viernes, 11 de noviembre de 2011

Soy yo

No sé que es peor
que me des consejos o me des razones.
Entonces no hables por mi,
yo solo hago música para camaleones.
Fito Páez, Música para camaleones.

¿En qué me he convertido? ¿Quién se supone que soy? El último año y medio me la he pasado haciendo todo lo que se supone que debo hacer, sin sentarme a pensar si era realmente lo que yo quería hacer.
He descuidado mi carrera, me he descuidado a mi misma, y metida en una obsesión frenética por sacar adelante mi relación, también me he olvidado de ella.
Sin un desempeño prometedor, sin marido, sin trabajo, sólo con un sueldo que llega mes a mes y que ni siquiera me he empeñado a desquitarlo... ya no sé exactamente quien soy.
Y me deprimo, ¿eh? Me deprimo muchísimo. De golpe y porrazo me he dado cuenta de que no he conseguido las cosas que me había propuesto. Me vi enfrascada de pronto en un juego de matrimonio, cuando nunca me propuse casarme; yo sólo quería un espacio para mi misma, poder compartir con el otro, seguir dedicándome a lo que por tantos años me dediqué... ¿Y ahora qué? ¿Cómo chingados voy a reparar todo el daño que me he hecho y que le he hecho a los que me rodean? ¿Cómo voy a recuperar o tratar de resarcir el tiempo perdido? ¿Cómo voy a enmendar tantas decisiones erradas?

Soy yo, carajo. La que me habla del otro lado del espejo, soy yo. Soy la que maneja a toda velocidad sobre un volkswagen negro, habitando la ciudad más histérica y más grande del mundo. Soy yo la que disfrutaba escuchar a Fito Páez por horas y horas, la que no dejaba de escribir aunque el sol se ocultara por mucho tiempo, la que no dejaba de vivir. Esa soy yo. Más vale que lo recuerde todos los días.

jueves, 1 de septiembre de 2011

JURAMENTO DE AUTOESTIMA

Venga, reconócelo Mariposa Tecknicolor, eres lo mejor que hay en la tierra. Es verdad que a veces te deprimes y no quieres hacer nada porque todo te da flojera, pero el resto de las veces eres muy optimista, perfeccionista y dedicada. Nadie sabe investigar historia tan fregón como tu. Si ya lo dice tu madre: eres la mejor historiadora del mundo. Y lo dicen tus profesores: tienes mucho talento. Por eso, a partir de hoy vas a quererte por ser responsable, persistente e inteligente.

28 años

Quien es gavilán no chilla, ¡no se raje!
Gonzalo N. Santos, Memorias.

"No conocían el mar, y se les antojó más triste que en la tele; pájaros de Portugal, sin dirección, ni alpiste ni papeles..." La canción de Joaquín Sabina no se me sale de la cabeza. "Alumbraron el amanecer, muertos de frío..." Y lo que poco a poco comienza a salírseme de la cabeza, es la tristeza.

Esta semana he andado como literal zombie. Tuve una crisis muy fuerte el lunes en la mañana y el martes al mediodía. De hecho, puede ser que venga teniendo crisis desde hace algunos meses, pero no me había dado cuenta. He venido trabajando a marchas forzadas, durmiendo más de lo que debo cuando puedo y donde puedo. Manejando el auto como si él me manejara a mi. Me sentía muy mal, pero poco a poco he dejado de hacerlo. Hasta eso me da flojera.

No he puesto atención en todos los cambios que ha tenido la Ciudad. En los nuevos semáforos, las nuevas rutas; en las nuevas líneas de Metro y de Metrobús que le han venido a llenar las entrañas y la superficie. No he puesto atención en todos los cambios que ha tenido mi cuerpo. Unos de mis pantalones de mezclilla no me suben de la cadera, he ganado mucho peso. Mi mechón de canas se ha vuelto más blanco, más largo y comienza a salir en todas las fotos.

No he puesto atención en todo el tiempo que ha pasado desde la última vez que vi a mis amigos. Los extraño. Extraño a San Román, a la Diseñadora de Modas, al chico del traje azul, a Mafka, a Janis, a Madame Copo de Nieve y al chico más ocupado de la ciudad. Una de esas irremediables ganas de ponerme al corriente con dos de mis amigos, me trajo muchos problemas. Se me llenan los ojos de lágrimas tan sólo de recordar todas las cosas que pasaron después de esa merienda. Maldito sea el Sanborn's de Reforma y Manuel González. Maldito sea el centro de la Ciudad, sus putas avenidas, camellones, taxis, glorietas... maldito sea el trolebús que viaja sobre el Eje Central.

