La mañana fue muy divertida, la dediqué para hacer venta de garage. Mi amiga Oaxaqueña me canceló el desayuno, así que saqué -sobre todo- muchos zapatos y un par de botas. También muchas camisetas, algunos jeans, otro tanto de lencería que me urgía deshacerme de ella, bisutería y un abrigo. A las nueve de la mañana puse mi tienda en el tianguis de los sábados de mi colonia y comencé a vender baratijas. Me divertí de lo lindo.
Lo ganado lo reinvertí en un par de botas altas estilo cordobés con tacón de tapa, color café y con un adorno de hebillas.
Por ahí de las catorce, Janis me mandó un mensaje divino: "Hola, soy muy feliz de contar con alguien como tu... Oye, hay plan con el Bailarín, a las siete. ¿Quieres venir?" Me dí un baño y escogí la ropa que me permitiera estrenar las nuevas botas: unos shorts de mezclilla, una blusa negra escotada que me queda un poco grande, el trench de mezclilla también y una pañoleta color oro en el cuello. Me alboroté el pelo, me puse un chorro de perfume y me salí.
Sólo lo conocía por foto, resulta que fue mejor de lo que imaginaba. Me lo presentó, nos subimos al coche de reciente adquisión y nos fuimos rumbo al centro de la Ciudad. Casi no hablamos. Es un tipo que piensa antes lo que tiene que decir, así que habla poco, eso me gustó. Janis propuso ir a bailar, le explicó que a la calle de Guatemala, al Centro Cultural de España.
Bromeamos mucho sobre el día de San Valentín y sobre los conciertos masivos. A pesar de que estuvieron prohibidas las actividades al aire libre en la Ciudad porque hubo contingencia ambiental, la voz de Vicente Fernández se escuchaba en todos los lugares que abarcó el primer cuadro del Centro Histórico. Muchas otras cosas nos regalaría la noche.
El lugar estaba casi vacío. La terraza tenía algunas personas acomodando hieleras y mesas largas. Los dj's estaban recogiendo y enrollando cables, y como siempre, la barra para reventar. El bailarín se adelantó a comprar tres cervezas, nos las tomamos hablando de sus presentaciones y de la gente de nuestro alrededor.
Había mucha gente muy peculiar. De no haber sabido que Esemiliqs esta en Barcelona, hubiera jurado que estaba sentado junto a mi: era un chico de pelo medio largo, lacio y con lentes; algún mechón le caía sobre la frente, era blanco y usaba lentes. Traía puesto un saco largo color gris, sus dedos eran lindos y traía tela adhesiva o micropore en algunas falanges. Era un dj. Sonreímos varias veces y nada, y nada.
Nueva Excelencia.
La noche nos pedía que nos moviéramos más rápido. Me preguntaron si conocía algún lugar con música y con cervezas. Les dije que si. Caminamos hacia Eje Central por Tacuba. En Allende doblamos a la derecha y caminamos dos cuadras más hasta encontrar República de Cuba. Doblamos a la izquierda y la encontramos: La Nueva Excelencia en persona (ahora resulta que con cover y toda la cosa).
Este es un lugar para el desenfado, donde la cerveza es barata y el ambiente es fenomenal. No se necesita ir al último grito de la moda ni con el galán del siglo para entrar, de hecho no hay fila a menos que no haya mesa disponible. Hay música en vivo, medio rockerón el asunto, cumbianchero o popero, pero créanme: el ambiente es inigualable.
Nos tocó la mesa junto a la barra pasando la pistita de baile. Pedimos unas cervezas y comenzamos a platicar. Estuvo bien, reímos mucho, me contaron muchas cosas de la Universidad y de la carrera que él ha llevado como bailarín. Como es mi costumbre, salí a fumar a la banqueta; y como es costumbre también, regresé lo antes posible porque no había nada más que ver.
Fantasías vueltas realidad.
Me di cuenta de que Janis estuvo particularmente feliz y eso me gustó.
