lunes, 12 de octubre de 2009

Otro pedazo de corazón



Mi perro se murió anoche. Le dieron una patada que lo conmocionó y se puso super mal, así la opción más acertada fue ponerlo a dormir. Creo que lo que me hace llorar así es el hecho de que lo agredieron. No puedo entender como alguien se puede desquitar con un perro que no pesaba más de tres kilos.

Estaba medio viejito, se llamaba Fidel Castro, era una gran compañía, no tenía dientes y comía como podía lo que podía. Era muy amigo de mi gato, se llevaban re bien, comían y dormían la siesta juntos y jugaban un montón. A mi me gustaba mucho, lo quería mucho, pero debo admitir que no era bonito y que se le salía la lengua por aquello de que no tenía dientes, por eso había personas que no lo querían. Sin importarle eso al perro, él era muy querendón y buen compañero, fue un gran amigo.

Hace rato me acordé que el soltero tóxico era bien mula con él, y Fidel siempre se protegía conmigo y no se me separaba. Creo que eso enfermaba aún más a la enferma cabeza del soltero tóxico, quien en lugar de decirle "Fidel", me molestaba y lo molestaba a él diciéndole "lelo". Qué poca madre. Hoy estoy tan triste y tan desilusionada, que todo me parece que es una fregadera que no tiene madre.

Todo sucedió mientras Mateo y yo pasábamos un domingo de fantasía. No me dejó sola, de hecho casi no me dejó hacer nada. Su coche fue una ambulancia, el patio de mi hermana fue panteón, y Mateo la hizo de enterrador. Yo fui un zombie. Le pedí a Fidel que no cruzara el río sin mi, que me esperara de este lado, le prometí que iría a alcanzarlo. Se fue, y acá me quitaron otro pedazo de corazón.

Y ni que decir, que se me murió en domingo, otro domingo se fue con él. Y yo que había prometido comenzar a querer a los domingos.

viernes, 9 de octubre de 2009

Sin mayor aspaviento, es oficial

...Que ayer no quiso que me llevara el coche a casa, que prefirió llevarme él en su coche sólo para que yo no manejara; que era buena opción llamarle a un taxi; que son 20 minutos para mi casa pasadas las once de la noche. Que pasamos un día completito, con el pretexto de que mis cosas y mi coche se quedaron en su casa y en su garage. “Es mi mejor pretexto para verte antes del mediodía”, me dijo. “No necesitas pretextos, sólo dime que quieres verme y vendré”, le respondí.

Es oficial que me gusta verlo cuando trabaja en la computadora, que nos gusta compartir desayuno y comida aunque no nos dirijamos la palabra, que le gusta que le lea las noticias, que disfruto más El País y El Economista si los leo en voz alta.

Es oficial que me está tomando en cuenta: me compró un cepillo de dientes para dejarlo en su baño. Es oficial que le dan miedo algunas cosas, así como me dan a mí. Es oficial que teme enamorarse de mí porque no sabe qué sucederá si se vuelve realidad su cambio de residencia. Teme acostumbrarse a mi compañía, porque no sabe qué pasará cuando eso suceda. Es oficial que acordamos no preocuparnos más por esas cosas, y que acordamos dejarnos llevar.

Es oficial que es de las mejores compañías que he tenido. Es oficial que le gusta verme dormir, que cuenta mis suspiros, y que confía en mí para arreglarle el pelo y la espalda.

Es oficial: ya no sólo hablo de noticias con mi padre, ahora lo hago con un chico. Que no me importa que los besos sigan vetados, que no me hacen falta las caricias de madrugada, que no tengo ninguna prisa porque las cosas sucedan.

Es oficial que me iré de vacaciones con Mafka, es oficial que preferimos que no vengan los chicos, que nos hace falta pasar tiempo de chicas, que necesitamos conseguir una cámara fotográfica para congelar el gran finde que viene.

Okey es oficial, que me está robando el corazón.

jueves, 8 de octubre de 2009

No rezo más por ella

Si yo hubiera sabido que ese fin de cursos iba a ser el último que compartiría con ella, compartiendo biblioteca y área de trabajo, quizá le hubiera sacado más provecho a su compañía.

