Tus ojos cambian de color casi como lo hace el cielo mientras las estaciones no deciden si -valga la redundancia- estacionarse o seguir su curso.
Tus ojos cambian, se hacen grandes, logran llenarme toda, y también llenarnos a los dos.
Tus ojos son dos gatos por los tejados, ya lo dice una canción.
Tus ojos a veces no tienen color, a veces son como tu sonrisa, a veces sólo tienen tu humor. Y es ahí cuando se ven distintos, y parecen almendras o un par de aceitunas verdes.
Tus ojos son un par de mapas, y me gusta verlos cuando tengo de frente la luz de la ventana; tú estás de lado, la luz no te llega directamente, y entonces los atraviesa, se ven transparentes, y esas minúsculas manchas son como mapas que me guían, que me provocan, que me dicen en dónde voy a parar.
Mirarlos de frente, es como mirar las pupilas de un felino; con la luz se contraen, de noche se ven enormes. ¿Cómo serán los míos cuando te miro fijamente? ¿Podrías decírmelo, la próxima vez que me mires?
De niña tuve los ojos muy obscuros, casi negros, así como mi pelo. Con el paso del tiempo han ido cambiando, como cambió mi melena, que ahora tiene unas canas de lado. Dice mi madre que los ojos de Carmela y los míos parecían capulines, ahora son distintos, ahora somos diferentes.
Sé que vamos a seguir transformándonos, haciéndole al camaleón. Sólo espero que tus ojos sigan siendo este par de mapas que me encuentran, que me siguen; y que después de guiarme, provocan perderme.
Tus ojos cambian, se hacen grandes, logran llenarme toda, y también llenarnos a los dos.
Tus ojos son dos gatos por los tejados, ya lo dice una canción.
Tus ojos a veces no tienen color, a veces son como tu sonrisa, a veces sólo tienen tu humor. Y es ahí cuando se ven distintos, y parecen almendras o un par de aceitunas verdes.
Tus ojos son un par de mapas, y me gusta verlos cuando tengo de frente la luz de la ventana; tú estás de lado, la luz no te llega directamente, y entonces los atraviesa, se ven transparentes, y esas minúsculas manchas son como mapas que me guían, que me provocan, que me dicen en dónde voy a parar.
Mirarlos de frente, es como mirar las pupilas de un felino; con la luz se contraen, de noche se ven enormes. ¿Cómo serán los míos cuando te miro fijamente? ¿Podrías decírmelo, la próxima vez que me mires?
De niña tuve los ojos muy obscuros, casi negros, así como mi pelo. Con el paso del tiempo han ido cambiando, como cambió mi melena, que ahora tiene unas canas de lado. Dice mi madre que los ojos de Carmela y los míos parecían capulines, ahora son distintos, ahora somos diferentes.
Sé que vamos a seguir transformándonos, haciéndole al camaleón. Sólo espero que tus ojos sigan siendo este par de mapas que me encuentran, que me siguen; y que después de guiarme, provocan perderme.