Tomo café y miro por la ventana. Intento hacer una recapitualción de lo que ha pasado desde octubre. Repaso las cosas en mi cabeza una por una, una y otra vez para saber qué estuvo mal y no sé cuál fue el error. Algo debí hacer mal. Todavía no lo sé.
Quizá no debí comprar el coche (para lo cual no debió haberme ido tan bien el año pasado) o tal vez no debí aceptar la invitación al bar irlandés. Igual y tampoco debí enfiestarme en tacones y a lo loco. Debí despedirme de mi hermana. No debí aceptar un reencuentro con el pasado.
Y lo hago hoy...
Justo a un mes de que me robaron el coche. Andrés todavía no da señales de vida. Quiero pensar que cuando lo vayan a desvalijar, los rateros se darán cuenta de que es un coche viejito y entonces lo dejarán olvidado en una banqueta.
Luego me acuerdo de que es único, de que en la calle me detenían para ofrecerme comprarlo y que estaba en perfecto estado. Y entonces abro los ojos a la maldita realidad: Andrés no va a volver porque seguramente los rateros saben que es un coche de exhibición, tan bonito, tan valioso, que era objeto de robo.
También hago esto hoy, que me doy cuenta que hay cosas que tengo que vivir. Tenía que vivir de lleno mi profesión, vivir de ella, ganar mi propio dinero y hacer una inversión. Que duele cuando se pierde, sí, pero supongo que es la ley de la vida.
Y respecto a las fiestas en tacones... ¿Quién tiene la última palabra sobre las fiestas? ¿Alguien sabe cuánto es suficiente?
Y por último.
Viéndolo fríamente, no me deben acongojar los encuentros con el pasado porque de hecho a eso me dedico. Una vez escribí que investigar de hace 70 años me ponía mal, me hacía una chica de color sepia y creo que no es así: al contrario, saber de esos años me hace diferente y especial.
Repaso todas las cosas en mi cabeza una y otra vez para darme cuenta qué salió mal y no encuentro la respuesta. Tomé todas las precauciones -de todo tipo- que conllevaban las decisiones (o riesgos) que fui tomando. Lo que estuvo en mis manos no se echó a perder.
De pronto me veo en el espejo y siento que no tengo nada. Perdí todo lo que procuré o anhelé. Y luego alzo la vista y leo el papelito que está pegado en el marco del mismo espejo que dice "sólo te tienes a ti misma" y pienso que sí, pero no del modo "córtate las venas".
Las decisiones son mías, generalmente estoy sola pero a pesar de que "la soledad es la ecuación de la vida moderna", he dejado de hablar sólo con mis pies, tengo a mis padres, a mis hermanas y a mis amigos.
Efectivamente tengo las manos vacías en este momento, pero voy a creer que no será por mucho tiempo.
4 comentarios:
No sera por mucho tiempo, estoy segura.
No estes triste. Te quiero.
Querida amiguis:
Tus decisiones nunca seran equivocadas, fue lo correcto para ti en el momento; tu no tienes ningun control sobre los hijos de (/&%&%@@** que les gusta vivir de lo ajeno. No te procupes el karma, el cosmos o como gustes llamarlo se encargara de poner todo en su lugar.
Tal vez era necesario que llegaras a este punto para que entendieras que tenerte a ti misma es tener las manos llenas.
xoxoxo
Así es Mariposa, sólo te tienes a ti misma, la diferencia es que ahora que lo sabes, bien puedes empezar a compartirte.
De eso se trata, de SER.
No puedes comprender lo que te es ajeno.
Por eso también disfruto de la Historia, de las caricias de Clío.
Besos y Aullidos para ti.
P.S. Andrés esta bien, cumplió contigo. Hasta las cosas llegan a tener destino.
No te preocupes, preciosa, aunque las alegrías sean efímeras, los vientos contrarios, y el desconcierto breve, bien sabes que se te quiere bien y mucho. Recuerda que cada día trae sus buenas sorpresas. ¡¡Verdad que sí!!
Te mando un fuerte abrazo. Y ya no te rindas tan seguido. D'accord?
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