Anoche, cerca de las tres de la madrugada me acosté pensando en Sergio Aguayo y en su manera de escribir la historia; me acordé de su barrio de Guadalajara, del Tenebras, de su banda los Vikingos y de su carrera intelectual que tanto me... ¿excita? (digo no sé si me excita, pero es un hombre que me parece muy interesante). Me acordé también de la canción Los chicos de Andrés Calamaro, de mi hermana Cristina, del gato ronroneándome en la oreja... y me quedé dormida.
A las cinco me levanté. A las siete -más o menos- el gato pidió salir. Me volví a acostar. Prendí la radio y me quedé profundamente dormida escuchando las noticias.
Y en una "cabeceadota" de esas en las que ya no se siente el "chicoteo" del sueño, me vi de la mano de Barack Obama, en una casita duplex pintada de color amarillo huevo. Estábamos riéndonos y colgando unos cuadros en las paredes, también tomábamos algo en vasitos chaparros medios coquetos. Barack se veía re bien, me decía cosas lindas y sonreía. De pronto me dijo "no te puedo ver como quisiera, pero tampoco te puedo dejar, dame tiempo, Michelle... ¡¿Michelle?!" Y ahí estaba, Michelle Obama en la puerta de la casita duplex y Barack ¡se salía por la ventana! Michelle y yo, grandes amigas, nos sentábamos a tomar café y galletitas -que ya estaban acomodadas en una mesita ratona- como si nada en la vida.
¡Soñé que era la mistress de Barack Obama!
Me consta que no fueron más de diez minutos de sueño profundo porque mi celular sonó. Respondí. Luego pensé "órale, qué heavy". Me levanté y me metí a bañar. Las noticias seguían sonando.
Vaya sorpresa que me trajo el sueño de cinco minutos después de una noche de insomnio. ¿No hubiera sido más lógico soñar con el primero? ¡¡¿Por qué Obama?!!