Espero que estés muy bien, soy Mariposa Tecknicolor y escribo desde la Ciudad de México.
Del mes de abril al mes de agosto pasados trabajé en una agencia de análisis de noticias y me correspondió cubrir las entrevistas que viniste a dar en la Ciudad de México a un programa de radio y al programa de televisión Conversando con Cristina Pacheco, así fue como te conocí. Fíjate que hubo muchas noticias sobre novelas y escritores que cubrí mientras trabajé allí, pero algo muy peculiar tuvo tu voz, tu risa y la descripción que hiciste de tus personajes; y me sentí identificada contigo cuando dijiste que más allá de la suma económica que trajo el Premio Alfaguara, lo que no se compraba ni con todo el dinero del mundo era que te fueran a leer en todos los países de Iberoamérica, y entonces mencionaste las aquellas capitales con las que te entusiasmabas de pensar que tu libro estaría en las estanterías de las tiendas de libros. Dijiste, asombrado, que era algo que no podías haber imaginado.
Eso, mi querido Andrés, y los comentarios de que cada lector hiciera el mapa de Wandernburgo, que sea una ciudad itinerante, el amor que se funde entre Hans y Sophie, la Plaza y el organillo del organillero que va acompañado de Franz, y el arcón que parece que trae "unos cuantos" muertos, me hicieron imaginar y comenzar a hilar una historia en mi cabeza. Eso de que la ciudad no deje que Hans se vaya, "mañana agarro mis cosas y me voy", y ese mañana no llega, y hasta donde voy no ha llegado.
Aproximadamente un mes después de haberte visto y escuchado en el que ahora es mi anterior empleo, en una tarde de café y revistas con mi amigo San Román, me preguntó sobre la novela que estaba leyendo en ese momento y sobre el montón de libros que tengo por leer, y me dijo, "¿hay algún libro que quieras leer y todavía no tengas?" Y sin pensarlo dos veces le dije que sí, que necesitaba leer El viajero del siglo de un escritor muy joven que se llama Andrés Neuman, premio Alfaguara de Novela 2009, y de quien me quería hacer total fan.
Los días pasaron y llegó mi cumpleaños número 26. Al día siguiente, San Román llegó a verme para invitarme un café, y cuando me subí a su coche estiró su brazo bajo mi asiento y sacó un gran paquete envuelto en papel color dorado y un enorme moño color rosa, era un libro de Sanborn's por supuesto, y se me salieron las lágrimas cuando vi el título y tu nombre escritos, que además me sorprendió porque no sabía como era la portada.
Comencé a leerlo esa misma noche. No tengo el ritmo de lectura de antes porque mi actual trabajo me absorbe muchísimo tiempo, pero siempre que regreso a casa, me recuesto en los dos sillones en forma de media luna de mi habitación, levanto las piernas sobre dos cojines y mientras mi gato se acurruca en mi panza, yo continúo imaginando Wandernburgo y las facciones de la cara de Hans, su pelo y su estatura.
La semana pasada terminé el capítulo "I Aquí la luz es vieja", y me satisfizo sobremanera la conversación entre el grupo de hombres, la última vez que se reúnen en la cueva del organillero. No quisiera escribir sobre tu novela porque me tardaría muchísimo y terminaría contándola aquí mismo, pero sí quiero que sepas que tus letras llegaron a darle mucha ilusión a mi corazón y muchas ganas de seguir escribiendo a mi cabeza y a mi alma.
Me acabo de comprar un coche, y como siempre tuve que escogerle un nombre. Pensé de inmediato ponerle Andrés en tu honor, pero mi anterior coche se llamaba así porque la primera vez que lo manejé fue para ir al concierto de Andrés Calamaro en el Auditorio Nacional, y no quise repetir el nombre porque además, me pareció mala suerte ya que a Andrés me lo robaron del estacionamiento del supermercado. Nunca apareció, yo estuve muy triste, pero me repuse pensando que había cumplido conmigo.
En tu honor, de igual manera, mi nuevo coche se llama Hans. Pensé llamarle Neuman o viajero, pero sin pensarlo, cuando mis amigos lo vieron y me preguntaron su nombre, de mis labios salió "Hans, se llama Hans porque así se llama el viajero del siglo", personaje principal del libro que estoy leyendo y que todas las noches me hace la mujer más feliz del mundo.
Gracias, otra vez.
Un cariño,
Mariposa Tecknicolor.
1 comentario:
Tu tambien les pones nombre a los autos. Curioso. Me agradó el comentario de tu amigo, "¿hay algún libro que quieras leer y todavía no tengas?" Quiero que me hagan esa pregunta en algun momento de mi vida.
Te regalaron un libro que seguramente te atrapará hasta el final. Que gusto (:
Un saludo Mariposa, que todo el libro te siga siendo placentero.
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