y a la chica más pesimista y desconfiada ante el compromiso amoroso, ahí, al fondo del taller, estaba puesto sobre un maniquí de terciopelo rojo, mi vestido de novia.

Cuando me enteré de que la chica en medio de la bronca del divorcio llegó con la mayor parte de sus pertenencias -o lo que creía que era de ella- metidas en un taxi, quise salir corriendo, porque me imagino que debe ser sumamente difícil ver cómo alguien planea una boda y hace ajustes a un maravilloso vestido, justo frente a una situación de separación.

Dicen que los vestidos de novia están listos sólo hasta unas cuantas horas antes de que ésta suceda. En mi caso, a veces me desespero tanto, que me dan ganas de casarme con el minivestido color obispo y mis botas de lápiz color café, o con el mítico vestidito negro y las mismas botas, y la gabardina azul que completa el outfit, para sentirme plenamente cómoda y darle a mis ojos verdes un motivo más para que sonría todo el día.

Un domingo cualquiera. En el taller de mi mejor amiga, la Diseñadora de Modas, con agua embotellada y sandalias de tacón, sobre una silla forrada de tapiz de flores. Tomando fotos. Riendo a carcajadas.

Un domingo cualquiera, que siendo sinceras, pensamos que nunca llegaría o que se tardaría muchos años más.

Un domingo cualquiera, de esos que ahora sí me gustan, y que me hace recordar que hubo una vez que yo también fui una soltera empedernida, con la coraza puesta y un cuerno bajo el corazón. Domingo que también me hace recordar que hubo una vez en que no me gustaban nada.


domingo, 9 de enero de 2011

Y entonces me encontré como ella

A menudo se me olvida cuál fue el motivo fundamental por el cual me hice de esta columna. Tenía el corazón roto, me sentía muy sola, con pocas cosas qué hacer, qué escribir formalmente y qué visitar. Me refugié en mi Ciudad como muchas otras personas lo han hecho. Me refugié en mis ideas y en mi escritura, como muchos escritores lo han hecho. Me refugié en mi misma, como las mujeres más valientes me lo enseñaron a hacer.

Hoy, que mi vida ha cambiado tanto como nunca me lo imaginé, a veces pierdo el sentido de esta columna, de este espacio que me abrí a mi misma.

Conocí a lectores entrañables, hice verdaderas amistades y contactos virtuales que no quiero perder nunca. Entonces comencé a sentirme muy acompañada. A lo largo de mis relatos, de mis nostalgias y tristezas, de los recuerdos de un soltero que intentó hacerme tóxica sin éxito, he nutrido este espacio de mis más profundos deseos, de ficción combinada con toda la realidad que mis ojos han alcanzado a ver.

Algunas noches, como hoy, en que estoy acostada escribiendo en mi cama, con un gato echado en mis piernas, y los Ojos Verdes trabajando en la mesa redonda del fondo; y que escuchamos la misma música, y me interrumpe para preguntarme cuál es nuestra canción, entonces me doy cuenta -y me da miedo- que este espacio quizá ya perdió su objetivo.

He estado tentada a abrir otro espacio para construirme unos relatos que cuenten lo que ahora estoy viviendo. Pero mi Mariposa Tecknicolor es entrañable. No puedo dejarla. La extraño. Soy yo. Me convertí, me transformé, y entonces me encontré como ella, como una Mariposa Tecknicolor.

Tengo razón para buscar otro espacio, pero también tengo razón para quedarme aquí. Finalmente, las cosas que vivo en la Ciudad seguirán esperándome en el mismo sitio. Las personas que me hacen sonreír o que me hacen enojar en estas calles, seguirán en este sitio. Y si todo sale como lo planeamos, pronto compartiremos código postal.

La vida está llena de encrucijadas, y de decisiones que tomar. Hay oportunidades que no se dejan pasar. Hay amores que se deben tener cerca para siempre, y personas que se debe obligar a jamás volver. Hay páginas en blanco, que aunque me cueste trabajo completar, las ganas, mi instinto y mis dedos, siempre las terminan con punto final.

