domingo, 7 de septiembre de 2008

Hoy le sonreí al día de ayer

(pero le seguiré sacando la lengua al domingo)

El día fue lindo. Ayer fue mejor.

La resaca que me recordó que el viernes fue uno de los días más divertidos de los últimos meses, por fin desapareció casi a las 19 horas del sábado. Gracias pues que existen las aspirinas.
En mi cabeza, sólo rondaba la idea de ponerme a escribir como enajenada para poder tener la entrega lista el día 17. De cualquier forma, no había mucho que pensar. Tenía resaca y esas personas son medio raras. Pareciera que viven una pésima película mexicana. Más me valía quedarme sentadita en el sillón hasta que la reunión terminara.
Mi móvil sonó y corrí a responder creyendo que me llamaba otra persona. El chico de los ojos verdes me buscó porque tenía varios problemas: me extrañaba, se iba de viaje y quería despedirse de mi y no sabía usar el lava ropa. Estallé en carcajadas. Le dije que por eso me encanta, por simple y por directo. Él me pidió que no fuera mala con él y que le ayudara a lavar su ropa. Quedamos pues para las 20 horas. El segundo encuentro se llevó de calle al primero.
Comenzó a llover como si la Ciudad no quisiera que nos encontráramos. Afortunadamente tomé un taxi cuyo chofer me hizo una plática muy amena. Los que se pusieron difíciles fueron los policías del lugar. Cuando por fin pude llegar a la torre Milán, el destino me regaló una buena jugada: los ojos verdes me esperaban al abrirse las puertas del elevador. Me dijo entonces que había un problema más: se sentía mal y necesitaba que alguien le pusiera un poco de atención. Así que, además de acudir a poner una carga en la lavadora, le hice de doctora a domicilio y le curé el brazo derecho. Él se puso feliz y se esmeró sobremanera cuando me dio las gracias. La noche transcurrió como siempre: con fútbol y galletitas ritz, esta vez también hubo avena con leche y pomada para dolor muscular. También hubo conversación, cariño y lo más importante: hubo sinceridad.

El destino se ha puesto de mi lado y la vida me ha dado muchos regalos. Conocer a una persona de esta manera es algo que ya me merecía desde hace tiempo, bastaba con que tuviera paciencia; pero como se dice, sólo el historiador sabe el futuro del pasado. Y en este caso yo no fungí como historiadora, sino como personaje. Yo no sabía qué era lo que iba a suceder.
Si hace dos meses yo hubiera sabido que iba a vivir esta historia, no me hubiera preocupado tanto y le hubiera sido indiferente a la ansiedad. La vida ha sido buena conmigo.
Existen muchos factores que hacen que esta historia se escriba. Ser un extranjero en una Ciudad desconocida no debe ser cosa fácil. Nuestros encuentros han ido de acuerdo a la circunstancia personal de cada uno de nosotros. Me he portado bien y él ha estado dispuesto a entregarse.
Lo pasé muy bien, me reí muchísimo y, aunque fuera por unas horas, me sentí feliz.
Puede que el chico regrese a la Ciudad o puede ser que se quede en la playa. Tal vez no nos volvamos a ver. Tal vez vivamos juntos para siempre. El futuro de este presente y de nuestro pasado, todavía no lo sé.
Él asegura que no se irá del país. Dice que acá está feliz, tiene trabajo y está encantado de haberme conocido. El futuro en mi país, del pasado en el suyo, ya lo conozco. Ahora quisiera poder investigar el futuro que tenemos en común.

Histérica histórica vs los domingos.
El futuro del día de Mariposa Tecknicolor con el chico de los ojos verdes ya lo vivimos. Lo pasó caminando por la Ciudad y organizando las ideas que trajo en su cabeza.
Mariposa Tecknicolor tiene una cómplice. Esta compañera también está en contra de los domingos y ahora le ayuda a llevar una campaña contra ellos. Esta chica también sabe trabajar con las manos: Mariposa le enseñara que con ellas también se escribe y juntas trabajarán para un fin común.
Ahora saben que los domingos pueden engañarse. Están dispuestas a vivirlos como si fueran cualquier día de la semana para confundirlos. Ellas le harán la vida pesada al domingo y se burlarán de él.
Al fin y al cabo, son sólo veinticuatro horas que se pasan en un respiro. Mariposa Tecknicolor está contenta porque ya tiene una compañera.

Abajo los domingos, arriba las amistades duraderas.
Abajo los domingos, arriba los besos en los labios.
Abajo los domingos, arriba los encuentros citadinos.

(Abajo tu, arriba yo. Si quieres podemos compartirlo).

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hola Pau, he llorado con las lineas que escribes, de verdad, lo haces muy bonito. Lo unico que te puedo decr es : Gracias, por tus consejos, tu apoyo, tu entusiasmo, tu buena vibra, se que la vida cierra puertas pero te abre ventanas, y este año ha sido muy duro para mí pero, estoy super feliz de haberte conocido Mil Gracias y seguiremos en el camino construyendo nuestro mundo y compartiendo experiencia, amistad y muchas cosas mas, que stoy segura estan por venir. Te dejo una frase de una rola de Soda Stereo . TARDA EN LLEGAR Y AL FINAL HAY RECOMPENSA... te quiero mucho Pau atte Vicks