Y Ahora pasa lo que siempre dicen las madres que pasará, lo que los libros de moral y buenas costumbres dicen que pasará, lo que las abuelas nos dicen que pasará a nosotros, los jóvenes que no tenemos experiencia. Ahora que no la tengo cerca, ahora es cuando me arrepiento de no haber tomado más café en su compañía, de no haberle ayudado más con sus maquetas, de no haberle pedido que me dibujara los mapas para mi clase de América Latina I y II.

Hay unas fotos divinas, en las que nuestros ordenadores y su restirador formaban una fila, trabajábamos al mismo tiempo, ella el oficio del arquitecto, y yo el oficio del historiador. Muchas veces en silencio, muchas otras en carcajadas, hasta las tres o cuatro de la mañana, hasta que llegaba la entrega del día siguiente.

Hoy, que me siento más lejos que nunca, que la distancia no se hace grande ni se acorta, que afirmo abiertamente que moriría por ella, que nuestros pactos de sangre avalan el amor que siento por ella y que quiero creer que ella sigue sintiendo por mi; hoy no quiero rezar más por ella. San Antonio sigue de cabeza, con una lista de peticiones bajo su veladora, la lista de la que se borró “te ruego por ella”.

Me pasa que siento de todo. Es un poco de desilusión, tristeza, desamor, vacío del corazón. No puedo evitar preocuparme por ella, por cómo estará, por querer saber la razón por la que prefiere no decirme la verdad. Por algo será, sus razones tendrá, y así serán mejor las cosas.

Sin caer en particularidades, la tristeza viene porque me cuesta trabajo comprender que haya tanto rencor en los corazones de la gente, que no se quiera salir adelante, que se prefiera vivir en la mediocridad y en la ignorancia. ¿Por qué cada vez hay más personas con ese perfil? ¿Por qué cada vez es más común saber de chicos que no hacen nada de sus vidas? ¿Por qué este imbécil miedo de vivir se apodera de tantos corazones?

miércoles, 7 de octubre de 2009

Antes de las diez de la mañana

La cuestión de dar a luz me va a quitar la vida, y qué importa, si de todas formas el que fue mi empleo hasta ayer, me iba a matar.

En la mañana, la Ciudad se muestra prometedora cuando uno va a iniciar las labores. Se ve limpia, se ve tranquila, se ve sana. Siempre es bueno que haga frío al salir de casa, con eso me siento aún de madrugada.

Hice amistad con un niño en la Línea 8, de la estación Cerro de la Estrella a Santa Anita. Comía galletas y se reía cuando lo volteaba a ver. Al bajarse del Metro se despidió de mi con la manita, le respondí, me hizo sonreír y olvidarme por unos minutos de todas las deudas que estoy acumulando y que acumularé de aquí hasta que vuelva a tener empleo formal.

Siempre me siento bien antes de las diez de la mañana, pasada esta hora me empiezo a acordar de toda la basura que me resisto a guardar en mi memoria. Procuraré despertar más temprano todos los días, prometo que lo procuraré.

martes, 6 de octubre de 2009

¿Y si el amor es el gran viaje?

¿El amor es un viaje? ¿El amor es regresar? Y si entonces no hay otro lugar al que llegar o al que volver, si se pierde el lugar de donde partimos, ¿es el amor efectivamente eso, que no haya isla donde encallar?

No importaría entonces no tener a donde llegar, donde aterrizar, y ni siquiera importaría si se debe naufragar. Hoy yo puedo decir que todo ha valido la pena. Sin importar a dónde irá a parar esto, me siento feliz y eso es para mi lo que más valor tiene.

De todas maneras nada es para siempre, lo que no es malo y tampoco limita las oportunidades. Y hablando de oportunidades, si la segunda de alguien es la primera para otra persona, ¿valdría la pena que hiciera el intento?

Cuando a un escritor se le pierden las palabras porque está confundido o saturado de ideas, lo mejor es que se vaya a dormir para aclararlas y al día siguiente lo intente, de otra manera se volvería loco tratando de descifrar lo que piensa su cabeza.

En este momento tengo muchísimo que escribir pero no sé como hacerlo. Sólo sé que estoy contenta y feliz, que pasé una tarde de maravilla, que no conté las horas pero que él contó los días; que no hablé de mi pasado, pero él me contó el suyo; que no escribí futuros, pero él dibujó uno solo. Hoy sé que ya existe un significado para la cara que pone cuando tengo que despedirme. Hoy confesó que lo tengo todo, y que él también lo tiene cuando está conmigo. Hoy entendí que los entornos cambian, los contextos se mezclan y los años no importan. Entendió que va bien que yo tenga 26.

