Otra noche que la paso mal. Me sorprende porque el sábado dormí como bendita, tanto que debería anotarlo en el calendario. No sé si es el frío, si es el colchón, si son los calcetines que me acaloran pero que luego me hacen falta. No sé si soy yo o mi ansiedad que insiste en regresar. No sé si son las noticias que estoy esperando, pero que todavía no quieren llegar.
Hay momentos en los que siento que ya no tengo motivos para escribir, que se me están acabando las historias que contar. No sé por qué me pasa esto. Hace un momento creí creer que es un poco de inseguridad, lo que me hace dudar de mi misma y de mi capacidad. ¿Es eso normal?
Quiero hablar con Mauricio y no tengo tiempo. Quiero ir al cine a ver la película que quedamos, y no coincidimos para ello. Quiero escribir hasta sentirme satisfecha, pero siento que se me revuelven las ideas. Cómo estaré, que me puse a leer la biografía de Pablo Escobar, y por ende, me acordé del soltero tóxico. Con ese cuate sí que se podía platicar de estas cosas. Él fue quien me resumió la historia de los cárteles colombianos, quien defendía el valor de Escobar por cometer suicidio y no dejarse asesinar. En fin. Cuestión de enfoques. Yo no me clavaba tanto así, pero sí disfrutaba esas conversaciones.
Y ahora, que mi vida ha dado otro vuelco, y que Mafka y la diseñadora de modas insisten en que este año he abusado del traje de camaleón, todavía hay detalles mínimos que me hacen reír. Que cuando transfiero una llamada, me respondan haciendo bromas con acento cubano, me mata de risa. A pesar de todo el estrés que manejamos mientras trabajamos, todavía existen atisbos de optimismo y buen humor.
De todo uno aprende, todo es cultura, y todavía no sé qué es exactamente lo que debo aprender de esto, supongo que será el hecho de que cualquier cosa es mejor que quedarme dormida todo el día en mi casa.
Las convocatorias están abiertas. Mi texto sigue en manos de los lectores. Sólo faltan tres de los cinco resultados. El tiempo sigue corriendo.
Todo esto entonces resume que yo no pueda dormir. En fin. ¿Qué puedo hacer? Supongo que nada. Seguir esperando, seguir recordándoles que deben leerme, que todavía me deben tres aprobaciones.
De los chicos... nada. Cri-cri. Cri-cri. Se fueron, no vienen más, y me alegra el hecho de que cuando no hay chico con quien salir o de quien hablar, tampoco nacen problemas.
Mafka me decía por teléfono que extraña el tiempo que tenía consigo misma antes de tener pareja, que a veces le resulta estresante el hecho de coincidir tiempos u opiniones con su novio. Me dijo también que envidiaba un poco que yo pudiera seguir yendo al cine sola, disfrutando de mi compañía, hacer las cosas sola, manejar mi propio horario, salir a donde quisiera con quien quisiera. Quizá tenga razón, pero para mi ya no es novedad. Más bien le aconsejé que valorara lo que ella tiene, que aprovecharan la comunicación que ha nacido entre ellos, y que lo pasaran bien. Es muy lindo tener tiempo para uno mismo, siempre y cuando no nos acostumbremos a estar así para siempre.
Ya se empiezan a planear las fiestas de fin de año. Confieso que me chocan pero tampoco debo continuar con esta actitud pesimista frente a la navidad. Hoy me invitaron a la primera, es una paella pre navideña en la casa de mi jefe, a la que por supuesto no voy a ir, porque no tengo los ánimos para compartir con una persona que no me interesa compartir, que irónicamente ni trabaja aquí, pero forma parte del equipo. Así es. Al haber aceptado algunas propuestas, resulta obvio que tenga que renunciar a otras. Ni modo. Ya será en la comida de fin de año, cuando pueda compartir con los chicos de la oficina.
Ahora ya intenté hacer un panorama de por qué no puedo dormir. En fin. A ver si esta noche sí pego pestaña. Tengo mucho frío. Espero que Morfeo se acuerde de mi.
Hay momentos en los que siento que ya no tengo motivos para escribir, que se me están acabando las historias que contar. No sé por qué me pasa esto. Hace un momento creí creer que es un poco de inseguridad, lo que me hace dudar de mi misma y de mi capacidad. ¿Es eso normal?
