Me resisto a creer que la Historia es un gran espiral que hace que todo se repita; que sea una línea ondulada que siempre lleve al mismo punto: arriba o abajo; que sean ciclos que no se terminan, haciéndolos infinitos. Me resisto a creerlo, y confieso, que me da terror darme cuenta que en la historia de mi familia, en mi herencia emocional, haya una especie de condena en la que se nos repiten las historias de las generaciones pasadas.
No es fácil de concebir. Algo similar sucedería en historiografía, cuando se habla de ciclos que se repiten sin fin, de procesos históricos que continúan por determinado tiempo, movimientos sociales que se repiten luego de transcurrido un lapso, o de historia política que no tiene remedio.
Yo, en busca de respuestas, y le llamé. Y así soy, ni modo, no me puedo resistir a un encuentro que yo misma puedo provocar. No me pude resistir al letargo y la tristeza que me traen todos los días domingos. Y nos vimos, allí está siempre disponible, pocas veces me ha dicho que no. Fue agradable volver a verlo, que pasara por mi a mi casa, que fueramos a tomar café y a cenar mientras él pagara la cuenta; hace muchos años, todo era al revés, y mi cartera se vaciaba la mayor parte de las veces.
Pero esta vez, me sorprendió verlo tan cambiado y con tantos proyectos a futuro. Yo le sorprendí como ultimamente sorprendo a las personas, por el cambio físico que he tenido y por los pensamientos tan rectos que a partir de unos años para acá, he adoptado.
No sabemos con exactitud hacía cuánto que no nos veíamos, intentamos hacer cuentas pero no nos salieron. El chico se enamoró, luego se enamoraron de él, a punto estuvo de formar una familia pero no lo intentó más, a punto estuvo de ser padre pero no lo logró, a punto está de tener una profesión, a pesar de que me lleva seis años y de que hace diez no pintaba más que para vivir otra terrible depresión.
Y se lo dije, que la última vez que lo había visto tenía una listita de personas en la que se incluía mi nombre, a quienes nos tendrían que avisar cuando él muriera. Porque se quería morir, y estaba seguro de que no viviría mucho tiempo.
Ahora, ha cambiado de oficios y giros muchas veces, y parece que se ha hallado. Tiene una maravillosa relación con su familia, todo lo contrario a lo que tenía cuando lo conocí y cuando estuvimos en mayor contacto. Ahora se sabe que sí puede ser padre, contrario a lo que se suponía cuando fue mi pareja. Ahora, su vida está en completo orden, y tal y como pasa con mis ex parejas, parece que todo fluye fabulosamente y sin complicaciones.
Tu, me decía, en cambio cada vez eres más diferente, distante, distinta, distorsionada. Hacía mucho que no usaban esa palabra para referirse a mi. Prefiero que me llamen constancia, vanguardia, avanzada, pero no ruptura ni distorsión. Se maravilló de mis ojos hundidos y de mi cabello alborotado, de mi delgadez, de lo largo de los dedos de mis manos. Casi no pudo creer que yo no me hubiera casado, que no lo hubiera intentado, o que no me hubiera enamorado.
Lo intenté, le explicaba, me enamoré hasta que me dolió, intenté formar una familia, pero me pagaron con diferente moneda. Y ahora, como se dice -"la burra no era arisca, los palos así la hicieron"-, no tengo muchas ganas de intentarlo otra vez, y es muy respetable, y espero que alguien me lo pueda entender.
Cogí el teléfono en busca de respuestas y lo logré. Me volví a encontrar con el chico que me ofrecía una nueva vida en las faldas del volcán Tacaná. Y me siento un poco como el Rey Midas pero al revés, que todo lo que toco se rompe.
Me resisto a creer que esta soledad que se ha heredado a lo largo de varias generaciones, ahora me toque a mi. Me resisto a aceptar que llegan los éxitos profesionales, pero no los emocionales. Casi no puedo comprender como ex parejas siguen como si nada, como si nada costara trabajo, como si nada doliera, como si no significara nada una inversión o un compromiso. Todos la hacen, todos la intentan, pero a mi me cuesta mucho trabajo que se realice.
Estoy contenta, lo sabes, un logro más, otra conquista más. ¿Pero después? Una cosa a la vez, me diría el Rey Sol -casi puedo escucharlo-. La vida sigue, las horas pasan, los días se vuelven semanas. ¿Y después? ¿Qué voy a hacer si llega mi freaky age y no logré mi objetivo? ¿Qué voy a hacer si no cumplo con lo que me hace feliz? ¿Cuándo el destino me mostrará lo que me tiene guardado, sin seguirme haciendo pasar por todo esto? ¿Cuándo me dejará de doler el cuerpo?
Una cosa es un hecho: estoy feliz porque con todo y el esfuerzo que conlleva, logré obtener uno de los requisitos más importantes de mi carrera profesional. En el fondo quisiera que alguien estuviera aquí, llegara, y ya no se fuera nunca. ¿Por qué todo mundo se va? ¿Por qué tienen hechas las maletas y vuelven a elevar anclas? ¿Por qué por fin no se deciden y se quedan acá? ¿Por qué, aún cuando se lo pedí, el latinoamericanista no se decidió a llevarme de equipaje?
No es fácil de concebir. Algo similar sucedería en historiografía, cuando se habla de ciclos que se repiten sin fin, de procesos históricos que continúan por determinado tiempo, movimientos sociales que se repiten luego de transcurrido un lapso, o de historia política que no tiene remedio.
Yo, en busca de respuestas, y le llamé. Y así soy, ni modo, no me puedo resistir a un encuentro que yo misma puedo provocar. No me pude resistir al letargo y la tristeza que me traen todos los días domingos. Y nos vimos, allí está siempre disponible, pocas veces me ha dicho que no. Fue agradable volver a verlo, que pasara por mi a mi casa, que fueramos a tomar café y a cenar mientras él pagara la cuenta; hace muchos años, todo era al revés, y mi cartera se vaciaba la mayor parte de las veces.