He querido tanto, y esta tarde el calor me humedeció la espalda explicándome que quizá pueda hacer un intentito para querer otra vez. La luna subió al zenit, lo vimos juntos a través de la ventana, y entendí que está bien que me fastidien las puertas del clóset abiertas, los cajones a medio cerrar y las llaves del agua goteando, si estoy con una persona a quien le fastidian también.

El tren está echado a andar y no te echaré a andar a ti, me respondió; encendió ayer hace un mes cuando te conocí, y quise seguir desde el siguiente día 7, cuando te vi de cerca por primera vez.

¿Quién dijo que uno no se debía enamorar?

sábado, 3 de octubre de 2009

Caducidad: 30 días.

Un domingo como pocos.
Desperté después de haber dormido casi doce horas. Todavía parecía ayer. Hacía frío y estaba muy nublado. Yo quería seguir durmiendo, pero me levanté a revisar escritos, escoger atuendos y a tomar café. Nunca es suficiente el tiempo antes de la hora de la cita, pero me esforcé y lo logré. Cambié de outfit tres veces, y cuando la bocina del taxi tocó en mi puerta me saqué las medias en un instante, y me puse los botines altos.

Nos encontramos a las 15 en el centro comercial. Me invitó a comer a un restaurante vegetariano, caminamos y después de postre comimos chocolates. Una tormenta nos sorprendió, pero aún así nos perfilamos al Lunario para vivir una Noche Sabinera. El concierto de Pancho Varona y Antonio García de Diego empezó unos minutos antes de las 20 horas. En el lapso de las siguientes dos horas y media, no hubo mujer más feliz en todo el mundo, que yo. Tocaron canciones que nunca en mi vida imaginé escuchar en vivo. Como Mateo no era fan, me pidió que le cantara al oído mis canciones favoritas.

¿En qué momento se desborda el amor? ¿En qué momento en la convivencia con un chico, ya no hay punto de regreso?

Las dos horas y media que duró el concierto estuvo abrazado a mi cintura, mirando de reojo mis piernas torneadas bajo el minivestido color azul. Creo que el cariño se desbordó cuando comenzó a acariciar mi pelo, o dos días después, cuando por primera vez le nació decirme que me quiere, la misma noche en que editó el programa para que yo vaciara toda mi investigación; la noche que no me pidió que le hiciera caso por el mismo motivo por el cual yo no pedía ayuda. La tarde que le hizo de salvavidas conmigo, en su departamento de paredes blancas, bajo mi cobija color chocolate. Dos días tenía de haberse hecho fan de Joaquín Sabina, yo uno de haberme hecho fan de su departamento, tres semanas de habernos hecho fan de nosotros juntos.

Luego, el martes.
Me gusta que en su casa no haya libros, así cuando se quiere leer lo tenemos que hacer por mis propios medios. El chico me sigue llenando de primeras veces, también él es la primera persona que conozco que sabe a qué me refiero cuando digo que una estación de radio termina programación nocturna tocando la Marcha Dragona.

Otra vez llegué a casa de madrugada, manejando mi coche, seguida por el suyo. Esto de regresar a casa en dos coches me da más alegría de la que imaginé. Dormí poco y desperté como pude para ir a trabajar. La sonrisa me delataba. Ese día no tuve más noticias suyas, pero no me hacían falta. Mi pelo cada día está más seco, como zacate. Mis manos siguen escribiendo con las uñas llenas de pellejos, otra vez tengo heriditas con sangre, y extraño el micropore del Rey Sol, que me ponía en el dedo medio de la mano derecha para que no me lastimara la fricción de la pluma, en mis años de Universidad.

El día que le siguió fue particularmente complicado con un jefe Genghis Khan y cediendo una hora más en mi salida; dos transbordos para la calle Palenque, uno en Chabacano para la Línea 9 y otro en Centro Médico para la 3; y un regreso a Cuatro Caminos casi a las 21 horas. Llegando a la Narvarte, por ahí de las 19:30, Mateo me buscó para saber cómo me había ido y para decirme que necesitaba darme un beso; el día no había sido tan complicado para él como para mi, pero estaba cansado. Mañana que nos veamos te platicaré, me dijo para despedirse y me confirmó que tendríamos otra cita.