Y yo, quizá también deba estar maldita, romper todo lo que toque, desbartar todo lo que se me ponga en frente. En el fondo me siento bien porque sé que no hice nada malo. Todo ha sido una interpretación subjetiva de los hechos, de las cosas, de mis palabras y de mis letras. Si pudiera haberme colgado la letra A en el pecho luego de gritarme todo lo que me gritó, lo hubiera hecho. Con sinceridad sé que hubiera preferido que me diera una bofetada, en lugar de haberme acribillado con sus palabras, una y otra vez, una y otra vez, hasta que me hice chiquita.

Ahora, como si nada, sale a relucir un terapeuta ausente, que da paz, armonía, y que receta que "no se enganche" a las cosas que pasan y que le digo. "Terminamos, es mejor que terminemos", me dijo frente a la puerta del departamento, a obscuras, con una vela encendida. "Si habías tomado ya la decisión, pudiste decírmela", le contesté. Nada tiene sentido en este momento. Todo está turbio, nublado, entristecido por tanta falta de respeto en la que nos enganchamos él y yo, yo y él, los dos, como Dios nos dio a entender.

Que la terapia debe ser en pareja, o individual, bueno, individual obligatoria para uno, pero en pareja también obligatoria para los dos, entonces pues hay que tomar tres terapias, una individual, cada quien, y una en pareja, a ver si las cosas pueden solucionarse... "pues ya mejor arruga la hoja y tirala al bote de basura", me dijo mi madre ayer, haciendo referencia a lo que ella le dice a sus alumnos, cuando tienen la hoja de papel fabriano llena de rayas, marcas, borrones y borrones, que si aguantara un sólo borrón más, se rompería. Yo no sé si mi madre tiene razón, lo que sí se es que es vieja, y sabe dar un consejo. Tampoco sé si se debe retirar toda la apuesta, aún cuando se sabe que cuatro meses son los que se debe probar si un negocio funciona o no funciona, si hay ganancia o hay pérdida, si hay más de uno que de otro, si se continúa invirtiendo o si se retira el capital.

Yo no quise firmar ningún contrato. La boda que quería, la boda que tuve en mente, se desvaneció como cualquier otro plan de cualquier otro pinche domingo. Pasadas unas semanas ya no quise continuar los planes; cancelados los preparativos, para mí ya no había nada qué hacer. No firmé ningún papel, pero tenía toda mi voluntad puesta en este proyecto. Era un buen proyecto, de otra forma no hubiera dicho que sí.

Creo que una experiencia tan fuerte no se merece, no se gana, ni se planea. No sé si él se lo merezca, yo creo que no. Creo también que tampoco me lo merezco. Sólo nos merecemos ser felices, continuar un proyecto de respeto integral y único. ¿En qué momento las cosas cambiaron tanto? No lo sé.

Inseguridad, ansiedad, celos, vergüenza, envidia, egoísmo... amor, respeto, amistad, lealtad, fidelidad... Cuánto brinco estando el suelo tan parejo. Amor, amor, amor. ¿Qué tenía de malo que yo mencionara al Rey Sol durante mis pláticas? ¿Qué tenía de malo que viera a mi mejor amigo, San Román? ¿Qué tenía de malo que hablara con él por teléfono? ¿Qué tiene de malo que una se procure su propio fondo financiero para resolver algún inconveniente o alguna necesidad? A lo mejor todo, aunque yo pienso que nada.

El lunes cumplí 28 años, una noche antes el chico de los Ojos Verdes se fue de la casa. Y en realidad no sé por qué se fue, si iba a volver. Y no sé por qué se fue y volvió, si la que en verdad se va con un camión lleno de cosas y un gato en una jaula, soy yo.

sábado, 20 de agosto de 2011

Por amor, por voluntad...

Mi madre dice que cuando a los once años me fui a mi propia recámara en la casa, y que desde ahí tomé la costumbre de dormir en una cama matrimonial para mi sola, me emancipé para siempre... así, sin más, aprendí a ser libre y a dormir en calzones si así me placía; a no dar cuentas si quería dormir hasta tarde; a despertarme a mitad de la noche a abrir la ventana, tocar el móvil que pendía de la esquina de la habitación, y mirar la luz amarilla de la farola, mientras vaciaba mis palabras en cuadernos cosidos, sin decirle nada a nadie...

