Mirando pasar el pasado, no me estoy quedando mirando.
Andrés Calamaro.
Cuando se acaba una investigación, se deberían seguir los pasos de reinserción a la sociedad que sigue un preso al salir de prisión. Ahora, al igual que cuando el amor se acaba, hay que saber en qué se empleará el tiempo que antes se le dedicaba a la investigación. Iniciar otra, supongo que es la opción.
Paso mucho tiempo sola, le dije, a veces no tengo con quien platicar todas estas cosas, y te pido una disculpa por mostrarme un tanto irascible cuando no tiene que ver. Es de llamar la atención que me haya sucedido con el Rey Sol, hacía mucho tiempo que el chico no me decía que me nota diferente, se preocupa, y yo me preocupo más cuando lo veo preocupado.
No puedo hacerme que no pasa nada, no es mi estilo, no me va. Y tampoco es verdad que no me importa nada. Pero como él me lo dijo hace mucho tiempo, la vida te envía la peor de las curvas y hay que tener listo el bate para pegarle a la bola. Una cosa a la vez, porque si no corro el riesgo de volverme loca.
Una camioneta se me echó encima, estoy segura que ni me vió, fastidió el lado derecho de mi coche. Y si pensaba que, aún con todo lo que ha pasado no podría venir nada más, una camioneta que parecía torta de cumpleaños, se me echó encima. Hans camina, es fuerte, me gusta que haya tenido un pasado bucanero aún cuando la gente piensa que eso demerita su valor. Yo lo quise aún con ese pasado bucanero que lo hizo andar de color verde. Lo quiero, y aunque sólo es un coche... es mi coche.
Y es como el resto de la Historia, todo sigue, hay que saber seguir escribiéndolo. Se tiene que tener la capacidad de darse cuenta cuando la situación cambia, se debe tener conciencia de saberse como es, como ahora se es. Me cuesta trabajo saberme como quise ser, como ahora lo soy. Otra vez, el huracán. ¿Cuándo va a parar?
También tuve un pasado bucanero, le dije. Se sobresaltó al mirar cómo mis reflejos reaccionan cuando intenta alcanzar mi brazo derecho, o la orilla de mi espalda. Me desacostumbré a comer de la mano, a tomar el brazo, a entrelazar mis dedos con los de otra mano. No tuvo nada que agregar. Es en esos momentos cuando las palabras sobran, y el chico conoce muy bien mi lenguaje corporal.
Él me sabe que cambié, me sabe como ahora soy. Se da cuenta del trabajo que me costó llegar acá, y de lo que todavía me cuesta mantenerme así. Me siento feliz de saberme -aún cuando muchos años han pasado- de su lado, empujando hacia el mismo lado. Hay personas que llegan a nuestras vidas por una sola razón, y quizá el Rey Sol no vino a ser mi pareja, ni mi chico, ni mi "felices por siempre"; quizá vino simple y sencillamente a hacerme feliz, a haceme sonreír y darme un poco de tranquilidad.
Mateo, por otro lado, ya se supo como un ave de paso. Y yo, ya entendí que no tiene nada de malo que haya comenzado por el final, que se haya sabido el final cuando se escribió el principio. Debo reconocer que tampoco quise invertirle mucho, ni apostarle todo al 38. No, mejor no. Y si no me vibra bien, mejor que no vibre más.
No hay comentarios:
Publicar un comentario