miércoles, 12 de mayo de 2010

Un par de mapas.

Tus ojos cambian de color casi como lo hace el cielo mientras las estaciones no deciden si -valga la redundancia- estacionarse o seguir su curso.

Tus ojos cambian, se hacen grandes, logran llenarme toda, y también llenarnos a los dos.

Tus ojos son dos gatos por los tejados, ya lo dice una canción.

Tus ojos a veces no tienen color, a veces son como tu sonrisa, a veces sólo tienen tu humor. Y es ahí cuando se ven distintos, y parecen almendras o un par de aceitunas verdes.

Tus ojos son un par de mapas, y me gusta verlos cuando tengo de frente la luz de la ventana; tú estás de lado, la luz no te llega directamente, y entonces los atraviesa, se ven transparentes, y esas minúsculas manchas son como mapas que me guían, que me provocan, que me dicen en dónde voy a parar.

Mirarlos de frente, es como mirar las pupilas de un felino; con la luz se contraen, de noche se ven enormes. ¿Cómo serán los míos cuando te miro fijamente? ¿Podrías decírmelo, la próxima vez que me mires?

De niña tuve los ojos muy obscuros, casi negros, así como mi pelo. Con el paso del tiempo han ido cambiando, como cambió mi melena, que ahora tiene unas canas de lado. Dice mi madre que los ojos de Carmela y los míos parecían capulines, ahora son distintos, ahora somos diferentes.

Sé que vamos a seguir transformándonos, haciéndole al camaleón. Sólo espero que tus ojos sigan siendo este par de mapas que me encuentran, que me siguen; y que después de guiarme, provocan perderme.

martes, 11 de mayo de 2010

El tercer baño del día.

Me gusta este excedente de grasa que se ha acumulado alrededor de mi vientre, y sobre mis caderas. Me hubiera gustado que me miraras en la ducha, sin luz y con velas; con mi silueta dibujada en la sombra de los azulejos del baño. Me hubiera gustado compartirte cada imagen de mi cuerpo, como nos compartimos cuando me bañas, te recibo, me hueles y me dices que me quieres.

Llegué y no había energía eléctrica. Algo se rompió en el poste de luz que está a un par de cuadras de mi casa, que no hubo ni una chispita en toda la noche.

Venía muy cansada, tenía que darme un baño, sería el tercero del día. El primero fue el de rutina. El segundo fue el de maravillas, el de calor, el de gotas fabulosas que corren desde el medio de mis pechos hasta abajo de mi ombligo. Fue un baño de amor, de esos que me fascinan, que me enloquecen; que me gusta cómo me miras, porque entonces sí estuviste para mirarme.

Éste baño, el tercero del día, fue diferente. No estabas conmigo, pero sentí como si estuvieras. No había luz, pero se miraba como si hubiera. No fue de amor, pero de lejos sentiste que así fue, me lo dijiste, lo soñaste, me sentiste allí contigo. Y hubiera sido maravilloso, que hubieras estado allí conmigo, no tan cerquita, de lejitos, para que miraras como cambió de color mi piel por el brillo de las velas.

Mi silueta -esta que tanto miras cuando no me doy cuenta- se dibujaba en la pared; en la misma que nos ha visto varias veces, que nos ha recibido, y que también me acoge aunque no estés conmigo.

Las paredes definitivamente hablan y escuchan; esperan que las llene de tu nombre, del sonido de mi garganta cuando grito tu nombre, cuando pido que no te alejes más.

Estas paredes definitivamente miran y luego te cuentan, cuando vienes a quedarte conmigo, como es cuando no estoy contigo. Que tristemente es como una oficina, como los teléfonos que nadie quiere responder, como los floreros que no tienen flores, como las plantas que no se riegan más. Todo es como la cocina sin usar, como un sartén donde no se ha frito nada, como una olla donde nada se pone a hervir.

Y entonces, las paredes esperan -con mi silueta de cintura y de caderas- a que vengas a estar conmigo, a que vengas a mirar (mientras ellas también nos miran) como las velas nos dibujan, mientras la luz nos dá más calor. Poco a poco te acercas, me tocas, quieres abrazarme y no te decides, quizá prefieras sólo mirar, pero entonces te mojas. Te quedas conmigo.

Ahora el segundo baño y el tercero son el mismo.

Vienes aquí y otra vez todo tiene color, lo que brilla en mis ojos es azul turquesa, es amarillo girasol, es amor de colores, de cocina, de olores que no queremos dejar de probar ni de sentir.

Tu piel es de mi color, así dices, que cambia de color como lo hace el amor después del amor.
You can't be wise and in love at the same time.
Bob Dylan.

jueves, 6 de mayo de 2010

(Oficialmente) Un problema nacional.

Cuando estás destinado a tomar una pastilla diaria por el resto de tu vida, supongo que las cosas se ven más fáciles o están un poco aseguradas; aún más, si de esa pastilla depende un bienestar físico o emocional.

El problema viene cuando esas pastillas se terminan, se vence la receta, no se puede conseguir dicha receta, o las pastillas están agotadas.

Problema mayúsculo resulta si pasado el tiempo, ya no es necesario tomar la aspirinita o dicha medicina, pero uno ya está acostumbrado a vivir con ella. ¡Pero qué va! ¿Qué estoy diciendo? Entonces sí sigue siendo necesario tomarla, y así nos vamos... de por vida, con una pastilla que asegure un bienestar.

No debe ser fácil, pero tampoco muy difícil. Es como cuando se dice que "contigo soy mejor persona", me parece que tiene el mismo significado "con las pastillas funciono diferente".