Hoy mi madre me recordó que desde hace mucho he disfrutado la soledad, y que debo estar orgullosa de que en este momento de mi vida, estoy cosechando lo que sembré hace varios años con mucho esfuerzo, y que finalmente mis metas están llegando a buen término.

Mi familia es como cualquier otra, atropellada, con un padre ausente que años después vino a hacerse el lugar más importante de mi corazón; con unos hermanos músicospoetasylocos; con una sobreprotección absurda; con una infancia feliz. Somos una familia real, con conflictos, con verdades, con razones y con franquezas. Con decenas de solteros tóxicos que desfilaban en el sofá blanco de mi mamá. Con muchos volkswagens en los que todos aprendimos a manejar.

Quizá sea por esta franqueza y por esta inestabilidad, que nos obligamos -o nos obligaron- a hacernos estables. Estables en la mediocridad, en el oficio sin profesión, en el rockandroll que ya no corresponde. Estables en la ideología, en la personalidad, en el conseguirlo todo, por el todo, con el todo. Estables como sibaritas, como dormir cada noche en el lugar maravilloso que hubiéramos encontrado. Estables como lo es la depresión de invierno, la de soledad.

Estables como perenne es el verde de las hojas a partir de la primavera. Estables como crónica se vuelve la tristeza, luego de muchos veranos sin que deje de salir el sol; como luego de toda la lluvia que se agalopa sobre las ventanas.

Estables e independientes, como si hubiésemos sabido desde chicos que eso nos iba a traer felicidad.

Nunca imaginé que en el momento en el que llegara la vida en pareja de a deveras, esa independencia y estabilidad se convirtieran en un factor de complicación entre un par de personas. Cuando uno está solo, son sólo unos problemas, una sola decisión, una sola respuesta; es el estado de confort más maravilloso que existe, puesto que no hay más que la personalidad propia, las ganas, la voluntad...

Aprendimos a ser leales como la amistad verdadera.
La amistad, como el amor -y en general todas las relaciones humanas-, es resultado de pura y simple voluntad. Uno es amigo de una persona con quien siente empatía, solidaridad, y con quien se crean lazos de cariño simple sin conveniencias, sin obligaciones. Somos amigos y pareja por voluntad, porque queremos estar allí, porque queremos seguir alimentando y cuidando una relación que igualmente alimenta y sana nuestros sentimientos y nuestra alma.

Yo quisiera de verdad, que el corazón nunca más se me rompiera. Que las personas que me han dicho sus votos de amor y de confianza, de amistad y de lealtad, no los rompan y se queden conmigo para siempre. Yo quisiera de verdad, tener todo el tiempo del mundo, y unos recursos inagotables, para estar para siempre con mis amigos, con mi gente, con mis Ojos Verdes. Pero eso no es posible. No se puede andar en la procesión y tocar las campanas, o chiflar y comer pinole.

Le decía hace unos días a los Ojos Verdes que uno no se une a otra persona a través de amenazas, de transacciones, favores u obligación. Yo estoy contigo porque te amo, le dije. Y yo estoy contigo porque me enamoré de ti, me contestó él.

¿Qué pasa entonces entre dos amigos que no tienen más algún canal de comunicación? Estoy, por ejemplo, con la diseñadora de modas, por cariño y solidaridad, complicidad y lealtad, respeto y voluntad; en las buenas y en las malas, en la salud y en la enfermedad; más allá de los solteros tóxicos y de los empleos de ensueño que nos hacen sentir las mujeres más importantes del mundo, y aún más allá de los periodos de desempleo que nos hagan sentir miserables. Estamos juntas a pesar de más de diez años de relación. Estamos porque queremos estar, y punto.

Creo firmemente que no se puede basar una relación en obligación, en el a fuerzas tengo que dormir contigo, o a fuerzas tengo que ir a verte para tomarme una copa contigo, "...pues ya qué". Tampoco en pedir perdón. No se puede basar una relación en pedir favores, en poner una pistola en la cabeza, o a través del intercambio de tiempo por dinero.

¿Cuál es el límite? ¿Cuánto se tolera regularmente una actitud agresiva proveniente de una amistad? ¿Hasta cuánto, de verdad, se cede con una amistad?

