martes, 13 de abril de 2010

Mediodía del número dos.

Es el mediodía del día número dos. Ayer lo pasé entre hospital y análisis, compra de medicamentos, toma de fotografías que no salen a la primera -que debí ir al estudio anterior aunque el fotógrafo me pidiera que me pintara los labios más rojos-, con dolor de espalda, con una fiebrecilla que iba y venía. Lo pasé, como pude, y terminó.

Hoy, me desperté como pude, tarde, para tomarme un té con leche porque todavía no debo tomar café. Fui a la facultad, a seguir con los trámites, a preguntar cómo demonios se llena una forma E5 o como se llame; cómo se debe redactar la carta de petición para la acreditación del idioma.

Y mientras tanto, el sol comenzó a salir. Comenzó a ser el segundo de día de quince, que debo aprovechar, que debo utilizar para leer. Mientras tanto, él me llamó, siempre preguntando cómo me siento, cómo sigo, cómo va esto de los tratamientos con pastillas que saben horribles cuando me las pongo en la lengua para intentar pasarlas de un sólo golpe.

De lejos, de cerca, como sea, los dos nos quedamos dormidos. A veces pasa. Uno no despierta al otro, el otro no sabe que tiene que llamar, el que logra despertar de pronto olvida que le tiene que llamar al otro, y es una gran anécdota que nos hace reír, que ahora sé que no debe preocuparme, que todo se resuelve, como él dice, mientras haya solución no todo está perdido.

Así, ya es mediodía.

Ya sé dónde voy a comer, con quién y cuál será el menú. Ya está tendida la cama, a trabajar en ella con mi mesita ratona sobre las rodillas; debo descansar, pero también tengo que leer, tengo que seguir escribiendo. No está mal. Es como cuando una flebitis marca diablo se estacionó en mis piernas, hace algunos años, y trabajar en cama con muchos cojines en la espalda, me tiró un cable a tierra.

Sigue siendo primavera. El sol me quema la cabeza y hace que mis ojos lloren por tanta luz. Las plantas se ven magníficas con este verde encendido, con estas enredaderas que suben por doquier, como lo hacen los sentimientos en mi cuerpo, como lo hace el amor que de pronto me ha entrado por los dedos de las manos.

Ya es el día numero dos, que viene con esta primavera; que me siento un poco mejor, pero que no estaré del todo bien hasta que termine el tratamiento. Mañana, día tres, saldré a terminar los pendientes, a esperar que sea el día cuatro, en el que mi cuerpo se haya deshecho del 80 por ciento de la enfermedad.

No sé si será hasta el día cinco, o seis, cuando vuelva a estar con él. Me da emoción. Parezco niña en navidad. Me emociona lo que me cuenta por teléfono, me emociona estar con él, aún cuando estos días no me permitan verlo a diario. Me emociona saber, que nos veremos con más gusto que otras veces.

La primavera me envuelve, y los domingos comienzan a caerme bien.

3 comentarios:

SonrisaMiel (: dijo...

Me da gusto que los domingos comiencen a caerte bien. Cuídate mucho Mariposa, que esos días de medicamentos se acaben pronto.

Te mando besos y abrazos medicinales, que te mejores muy pronto! :D

Lilith dijo...

Muy mal que estes enfermita mi querida Papillon. Que te mejores amiguita... la primavera te espera ;)
Un abrazote.

copo dijo...

Me choca que estés enferma, pero me alegra tanto leerte en positivo! guerrera, enamorada, dispuesta a salir a que la ciudad brille con tu presencia!
Todo va a estar bien. Te quiero.