Y ahora, curiosamente, la epidemia se ha hecho oficial, y entonces los medicamentos se agotan, en las farmacias no aceptan más las recetas, hay lista de espera para adquirirlos, y las personas se presionan mutuamente para dejar de consumirlas. No lo entiendo. "Espero que sea el último frasco que consumes, Mariposa". Como si uno fuera un drogadicto, como si nos dieran permiso para serlo; como si oficialmente, ante la sociedad o ante la ley, se nos colgara esa etiqueta, como muchas otras se nos cuelgan sin darnos cuenta.

Vaya tema este, el de los medicamentos.

¿Y si encima, quien las consume, luego no puede mantener esa prescripción? Problema doblemente mayúsculo, y sería entonces cuando se convierta en un problema nacional.

(casi) Todo lo que traigo dentro.

Aquí vienen otra vez. Estas ganas interminables, de ponerme a escribir pero sin poder hacerlo. Mi cabeza no es la misma de ayer, eso ya debería saberlo.

Aquí viene otra vez, este hormigueo que me recorre los brazos desde los hombros hasta la punta de los dedos. Que me incita a seguir escribiendo, pero ahora ya no puedo.

Quiero dormir. No tengo sueño.

Tengo sed. Ya perdí la cuenta de los litros de agua que llevo hoy, de los analgésicos que me tomé en los últimos dos días, de los besos que me ha dado, de las veces que me ha sorprendido. Me gusta. Me gustan los encuentros. Me gusta estar con él.

Me gusta su barba, cuando le crece al día después. Me gusta cuando comienza a raspar como una fina lija, que no lastima, que tampoco acaricia, que sólo se hace presente.

Me gusta que los besos hayan dejado de estar vetados.

Me gusta todo eso. Me gusta que esté aquí.

Me molesta no poder escribir todo lo que traigo dentro.

domingo, 2 de mayo de 2010

Un problema nacional.

Me despertó un dolor en la mandíbula, un hormigueo en la espina dorsal, un "rechinido" en las muelas del juicio, y el dolor de siempre sobre los hombros y en la cintura. Me despertó, como hacía mucho no lo hacía, una crisis de ansiedad. Ni modo. Prendí la radio. Estaba el comentario de Domínguez Muro. Intenté levantarme lo más rápido que pude, pero no pude. Quería, pero no podía. Me dí vueltas. Olvidé que anoche sí alcancé a vestirme.

Y de pronto, ahí estaba. Mi cara de malestar general, mi cara de "no quiero nada", mi cara de "no sé qué es lo que tengo que hacer". La llanta rota, el examen resuelto, el ensayo que no termino, la carta que no sé cómo concluir, la mensajería que tengo que pagar, mi lista de pendientes -y de deudas-, que poco a poco comienza a ser interminable. Mi madre enferma, las noches que no me dejan dormir, este cansancio que se me acumula detrás de los hombros, este calor que no sé qué es lo que me provoca; la nariz tapada, las ronchitas alrededor de los labios y los ojos, la maldita primavera que con sus pajaritos y toda su cosa verde viene a hacerme estornudar.

Ya me había olvidado que podía alterárseme el pulso de la mano derecha, pero en la tarde lo recordé. Me dio un tanto de pena, un poco de "no me interesa", y como pude terminé de comer. Son cosas que no se pueden ocultar. Puedo llegar como si nada, sin que nadie sepa que tuve una crisis al despertar, pero si el pulso me traiciona, como lo hizo haciendo que el bocado casi se me callera del tenedor, no puedo hacer como si no pasara nada.

Después, este apetito incontenible. Ganas de comer, de comer todo, de todo, a todas horas, en todo momento, en todo lugar. De pronto me da un hambre terrible, que la única manera que se me ocurre para controlarla, es saliendo a caminar. Debe ser ansiedad manifestada de otra forma, de otra manera, no le encuentro motivo. Si empiezo a comer, de pronto no puedo parar, ¿qué me pasa? Debería intentar comer otras cosas, probar otros sabores, hacer como si siempre fuera sed, y no parar de beber agua nunca.

Siento que estamos llenos de epidemias, de enfermedades, de otras epidemias que ni siquiera se preocupan por contener. Todo el mundo anda con el cuerpo cortado, con infección en los oídos o conjuntivitis. Ya van varias personas que sé, que como yo, también tuvieron dolores en los riñones. Me parece que los virus andan por todos lados, sin saber siquiera su propósito en el ambiente. Me parece que la ansiedad, debería ser un gran problema nacional.

sábado, 1 de mayo de 2010

JURAMENTO DE AUTOESTIMA

Venga, reconócelo Mariposa Tecknicolor, sin contar con tu hombre ideal, eres lo mejor que hay en la tierra. Es verdad que a veces te deprimes y no quieres hacer nada porque de pronto nada vale la pena, pero también hay que reconocer que el resto de las veces eres muy optimista, perfeccionista y dedicada. Nadie sabe investigar Historia como tu. Si ya lo dicen tus amigos, eres ejemplo de constancia y de buenos sentimientos. Y también lo dicen tus lectores: la Historia que escribes vale toda la pena. Por eso, a partir de hoy vas a dejar de torturarte por no tener el trabajo de tus sueños, y comenzarás a quererte por ser responsable, persistente, inteligente y por tener la capacidad de amar. Y si alguien llega y te dice que eres una persona equivocada, dile que puede coger y largarse a la fregada.