Prometo -lo hago a mi misma- no dejar esta columna en blanco.

viernes, 7 de enero de 2011

Con huevos

Tengo tanto trabajo que ya se me olvidó como pensar. No he tenido tiempo de hacer una lista de propósitos de año nuevo, de metas por cumplir, de cosas que quiero alcanzar. Creo que en el fondo no debo ser tan ambiciosa. El año pasado cumplí el 90 por ciento de lo que me propuse. Wow. Me cuesta trabajo creerlo.

Y ahora, me cuesta mucho trabajo articular una frase o un enunciado contundente. No sé qué pasa. Alguna vez me dijeron que el matrimonio y la maternidad le restaban neuronas al cerebro femenino. Me consta que no me lo dijeron en un contexto ofensivo, de hecho lo dijeron con mucha razón y pruebas suficientes. Mi madre dice que la mujer pierde un diente o una muela por cada hijo que tiene… y ahora me estoy dando cuenta de que quizá yo esté perdiendo materia gris.

Qué difícil, de veras, es la vida en pareja. Qué difícil es renunciar a lo que tanto nos ha costado construir, a lo que he levantado con tantísimo esfuerzo. Lo más fácil, por experiencia lo sé, es echarse para atrás, romper los compromisos, abandonar a las personas, dar por terminados los contratos. Mi padre lo hizo. Mi ex pareja también lo hizo. Yo me he resistido todos estos meses a mi naturaleza, a huir, a correr, a desaparecerme, y he seguido adelante.

Esta noche quiero llorar hasta secarme, parece como si mi situación no tuviera salida. No es que sea mala, no es que no sea feliz, es que nadie me enseñó cómo es que se forma una familia. Con huevos, me van a decir algunos. Con inteligencia y sentido común, diría mi papá. Con el corazón, diría yo.

Ya pasan de las doce. Ya me chupó la bruja. Un punto menos a mi trabajo final, no lo pude entregar a tiempo.

Este año no seré tan ambiciosa. Estoy aprendiendo a fuerza, que no se puede tener todo, ni hacer todo, ni juntar al novio con los amigos, el trabajo con la familia, ni la cama con la vida pública.

La pregunta de si estaré o no a tiempo todavía de decidir qué es lo que prefiero, si familia o carrera profesional, todavía no tengo el valor de hacérmela.

jueves, 6 de enero de 2011

Para que se queden en su jaula.

Cómo me acuerdo de ti cuando escribo sobre el materialismo histórico. No me acuerdo cuándo fue la última vez que escribí leyendo a Carlos Marx. Quizá fue en tu departamento, usando el ordenador color azul, viéndote de lejos en el estudio, mientras yo estiraba los pies sobre la silla de la mesa de cristal. Te extraño, maldita sea.

Me prometí a mi misma que no te dejaría de ver nunca, me prometí seguir prometiéndome que siempre estaríamos juntos. Tu me prometiste que no me dejarías sola, que no me dejarías de querer; que siempre estarías allí sosteniendo mi bate para pegarle a las peores curvas que me enviara la vida. Y todo cambió.

Ahora, cuando llega la mejor curva que me ha enviado la vida, la ansiedad hace su aparición, me esconde el bate, me confunde, me hace sentir mal.

El amor... carajo, aún cuando con certeza todavía no sé lo que es, llega y no se detiene. Me siento feliz, de eso estoy segura. Pero de pronto, hay cosas que me hacen falta...

Es muy común, que dentro de una vida llena de inestabilidad, uno se acostumbre a autosabotearse, a meterse el pie, a hacer de cuenta que nada está valiendo la pena. Y es entonces, estoy segura, cuando me acuerdo de ti, cuando me acuerdo de lo que teníamos y de cómo eras cuando estabas conmigo. Nada parecido a lo que eres hoy, cuando de lejos te vuelvo a ver. Entonces viene otra vez la ansiedad a estacionarse en mis muñecas, a ocasionar que mis puños se cierren, y que no pueda ponerme a escribir.

Son muchas cosas, tantas... que es un huracán.