Quiero hablar con Mauricio y no tengo tiempo. Quiero ir al cine a ver la película que quedamos, y no coincidimos para ello. Quiero escribir hasta sentirme satisfecha, pero siento que se me revuelven las ideas. Cómo estaré, que me puse a leer la biografía de Pablo Escobar, y por ende, me acordé del soltero tóxico. Con ese cuate sí que se podía platicar de estas cosas. Él fue quien me resumió la historia de los cárteles colombianos, quien defendía el valor de Escobar por cometer suicidio y no dejarse asesinar. En fin. Cuestión de enfoques. Yo no me clavaba tanto así, pero sí disfrutaba esas conversaciones.
Y ahora, que mi vida ha dado otro vuelco, y que Mafka y la diseñadora de modas insisten en que este año he abusado del traje de camaleón, todavía hay detalles mínimos que me hacen reír. Que cuando transfiero una llamada, me respondan haciendo bromas con acento cubano, me mata de risa. A pesar de todo el estrés que manejamos mientras trabajamos, todavía existen atisbos de optimismo y buen humor.
De todo uno aprende, todo es cultura, y todavía no sé qué es exactamente lo que debo aprender de esto, supongo que será el hecho de que cualquier cosa es mejor que quedarme dormida todo el día en mi casa.
Las convocatorias están abiertas. Mi texto sigue en manos de los lectores. Sólo faltan tres de los cinco resultados. El tiempo sigue corriendo.
Todo esto entonces resume que yo no pueda dormir. En fin. ¿Qué puedo hacer? Supongo que nada. Seguir esperando, seguir recordándoles que deben leerme, que todavía me deben tres aprobaciones.
De los chicos... nada. Cri-cri. Cri-cri. Se fueron, no vienen más, y me alegra el hecho de que cuando no hay chico con quien salir o de quien hablar, tampoco nacen problemas.
Mafka me decía por teléfono que extraña el tiempo que tenía consigo misma antes de tener pareja, que a veces le resulta estresante el hecho de coincidir tiempos u opiniones con su novio. Me dijo también que envidiaba un poco que yo pudiera seguir yendo al cine sola, disfrutando de mi compañía, hacer las cosas sola, manejar mi propio horario, salir a donde quisiera con quien quisiera. Quizá tenga razón, pero para mi ya no es novedad. Más bien le aconsejé que valorara lo que ella tiene, que aprovecharan la comunicación que ha nacido entre ellos, y que lo pasaran bien. Es muy lindo tener tiempo para uno mismo, siempre y cuando no nos acostumbremos a estar así para siempre.
Ya se empiezan a planear las fiestas de fin de año. Confieso que me chocan pero tampoco debo continuar con esta actitud pesimista frente a la navidad. Hoy me invitaron a la primera, es una paella pre navideña en la casa de mi jefe, a la que por supuesto no voy a ir, porque no tengo los ánimos para compartir con una persona que no me interesa compartir, que irónicamente ni trabaja aquí, pero forma parte del equipo. Así es. Al haber aceptado algunas propuestas, resulta obvio que tenga que renunciar a otras. Ni modo. Ya será en la comida de fin de año, cuando pueda compartir con los chicos de la oficina.
Ahora ya intenté hacer un panorama de por qué no puedo dormir. En fin. A ver si esta noche sí pego pestaña. Tengo mucho frío. Espero que Morfeo se acuerde de mi.
3 comentarios:
Mariposa, lo mejor para poder dormir (al menos para mí) es lo que acabas de hacer, buscar un por qué, una vez que lo encuentras todo es mas sencillo. No te estreses, tómate un Valemadrin, como diría mi abuelita.
Sobre los lectores, cuenta conmigo que aquí estaré leyendote.
Sobre lo primero que mencionas, a mi me pasa lo mismo, estos últimos días he querido escribir y no sé si estoy escasa de palabras o si tengo tantas cosas en mente que no sé sobre que hablar. Sólo sé que de lo último que hay que dudar es sobre la capacidad.
Ánimo Mariposa. Seguro que hay sol mañanaa (: Y también hoy, don't worry.
Recuerda, lo mejor llega solo y lo malo tarda en irse, pero se va!
Y las mejores cosas de la vida llegan para quien sabe esperar.
Gracias Sonrisamiel.
xoxox
Es mejor hacer cualquier cosa que hacer nada.
Quitate el traje de Grinch y sonrie please.
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