viernes, 5 de febrero de 2010

Pavimento mojado.

Hoy la Ciudad de México amaneció totalmente despejada, sin nubes, y con un sol que me obliga a entrecerrar los ojos al caminar. Me gusta, me gusta. El aire sigue frío, pero ya me siento más en mi Ciudad.

Pero antier, cuando la lluvia se apoderó de todos los que vivimos aquí, y nos hizo sacar los paraguas, gabardinas e impermeables, la Ciudad se volvió completamente loca.

Venía yo con mi felicidad desde los hombros hasta los tobillos, vestida toda de negro porque a media tarde tendría una reunión, manejando tranquilamente bajo la lluvia, sobre Xola justo pasando Cuauhtémoc, cuando un coche color rojo salió sin mirar y muy rápido de un estacionamiento que está frente a la estación Etiopía del Metrobús. Frené de inmediato, y debido al pavimento mojado, mi coche se patinó hacia la izquierda.

Controlé sin mucho éxito el volante, me espanté horrores, casi me subo a la banqueta, por supuesto que me quedé a centímetros del maldito coche rojo cuyo conductor no volteó a la derecha para mirar que yo venía muy cerca. Luego de la patinada, metí primera y seguí mi camino. No tuve cabeza para mentarle la madre o gritarle algo al conductor, estaba verdaderamente espantada.

Llegué a la oficina, todavía pálida por el susto, con la boca seca y un punzante dolor en el hombro izquierdo. No sé si fue por la impresión o por mover el volante, total que para en la tarde, me dolían también las pantorrillas y las muñecas.

No paró de llover en todo el día, ni en el siguiente.

Manejé de regreso a casa, como abuelita. Sigo espantada, no voy a decir mentiras, pero tenía que volver a casa y tengo que perder el miedo a manejar bajo la lluvia.

¿Qué pasa con los conductores, que cuando llueve se vuelven imbéciles? Mil veces mejor es bajar la velocidad durante la lluvia, que provocar accidentes por seguir manejando a la misma velocidad.

Y hoy, que ya no llueve, y que está el sol en el cielo en todo su esplendor, la gente sigue con esta agresividad que no sé qué demonios le sucede. Todo mundo avienta el coche, no ponen la direccional, te gritan de coche a coche, tocan el cláxon como si les pagaran por ello. Digamos, pues, que sigo viviendo en una histérica ciudad.

Debo perderle el miedo a manejar bajo la lluvia.

4 comentarios:

SonrisaMiel (: dijo...

Yo debo perderle el miedo a manejar!
Que cosas provoca la gente, y lo que más risa me da es que se indignan y se enojan. Es el colmo!

Te mando un saludote Mariposa, tranquila, pierde el miedo!
Maneja con cuidado, del agua y de los imbéciles... (:

Besos y abrazos

Lilith dijo...

Si querida, hay que perder el miedo más no la precaución por que hay cada "vacuno" atarantado que además parece bajarle el IQ unos 20 puntos con cada mojada jeje... me preocupa eso, acá también la gente cada vez se vuelve más agresiva sin que haya realmente necesidad para tanta violencia interautomovilistica. Habrá que implementar en los cruceros clases de meditación y yoga mientras esperas tu luz verde =0P
Besos Mariposa que tengas un bonito fin de semana

Anónimo dijo...

hay china, si que esta feo el caos de la ciudad, la verdad es que ya ni sabes, a mi por eso no me gusta manejar por que aunque tu te pongas "buza caperuza" la bada alrededor maneja con los ojos vendados pero pues afortunadamente no te paso nada te mando buena vibra te quiero

copo dijo...

Qué sustazo me diste! Tu espalda bien, tu cuello? Yo tampoco entiendo esa parte en la que manejar en la ciudad es jugarte la vida y enfrentarte a la más pura de las misoginias.
Tranquila...estas lluvias están de lo peor. Muy atenta y mucha música, no se me ocurre otro remedio.
Un beso.