Pero esta vez, me sorprendió verlo tan cambiado y con tantos proyectos a futuro. Yo le sorprendí como ultimamente sorprendo a las personas, por el cambio físico que he tenido y por los pensamientos tan rectos que a partir de unos años para acá, he adoptado.
No sabemos con exactitud hacía cuánto que no nos veíamos, intentamos hacer cuentas pero no nos salieron. El chico se enamoró, luego se enamoraron de él, a punto estuvo de formar una familia pero no lo intentó más, a punto estuvo de ser padre pero no lo logró, a punto está de tener una profesión, a pesar de que me lleva seis años y de que hace diez no pintaba más que para vivir otra terrible depresión.
Y se lo dije, que la última vez que lo había visto tenía una listita de personas en la que se incluía mi nombre, a quienes nos tendrían que avisar cuando él muriera. Porque se quería morir, y estaba seguro de que no viviría mucho tiempo.
Ahora, ha cambiado de oficios y giros muchas veces, y parece que se ha hallado. Tiene una maravillosa relación con su familia, todo lo contrario a lo que tenía cuando lo conocí y cuando estuvimos en mayor contacto. Ahora se sabe que sí puede ser padre, contrario a lo que se suponía cuando fue mi pareja. Ahora, su vida está en completo orden, y tal y como pasa con mis ex parejas, parece que todo fluye fabulosamente y sin complicaciones.
Tu, me decía, en cambio cada vez eres más diferente, distante, distinta, distorsionada. Hacía mucho que no usaban esa palabra para referirse a mi. Prefiero que me llamen constancia, vanguardia, avanzada, pero no ruptura ni distorsión. Se maravilló de mis ojos hundidos y de mi cabello alborotado, de mi delgadez, de lo largo de los dedos de mis manos. Casi no pudo creer que yo no me hubiera casado, que no lo hubiera intentado, o que no me hubiera enamorado.
Lo intenté, le explicaba, me enamoré hasta que me dolió, intenté formar una familia, pero me pagaron con diferente moneda. Y ahora, como se dice -"la burra no era arisca, los palos así la hicieron"-, no tengo muchas ganas de intentarlo otra vez, y es muy respetable, y espero que alguien me lo pueda entender.
Cogí el teléfono en busca de respuestas y lo logré. Me volví a encontrar con el chico que me ofrecía una nueva vida en las faldas del volcán Tacaná. Y me siento un poco como el Rey Midas pero al revés, que todo lo que toco se rompe.
Me resisto a creer que esta soledad que se ha heredado a lo largo de varias generaciones, ahora me toque a mi. Me resisto a aceptar que llegan los éxitos profesionales, pero no los emocionales. Casi no puedo comprender como ex parejas siguen como si nada, como si nada costara trabajo, como si nada doliera, como si no significara nada una inversión o un compromiso. Todos la hacen, todos la intentan, pero a mi me cuesta mucho trabajo que se realice.
Estoy contenta, lo sabes, un logro más, otra conquista más. ¿Pero después? Una cosa a la vez, me diría el Rey Sol -casi puedo escucharlo-. La vida sigue, las horas pasan, los días se vuelven semanas. ¿Y después? ¿Qué voy a hacer si llega mi freaky age y no logré mi objetivo? ¿Qué voy a hacer si no cumplo con lo que me hace feliz? ¿Cuándo el destino me mostrará lo que me tiene guardado, sin seguirme haciendo pasar por todo esto? ¿Cuándo me dejará de doler el cuerpo?
Una cosa es un hecho: estoy feliz porque con todo y el esfuerzo que conlleva, logré obtener uno de los requisitos más importantes de mi carrera profesional. En el fondo quisiera que alguien estuviera aquí, llegara, y ya no se fuera nunca. ¿Por qué todo mundo se va? ¿Por qué tienen hechas las maletas y vuelven a elevar anclas? ¿Por qué por fin no se deciden y se quedan acá? ¿Por qué, aún cuando se lo pedí, el latinoamericanista no se decidió a llevarme de equipaje?
4 comentarios:
La única respuesta es que no hay respuestas, pero siempre habrá preguntas. Estoy convencida de que voy a llegar a los 40 buscando respuestas y sabiendo, como sé ahora, que no sé ni madres de la vida.
Mientras tanto, creo que sólo se trata de irla viviendo, con todo y sus miles de preguntas y sus nadas de respuestas.
Linda noche!!
Ya sé que no sirve de nada, pero yo tampoco tengo las respuestas. En lo que no concuerdo ni un ápice es en que te hayas distorsionado. Has evolucionado, pero bueno, no caer en los estereotipos de comportamiento usuales suele caerle de peso a la gente. Lo peor es cuando no entienden que también te cae de peso a ti, que a veces también quieres las historias convencionales. Pero si naciste para brillar de otra manera, pues a buscar hacia donde mandar toda esa luz. No sé a donde y no sé como. Disculpa. Lo que si sé es que te debe llegar el amor pronto. Si no te llega a ti, entonces si pierdo la esperanza.
Un beso,
Es cierto que el que busca encuentra, pero también es cierto que entre más buscas menos encuentras. Así que busca pero no te aferres a la búsqueda Mariposa, a final de cuentas siempre llega alguien para hacernos sonreír.
Mil y un abrazos y besos. Te deseo lo mejor!
Distorsionada? para nada, yo diria que adaptada pero sin convencionalismos... sientete orgullosa, yo lo estoy amiga y el amor llegará, siempre llega.
Un beso.
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