La felicidad me espera a veinte cuartillas. Hoy elegí unas plataformas ácidas, color naranja fosforescente que me levantó desde los pies hasta las chapitas de la cara.
Todo va caminando bien, poco a poco con tranquilidad. Los cambios siguen llegando. La lista de pendientes y de deudas se empieza a hacer pequeñita.
Como hace tanto calor, San Román se ha hecho mi cómplice -más aún- de frapuccinos. Ayer fue por mi hasta el sur de la Ciudad. ¡Qué tipo más mono! Verdaderamente que hace mucho tiempo no iban por mi y me traían de vuelta nomás por el gusto de hacerlo. Me puso bien. Platicamos mucho como lo hemos venido haciendo las últimas semanas.
Cada día que pasa lo quiero más y se vuelve más imprescindible su compañía y su presencia. Afortunadamente el móvil siempre nos acerca. Rezo por él, y él no ha dejado de recordarme que debo terminar las cuartillas que tengo pendientes.
Le he dado mi palabra. La palabra vale, vale muchísimo, tanto como un papel firmado o un apretón de manos. Y sé que muchas cosas las puedo hacer a un lado, pero las que compartimos San Román y yo, se han quedado tatuadas en nuestros corazones.
Como todo ser humano, mis promesas no se pueden cumplir como con una varita mágica. He quedado con que escribiré una cuartilla diaria hasta terminar. Utilizaré mi histeria histórica para organizar las ideas de mi Historia inconclusa. Parece que estará bien.
Me duele un poco el pecho derecho, he fumado un poco más; es oficial que los huesitos del escote se me comienzan a notar y me han dicho que he logrado una estampa de vértigo. Me sube el ánimo. Es oficial que estoy más flaca. Con todo eso, no he dejado de comer, no he dejado de dormir y por fin estoy usando todos los pares de zapatos que ya no recordaba que guardaba en el clóset, entre ellos mis plataformas ácidas. Aún cuando la ropa me queda un poco floja y que los tacones me lastiman un poquitín los deditos de los pies luego de caminar largas cuadras, he podido hacer mis recorridos citadinos con todo y cubre bocas puesto.
Extraño el cine y los cafés abiertos. Extraño poder escuchar las conversaciones de la mesa de al lado. Espero que aún con todo esto, todavía pueda recibir miraditas de extraños comensales.
Tengo ganas de platicar mucho mucho y de seguir escribiendo.
Escuchar la radio me pone bien. He comenzado a hacer un filtro con las noticias que debo y no monitorear y procesar. Los motivos para seguir escribiendo se hacen presentes. Los motivos para escribir con mi voz me hacen afortunada. Me hace feliz darme cuenta que mi vocalización se puede convertir en palabras bien escritas. Bendita tecnología, feliz hallazgo, increíble Ciudad.
Si todo sale como lo he planeado, estaré terminando el capítulo a finales de mayo. Ya no fue para abril -no me da pena admitirlo-, será para mayo.
2 comentarios:
Jajaja... y lo lograste amiga!! me hiciste sonreir y ya estoy de buenas.
En Mayo sera.
Sobre que escribes por cierto?
Te dejo un gran abrazo, feliz regreso a la normalidad y gracias por darte el tiempo de pasar a chismorrear.
Será en mayo...te doy mi palabra.
Qué bueno que todos esos zapatitos están paseando por la ciudad...pronto volveran todos sus habitantes al ritmo habitual.
Oye, que es eso de que te estas poniendo más guapa??? Eso debe ser ilegal china, tanto abuso de belleza!!
Abrazos
Publicar un comentario