Sábado de vintage, de mercadillo, de intercambio de tesorillos. De pruebas de jeans pegados, de plataformas que no sé cómo se calzan, de complicidades con mi hermana que ya no me acordaban que existían.
Domingo de dar noticias, de leche fría y de León sonriente. De compras rápidas, felices, de café recién filtrado y Metro vacío. De revista Vogue en el vagón mientras avanzo, y pido deseos. Domingo de sandalias doradas, domingo de lluviecita fría y de baños públicos, de coca-cola en vaso de cartón.
Miércoles depresivo donde no aparece mi nombre completo, donde no suena el móvil, día en el que se rompe el tacón del zapato. Que comí como loca un buffet para la cena, que guardé panecillos de chocolate en mi bolso, que hablé con mi amiga como si fuera el día después.
Entre semana de leer tus mails, justo antes de las diez horas, cuando llegas a investigar, cuando me respondes sin saber casi como soy. De ombligos de Ciudad, tal como tu lo has dicho; de salir a empaparnos, y regresar a saber quién soy.
Jueves de reencuentros, de Ciudad de noche, de sandwiches hechos rollos, y de echarme a perder mientras me compras frapuchinos para el camino a casa. Te extraño, a veces me haces falta. Otras veces me gusta como eres, tal cual, y que ríamos mientras la gente nos mira.
Sábado de piñas coladas, de taxis compartidos de regreso a casa, de amistad que no se ha roto a pesar de la distancia en la que se ha estirado. Sábado de mandar felicitaciones estúpidas por el móvil, de esperar su llamada, de tener en el corazón la sensación de que pronto ocurrirá.
Martes de comida china. De miradas furtivas con el chico del cristal, de deseos interrumpidos bajo su saco color verde, de mis tacones que quieren ir a donde él. De abrazos en la maquinita de coca-cola, de bombones rancios y cacahuate japonés. Martes que me hacen ser un poco más histérica, sentirme en la orilla de la Ciudad, saber que el chico tal vez no vendrá.
Viernes de secretos del León, que francamente no quería saber. Es un chico un tanto tímido, y todo indica que no sólo le caigo bien. Viernes de confesiones de fantasías no cumplidas, de fantasías que se desea cumplir, y de líbido atado a las patas de la cama. Trece horas y me confiesas las fantasías que te provoco, que se te entume el brazo, y que el domingo próximo no podrás dormir.
Y el lunes me echarás la culpa del insomnio.
El tiempo me vuelve un poco loca, necesito -como siempre lo dije- un día de 27 horas, y aún así me faltarían otras tres. Necesito poder escribir como antes, como siempre, como hoy. Llena de dolor en todo el cuerpo, con la pierna izquierda entumecida por el frío, con los huesitos filosos bajo mi camisón color mamey.
Viernes de confusión en la colonia Condesa, de risas a través de la vidriera, de viajes en Metrobús que me hacen reír. De taxis histéricos como yo, que también se equivocan. De lattes a las ocho de la mañana, de haber despertado a las cinco y veinte para meterme a bañar. De exámenes que respondo con mi simple memoria, de suerte que viaja en mi muñeca izquierda, de santos que me miran desde las ciudades que me rodean.
Viernes de la colonia Condesa. Viernes sin tí, con ella, sin mí, calzando mis botas negras.
3 comentarios:
Me encantó como resumiste todo en su pura esencia, espero que la ciudad te este tratando muy bien, te dejo un gran abrazo.
TQM
Esa semana tiene de todo, pero nada de simple.
me encanta como escribes :)
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