Para bien o para mal, mis padres me dieron tres hermanos mayores con quien aprendí qué significa la amistad, la lealtad y el amor. Ahora pues, puedo decirles a algunas personas que juro solemnemente serles fiel, y puedo también decirle a un hombre que me voy a dormir con él todas las noches porque así es mi voluntad, porque lo siente mi corazón.

lunes, 1 de agosto de 2011

un JURAMENTO DE AUTOESTIMA muy especial

"Tienes todo para ser una magnífica historiadora: inteligencia, talento y buena pluma." Y no lo dije yo, ni lo pensé, simplemente me lo dijo hoy un profesor cerca del mediodía. Lo que yo hice fue llorar todo el fin de semana. Estas palabras me recordaron que existen motivos para seguir luchando por cumplir mis metas. 

jueves, 21 de julio de 2011

Jardín de la Unión s/n

Estoy en mi estudio provisional del Jardín de la Unión s/n, donde además de que me puedo tomar un venti light sin espuma latte y comer un sandwich de pavo, puedo trabajar en silencio y ponerme a escribir con tranquilidad, de vez en vez se escuchan los mariachis que tocan en el jardín. Las campanadas de la catedral también se escuchan hasta acá, y entonces me siento fuera, aún cuando estoy en una de las tiendas más bonitas que he conocido de esta cadena, que me hace sentir como si estuviera en la de mi casa, la de las Embassy Suites del Hilton de la Glorieta Colón en la Ciudad de México.

En Guanajuato no se venden revistas de moda en los puestos de periódicos. No hay Vogue, ni Glamour, Elle, y ni pensar en la edición española de bolsillo de la Glamour. Guanajuato no tiene Sanborn's, Walmart, ni restaurantes de sushi. En Guanajuato no llueve, y las calles son tan irregulares, llenas de callejones empedrados y de escalerillas que vienen y van, que no se puede usar zapatos de tacón. En Guanajuato no está bien visto salir con minifalda, shorts o sandalias de tacón que enseñan los dedos de los pies.

En todos los restaurantes de Guanajuato sirven una salsa que se llama "chimichurri", que tiene de chimichurri lo que yo tengo de modelo AAA; de hecho no tiene ni siquiera un poco de perejil, ya no digamos aceite de olivo y ni pensar en que le agreguen un poco de albahaca. Este "chimi made in guanajuato" es a base de mayonesa, chile de árbol, ajo, cebolla y vinagre. Mmm no voy a decir "argh" porque en realidad no sabe nada mal, en los sándwiches o en las hamburguesas cae muy bien, sobre la pizza también; pero no tiene ni siquiera la "ch" del chimichurri original.

En Guanajuato el transporte colectivo funciona perfectamente, con horarios y todo, con asientos vacíos y los choferes ceden el paso a los pateones. En Guanajuato no hay basura en las calles. Guanajuato tiene el 70% de sus edificios en una clasificación que se llama "inmueble catalogado", lo que le permite seguir siendo Patrimonio Cultural de la Humanidad ante la Unesco.

Guanajuato no tiene McDonald's en la zona turística, pero todas, absolutamente todas las farolas de la ciudad funcionan y la iluminan maravillosamente todas las noches.

Guanajuato no tiene smog, no tiene caos vial, estrés del conductor, manifestaciones, marchas, zócalo con campamentos del SME, y afortunadamente no hay bloqueo de calles. Ayer salí de un café en la plazuela del Baratillo y me espanté al ver a un grupo de personas de pie, atentas, escuchando a una persona que les hablaba de frente, todos serios, levantando la mano, eran muchos, cerca de 35 personas, pensé que quizá algo reclamarían... pero no, era un grupo de turistas mexicanos escuchando a su guía de turistas. En la Ciudad de México un grupo de 35 personas ya puede desquiciar un tramo del Circuito Interior Bicentenario, o un grupo de 35 vecinos de la colonia El Periodista ya puede cerrar la lateral del Periférico Norte. Aquí no, aquí un grupo de personas en una plaza, generalmente es turista.

Guanajuato es una Ciudad que se recorre a pie en su totalidad. Ni siquiera se necesita una bicicleta, por aquello de las escalerillas que suben y bajan de los callejones. Aquí existe una cultura extraordinaria del peatón, porque calculo fácilmente que más del 50% de su población debe ser peatón.

Guanajuato tiene un encanto maravilloso, un halo mágico, que no le pide nada a la megalópolis de la que vengo. Le faltan algunas cosas que yo considero vitales para vivir en una ciudad, pero le sobran muchas otras cosas que no hubiera considerado usuales en una vida cotidiana.

