Lo intenté. Tengo fe en que mínimo te puedes dar cuenta de que lo intenté. Me esforcé porque las cosas sucedieran y llegáramos a buen puerto. No lo logré. Ni hablar.
Esta noche he tenido mucho frío, que me provocó para pintarme las cortitas uñas de mis manos color carmín. Encima, preferías que fueran pálidas, que algunos días tu coche no saliera, que mis pies quedaran al frío, intentar hacerme chantajes sentimentales por no comerme una pera.
Lo siento, de verdad lo siento. Si es que debo sentirlo. Mis uñas son color carmín porque así quiero, así me gustan. Y quizá debí decirte que hace algún tiempo me prometí no hacer cosas que no quisiera; así las que deseé las hice, aún cuando dejé atrás alguna promesa rota.
La ansiedad puede ir y venir, así aprendí a manejarla. Pero mi libertad no se puede coartar. Ni siquiera cuando no te parezca mi sabor a cigarro recién fumado cuando termino de escribir, mis uñas obscuras, mi pelo suelto ensortijado o que algún día decida no llevar medias negras.
Tanto me pediste que no me enamorara, tanto me advertiste que no debía estar allí, que no debía esperar más de ti. Bueno pues funcionó. Qué increíble que se atrevan a meterle el pie a mi corazón, aún cuando eso implique meterle el pie a sus propios sentimientos o a sus propios deseos.
El móvil no suena más. El programa ya no avisa si me escribirás alguna vez. Pero a la Ciudad no la puedo engañar, y en algún momento la plaza nos hará cruzar.
Y cuando eso suceda, habrá que ver si sigue imperando mi soledad.
1 comentario:
La ciudad, solo sera un decorado del encuentro, la escena se dara en los ojos, como todo amor, hasta que baja al corazon para ocuparlo.
Un Saludo
Publicar un comentario