Caducidad: 30 días.
"Ve a tu casa a dejar el coche y paso por ti a la una y cuarto". Justo a esa hora llegué a guardarlo al garage, entré por mi bolso y Mateo pasó por mi. En el camino rumbo al cine hablamos sobre plática de chicas, de lo que los chicos se cuentan entre ellos, y me preguntó qué es un soltero tóxico. No fue exactamente la conversación que planeo tener con un pretendiente, pero la verdad fue que entendió un poquito más mi forma de ser, mi forma de pensar y lo que no hago cuando quiero salir con un chico.

Durante la película pinté mi raya, hablé por teléfono, me tiré las palomitas encima. Él tiró de mi, para que me tirara sobre él. Tiré de mi chal, para taparme completa. Tiramos los chocolates, no sabían bien.

Fuimos al supermercado a hacer las compras, me quedé dormida en el coche de camino a comprame un latte, estuvimos de regreso para cenar. Y entonces todo empezó, y todo terminó. Habló de mi y hablamos sobre nosotros. Me pidió que le hablara de él. Me explicó por qué cuenta los días que llevamos saliendo juntos, cómo recuerda la noche que me conoció, y por qué le gusta bailar conmigo. Me quedé dormida, no estuvo bien porque eso ocasionó que regresáramos a mi casa justo antes del amanecer.

Y nada, que nació torcido y tenía caducidad. Insiste en que no debe ser así, que por más contento que esté conmigo y por más contenta que yo esté con él, las cosas no deben cambiar. Yo insistí en que eso no se puede saber ni modificar, el amor fluye y encuentra el camino, le dije que el tren ya estaba echado a andar, y que quería ver si él será capaz de detenerlo, de detenerse a sí mismo. Fue un día lleno de primeras veces, también nos besamos por primera vez y Mateo reconoció que tengo razón y que no puede estar sabiendo que ahorita no puede estar conmigo.

Fui muy feliz, aunque sólo hayan sido 28 días exactos. Creo que valió la pena. Se supone que mañana iremos a comprar los boletos para el concierto del próximo jueves, pero no sé si eso tendrá lugar. Jugué mis cartas y pagué la apuesta, cometí el pecado y cumplí la penitencia, cometí el crimen y pagaré la condena. Valió la pena.

¿Cómo no enamorarse de un chico así? ¿Por qué insiste en reprimir el cariño que siente por mi? Porque quizá sea un soltero tóxico y yo no me había dado cuenta.

Confieso que se me salieron las lágrimas cuando se lo conté a Mafka, hace ratito por el auricular. Ella está apurada de que se me parta el corazón. Estoy acostumbrada, le dije, a que los chicos salgan corriendo cuando sienten que se enamoran de mi y se deleitan con mi compañía. Afortunadamente para mi, seguí explicándole, tengo muy ensayada la soledad en todas las cosas que hago a diario, abriendo el garage del coche, yendo al cine, comiendo sola los domingos, abrazándome a mi misma de noche, tallándome la espalda en la ducha, vistiéndome de más para verme en el espejo.

No sé qué va a pasar conmigo y con Mateo, hicimos una promesa de meñique que quizá no podamos cumplir. Que quizá no debamos cumplir. Voy a reprimir mi amor, qué más dá, no es la primera vez que me dicen que el amor me brota por los poros de la piel, por los ojos, por los oídos, por la boca, por mis letras, por mis manos y mientras acarician mis pies. Eres un ser de amor, fue lo último que Mateo me dijo antes de salir rumbo a mi casa. Y no querer recibirlo te convierte en un soltero tóxico, debí responder.

jueves, 1 de octubre de 2009

JURAMENTO DE AUTOESTIMA

Venga, reconócelo Mariposa Tecknicolor, sin contar con tu hombre ideal, eres lo mejor que hay en la tierra. Es verdad que a veces te deprimes y no quieres hacer nada porque piensas que nada vale la pena, pero también hay que reconocer que el resto de las veces eres muy optimista, perfeccionista y dedicada. Nadie sabe hacer investigación histórica como tu. Si ya lo dice tu madre: eres la mejor historiadora del mundo. Por eso, a partir de hoy vas a dejar de torturarte por no tener el empleo de tus sueños y comenzarás a quererte por ser responsable, inteligente y constante. Y si alguien llega y te dice que eres una persona equivocada, dile que puede largarse a la fregada.