Alberga un corredor estatal de museos que tiene de todo, arte sacro, arte contemporáneo, arte del siglo XIX, arquitectura, fotografía, arte mesoamericano. Y entre todos ellos, tiene a la Alhóndiga de Granaditas, la que resguarda uno de los archivos más secretos y maravillosos que da cuenta de cincuenta años de historia política de México del siglo XX, vista a través de la vida de un servidor público guanajuatense.

Por eso estoy aquí, porque unos papeles de más de ochenta años me llamaron, por eso he estado obligada a eliminar mi estrés citadino en un 70%, y a aclarar mi mente en un cien.

Y como dicen, quien viene a trabajar a un Starbucks es porque no tiene oficina, porque tuvo una pelea en casa, o porque no encuentra un lugar más tranquilo para hacerlo. En este caso no tengo oficina, ni casa, mi cuarto de hotel tiene más cocina que mesa de trabajo, y en todos lados suenan más fuerte los mariachis que aquí.

miércoles, 6 de julio de 2011

Yo gané

Sólo tenías que darme tiempo y tenerme paciencia, yo iba a crecer sola, a mi ritmo, e iba a llegar a ser quien ahora soy.

Te extraño, te extraño mucho más de lo que me imaginé. Pero en días como hoy, en los que pendientes estúpidos que mi memoria no se dio el lujo de albergar, y que por necesidad hacen que tengamos que entablar conversación, me acuerdo de por qué no pudimos ser pareja. Y se me hace un nudo en la garganta de escuchar cómo me hablas y lo descortés que te has vuelto cuando hablas conmigo.

Eramos un buen equipo, pero siempre me exigiste mucho. Y no me quejo, fui muy feliz, siempre intenté hacer lo que se necesitaba hacer para salir contigo, aunque nunca me hubieras presentado a tus amigos, aunque sólo haya visto a tu madre una vez, aunque fuera la noviecita escondida, la muñequita en una caja de cristal que se cuida, para que nadie la vea, para que nadie sepa que ahí está.

Pero a cambio, fuiste todo lo que se puede esperar de una cita, de un chico, aunque no te hayas comprometido conmigo. Me apoyaste como nadie nunca me apoyó. Me ayudaste hasta las últimas consecuencias. Y ahora, cada que coincidimos en la misma banqueta, o que por necesidad tenemos que hablar sobre los pendientes que quedaron, me hablas como si fuéramos una de esas parejas que luego de un monstruoso divorcio tienen que coincidir sentados en la misma mesa. Te diriges peor que si yo fuera una persona desconocida.

Mi vida ha cambiado tanto, que de no ser por estos recuerdos que tengo contigo casi no creería los últimos ocho años. No puedo decir si mi vida es más fácil o más difícil, porque creo que eso es relativo. Pero estoy tranquila. A veces quisiera tomar arrebatadamente el móvil como lo hice por mucho tiempo, para llamarte y contarte las cosas maravillosas que ahora sé, que estoy segura de que sólo tu valorarías. A veces quisiera enviarte un mensaje para decirte que necesito ir a tomar el desayuno contigo, o a irme a dormir contigo en las mañanas, porque necesito platicar con alguien como lo hacíamos en la mesa de algún restaurante con tu computadora y mis periódicos color de rosa.

Pero entonces recuerdo que tu corazón otra vez está cerrado por completo, vamos de vuelta a la hielera. Entonces soy yo la que pincha en hueso.

Ya no soy la chica de diecinueve años que quería comerse el mundo a mordidas. Necesitaban pasar ocho largos años para que yo pudiera tomar las decisiones que ahora tomo, y afrontar mi vida como ahora la afronto. No siempre iba a ser insegura y sentimental. Ojalá hubiéramos pensado en esa posibilidad, y más aun, ojalá la hubiéramos considerado.

Ahora duermo todas las noches con un chico que así como me hace reír y me hace sentir querida, algunas veces me hace explotar porque pierdo la paciencia. Cocino y bebo café con alguien que nunca imaginé. Hoy no lo espero, porque él me llama antes de que yo vaya a tomar la segunda taza de café en el Instituto. Hoy  no batallo por que me diga que me ama. No reniego porque me deja escoger el menú, y porque soy yo la que elige qué se comerá el resto de la semana. Hoy no lavo los trastes, porque él lo hace luego de que yo cocino durante toda la tarde.

Hoy te sigo extrañando, sí. Pero me doy cuenta de que no debía esperarte.

Yo gané querido, te extraño con todas mis fuerzas, pero yo gané.