Me da miedo comenzar a extrañarte tanto. Debo conformarme con verte descender del coche todas las tardes, por algunos cuantos días más. Y aunque suene a cliché, todo esto que siento no eres tú, es mi circunstancia.

Esta tristeza no soy yo, no es para mi, es la circunstancia. Esta nostalgia que quiere convertirse en sentimiento de soledad dentro de mi, no soy yo, no es para mi, es la etapa de inicio de año que toda la vida me ha costado tanto trabajo.

Mis demonios son felices en su jaula, viviendo todo el año unos con otros, a puerta cerrada. El problema es cuando me siento tan triste, tan mal, tan que nada vale la pena... que entonces debo cuidar que los demonios no se vayan lejos, se vuelvan a meter, para echarles llave otra vez.

Debo terminar todo de una vez, para entonces sí echarme a dormir días enteros.
Todo está bien. No debo sentir por eso, que algo anda mal.

sábado, 1 de enero de 2011

Veintidós de septiembre.

22/IX

En torno a un anillo de compromiso puede haber muchas cosas.

Hans estacionado en la esquina de uno de los ejes viales de esta Ciudad, que más han tenido que ver en mi vida.

El maravilloso significado que tiene para mi, el que dicho anillo haya tenido una dueña antes que yo.

Estar con mis Ojos Verdes frente a la mítica construcción de una de las Secretarías de Estado más importantes de la historia política de México del siglo XX. Mirar por el retrovisor de Hans sus paredes, un poco de la fachada, los colores de los muros exteriores. Terminar de crear en mi mente el mural que mis ojos no alcanzan a ver.

Lágrimas de felicidad.

Fiestas interminables con los amigos que son nuestra familia. Cerveza. Fotos. Calles de la colonia Condesa. Alcoholímetros que se burlan sólo una vez en la vida. Vueltas prohibidas que no pasan por la cabeza.

La libertad de responderle tus verdaderos anhelos, y tus sueños más profundos. La libertad de decirle que no importa que no hayas sido la primera, sino que importa que seas la última mujer en su vida.

El día en que entró el primer otoño que nos pertenece, que no me di cuenta, que estaba más preocupada resolviendo los cambios y las decisiones que vienen en nuestras vidas.

Maravillosas reconciliaciones.

Decir te amo a cualquier hora del día.

Pero lo más bonito, y lo que me llena de felicidad, es mirar todas las noches estas manos que escriben frenéticamente sobre el teclado del ordenador, y volver a mirar que ese anillo de compromiso se ha quedado desde ahora, eternamente sobre la piel de uno de mis dedos izquierdos. No importa cuánto trabajo tenga, cuántas palabras me falten por escribir, cuántos guantes de látex pasen por encima de mi piel; hay un hombre que me ama (y como rezaba todos los días y las noches un post-it sobre el espejo de mi habitación), tanto que quiere pasar el resto de su vida a mi lado.

Mi dedo, su tamaño, la cantidad de veces que se mueve sobre estas teclas a lo largo del día. Eso también está en torno a un anillo de compromiso. Dos días se tuvo que quedar en el taller para que lo ajustaran a la cintura exacta de mi dedo anular; dos días que sentí que algo me hacía falta.

En torno a mi anillo de compromiso, hay puro y simple amor. El símbolo de que no voy a dejar de luchar cada día para ser excelente, en todos los aspectos de mi vida.

Luego de mucho tiempo, esta es la primera vez que desde mi corazón siento que de verdad estoy tomando la decisión correcta. Soy muy feliz, tan feliz, como nunca me lo imaginé.

JURAMENTO DE AUTOESTIMA

Estás a bordo del barco, de una maravillosa aventura, del todo por el todo.

Vive. Ríe. Escribe. Besa. Ama.
Sé. Añora. Sueña. Sigue adelante.

Soy feliz, ¡sí señor! Feliz año nuevo a todos mis lectores. Una nueva historia me está esperando, y ustedes vendrán conmigo para disfrutarlo, estarán aquí para compartirlo.

Sinceramente,
Mariposa Tecknicolor.