No estuvimos mucho tiempo que digamos, pero tuvimos oportunidad de hacer muchas cosas. Yo, por lo menos, cumplí un par de mis fantasías, la primera fue bailar con un bailarín. Sé que no soy una máster en la pista, pero siempre me ha gustado mucho bailar. Bueno pues nunca antes, hasta este día, había bailado con un bailarín profesional. Wow. Además es tan, digamos... ¿atlético? O sea, proporciones exactas: altura, longitud de brazos, presión de las manos, pelo...
Caminábamos camino de regreso al bar anterior platicando y fumando (el Bailarín y yo bebiendo café) cuando vimos un montón de gente formada, de una cuadra atrás, en la puerta del Centro Cultural de España. Shiiiiit!!, no debimos abandonar el lugar si queríamos estar alli más tarde.
Janis se acercó al inicio de la fila a hablar con el cadenero: regresó seria y nos dijo "que nos tenemos que formar". Y no exagero cuando digo que había mucha gente, muchísima.
Total que nos miramos con ojos de "pues ya vámonos" y le dije "¿quieres que lo intente?". Me acerqué a la entrada del lugar del lado opuesto de la fila; estaba en la cadena un chico de muy buen ver: barba crecida y pelo mediano atado en una colita, saco y jeans, botas... Le sonreí y le dije: "oye estábamos adentro, queremos volver a pasar, salimos hace una media hora, por mucho cuarenta minutos ¿me tengo que formar?". Me miró y me dijo: "¿Cuántos son?" -"Tres", le contesté. -"Ok, espérame de este lado, vénganse para acá y pasan en un momento". "Pero dime si pasamos, porque si me vas a tener acá esperando, me voy a otro lugar". -Insistí. Dió la vuelta y sonrió enseñándome los dientes: "Pasan pronto, espérame acá".
Moría de risa. Les hice señas a mis amigos y me alcanzaron en la puerta. Janis y yo casi soltamos carcajadas. El Bailarín me preguntó "¿Pues qué le dijiste?". Pues la verdad, que estabamos adentro y que queríamos volver a entrar. El chico guapo regresó a pedirnos las identificaciones y nos abrió el paso. Caminamos hasta el fondo del pasillo para subir al tercer piso, al bar.
Esa entrada triunfal nos levantó el ánimo a los tres. Janis me decía que era la prueba de que todavía tengo mucho charme que derrochar. Me sentí la chica más guapa de la ciudad.
Wanna dance?
Literalmente el lugar se reventaba. Casi no podías caminar entre la gente, los brazos levantados bailando, las cervezas en las manos... Nosotros pasamos como pudimos hasta el fondo de la terraza, Janis compró bebidas y nos pusimos a bailar. ¡Qué jugo le sacamos al no cover y al coqueteo con el cadenero!
Bailé tanto que me olvidé de todo lo demás. Me sentí tan contenta que si por mi hubiera sido no me hubiera ido nunca. Bailamos los tres, luego las dos, luego yo con él, luego él con ella... Luego con otros, luego con todos. Luego un grupo de chicos nos miraban y nunca -como siempre- nos hablaron. El pelo del Bailarín me volvía loca. Bailamos mucho mucho. Estuvimos bien. Lo pasamos bien.
Pasadas las dos de la mañana salimos del lugar camino al coche. Me dejaron en casa y el Bailarín se llevó a Janis.
Love, i can believe in.
El domingo comenzó como muchos otros hace algunos meses. Yo tenía algo de resaca y mucho dolor de piernas. No lo odié, ni le saqué la lengua. Tomé clamato y jugo de naranja. No he tenido mucha hambre, pero sí mucha sed.
Rumbo a la reunión me puse a pensar cómo con creer que las cosas pueden suceder suceden. Hacía semanas que no había estado tan contenta. Finalmente fue amor, amor por estar con mis amigos y en mi Ciudad. Voy a creer y quiero creer que me voy a enamorar de ella otra vez.
1 comentario:
La Ciudad seduce, siempre a quien se deja, y es amante cariñosa y paciente. Pero también a veces, caprichosa y temeraria.
Un delicioso San Valentín.
Y coincido con uno de tus banners.
Nerds are Hot!
Aullidos y besos desde Chiapas.
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