lunes, 3 de noviembre de 2008

Por eso, si el invierno hace frío, también bajo al infierno un poco

...al infierno un poco.

Soy una chica que se queja muy poco de las cosas comunes y corrientes, de hecho, para quejarme debe fastidiarme mucho la situación o circunstancia. Por eso, me brincó un poco que en una entrada pasada me haya quejado del frente frío que me pone bi-polar. Y si, a veces me pone bipolar pero no sólo el invierno, sino las cosas que vienen con él. Esta onda de las parejas y de las embarazadas que se pasean por toda la Ciudad, me enferma. Es como dice Carrie Bradshaw: "andaba yo por la Ciudad, gritándole a todo el mundo que tendría mi final feliz".
Eso no sucede. Estoy consciente de que sí existen los happy endings, pero no son -como esas mujeres piensan- tener al hombre perfecto o estar viviendo el embarazo del siglo. Me enferma la mediocridad.
Mi happy ending necesitará más que eso.

El invierno me cae bien, me gusta que sea medio agresivo y luego sutil. Me gusta que el aire frío me entuma la cara y que me obligue a prender un cigarro. Me gusta poder ponerme mi abrigo mega largo encima de la pijama y que nadie sepa que todavía traigo abajo el "traje de noche". El invierno me obliga a tener cómplices, por eso me cae bien.

El invierno llegará más pronto de lo que yo creo. De hecho ya siento que se me adelantó un poquito con este otoño tan solitario. Tan libre. Tan yo.

El invierno, también me hace reflexionar y tener viejos reencuentros. El Rey Sol decía que era la época del año en la que tenía que hacer el annual pass por mi. Ese hombre no concebía la navidad sin mi compañía, mis gustos y mis chistes friolentos. Sin mis calcetines. Quizá no fue que quisiera estar conmigo, quería estar con él cuando estaba conmigo. Eso me queda clarísimo. Tenía cómplices. Yo decía mentiras y me ponía guapa con mini vestido, medias, botas y suéter bajo el abrigo. Le caía bien. Nos llevábamos bien.

Bendito Frío. Maldita Ciudad.
Este octubre me llenó de recuerdos y buenas decisiones. Dice mi hermana que en octubre pasa todo lo pasable. Bueno pues este del 2008 lo pude comprobar. De entrada, me cambió el hecho de que ya no me sentí sola. Mi tiempo conmigo misma ha sido diferente y mejor. Conocí a mi padre desde otra perspectiva que no me gustó y que me hace darme cuenta de su verdadera personalidad. Tuve un accidente que aunque afortunadamente no fue grave, me espantó mucho y me puso a pensar tanto que me dio dolor de cabeza. Me volví castaña, me puse las cejas sobre los ojos. Y si, contrario a todos los pronósticos: he salido mucho de fiesta.
Recibí varias propuestas, no todas las acepté. Compré un coche. Escuché a Calamaro en vivo por primera vez. Me he reído muchísimo, a carcajadas la mayoría de las veces y me he sentido feliz.
Parece que la Ciudad se ha comenzado a apiadar de mi y del único de mis pretendientes que me interesa. Espero que esta semana sí nos podamos ver. Tengo una ilusión, fuerte ilusión.

A veces me da miendo ser tan parecida a una persona que es mucho más grande que yo. Pensamos igual, analizamos las cosas de la misma manera y casi hemos tomado las mismas decisiones bajo el contexto de cada quien. Me gustan las nuevas amistades, me gusta entenderme con las personas. Adoro la clandestinidad y pasar desapercibida (eso no siempre ha sido posible, siempre hay alguien que me voltea a ver); quizá por eso se me dan las relaciones entre líneas, vida entre vida, línea horizontal entre línea paralela.
Antenoche soñé que se moría un amigo suyo, tuve ganas de llamarle para saber como estaba pero no me atreví; en vez de eso sólo le mandé un mensaje del que no tuve respuesta. Hoy en la mañana me enteré que se murió su suegro la misma noche de mi sueño. Fue tan grande mi impresión que me dieron ganas de vomitar. Nadie sabe nada, ni el mensajero de noticias sabe lo que yo sé. No pude terminar mi café latte. Tampoco puedo permitir que la gente sepa todo lo que yo sé, me enseñaron a escribir reservando algunas de mis fuentes, por eso ahora no me parece ético revelarlas todas. Así aprendí a escribir y hoy es mi modo de vida.

Histérica Ciudad.
Una cosa que sí siento muy diferente es que me estoy volviendo resistente al frío. Me gusta, ya lo aclaré, pero no siempre lo he soportado. Antes tenía que dormir con calentador, dos cobijas de más, pijama y calcetas largas. Ahora es diferente. Quiero que me calienten los pies pero no porque el frío sea insoportable.

Lo que está sucediendo es que el clima me ha puesto tan bien que me ha entrado un espíritu muy emprendedor. Hoy sentí re lindo subirme al coche y manejar consciente de la época del año. Estoy sola pero está re bien. Ya no es como antes. Ahora si busco a alguien o a cierta compañía no lo hago por soledad, lo hago por decisión. Me siento orgullosa de eso.

Desde que me invitó a salir le dije que es el demonio: increíblemente directo y solícito, comprensivo y ahora resulta que hasta buen amigo. Se ha de firmar un pacto mortal, porque ve tú a saber con qué lo pagarás más adelante... pienso mal y acertaré. He pensado mal, pero en el fondo no me ha importado mucho.

Soy libre, hoy más que nunca.
Y tengo ganas de estar con él. Y con el primero tengo más ganas y más disposición porque encima me hace ilusión... Por eso, si el invierno hace frío, también bajo al infierno un poco.

(No me concibo sin ti. Gracias Calamaro).

1 comentario:

copo dijo...

Hola Mariposa:
Estoy segura que enfrentaras al invierno con ropa linda y tu super estilo.
No te preocupes por las parejas y las embarazadas, quiza su vida no sea tan simple, ademas, piensa que donde hay amor hay desamor y que existen los dolores de parto.
Te felicito por todas las fiestas, la fortaleza y el optimismo. Te mando todo mi apoyo para las cosas dificiles que te estan pasando o puedan pasarte y muchos, muchos besos.