Es increíble como puedo dedicarme a remover recuerdos pasados de naciones, personajes, hechos y procesos históricos, actores, escritores; y encima, si tengo oportunidad, todavía los revivo. Y cuando se trata de remover recuerdos míos, de hace unos diez años o más, mi cabeza no lo procesa como quisiera.
La graduación del sábado pasado estuvo bien. Me divertí mucho, bailé con mi ahijado, tomamos fotos. Y me encontré con un compañero de generación de la secundaria. Los que me conocen, o digamos los que me conocen a fondo, saben que la secundaria no fue para mi una buena época. Creo que fueron unos tres años difíciles de mi propia historia, no comparables con lo que le vino después, y con el aprendizaje que aunque dolió, pude obtener de mi misma.
En mi esfuerzo por hacerme un criterio propio, una sola ideología, de enriquecer mi vocación y encausarla; diez años después de que la secundaria terminó, me doy cuenta de que lo logré. Lo logré, y aquí estoy, haciendo lo que más me gusta hacer, y regocijándome de haber podido cumplir mis metas.
La cuestión es que, aquellas personas con quien compartí esa etapa, también cumplieron sus metas pero dentro del cánon que la sociedad y el entorno dictaba -y les sigue dictando- que era lo correcto, lo idóneo, "lo mejor" que te podía pasar en la vida.
Mucho tiempo viví sin planes, y era cuando me daba cuenta que no resultaba mal vivir conforme las cosas se presentaran, dándome cuenta al final de la semana, del mes o del año, que las cosas habían salido bien. Cuando platico ahora, con personas que no entienden que el plan es que no había plan, que simplemente era una meta que no importaba cómo se llegaría a ella; justo entonces choco con pared y me doy cuenta que valió la pena seguir mis pasos de costado.
Me desespera saber que la gente se sigue quedando estancada, y creen saber la ciencia de los sueños. No digo que yo la sepa, ni que yo hice lo correcto. Al contrario, superé muchos baches, olvidé errores, aprendí aciertos, me enamoré de virtudes y me rompieron el corazón ciertos defectos. Aprendí a salir adelante por mi misma, porque desde que supe que sólo me tengo a mi misma, las cosas no fueron igual.
En ese tiempo, comencé a ser el foco de atención por ser la única chica con depresión diagnosticada, con deseos de ser escritora mientras se convertía en diseñadora de modas -con especialidad en diseño textil en tejido plano y acabados-; embelecida por lo que fueron los años treinta y cuarenta de la Historia de México, por la filosofía, por el relato corto.
Pasado el tiempo, dejó de importarme que hablaran de mi por haber decidido vivir al límite. Al límite el amor, y al límite de los excesos. Cada sábado con bronca y despedida, y los domingos con magníficas reconciliaciones. Enamorándome de mi misma, y aprendiendo que la familia que tengo pudiera ser la peor del mundo, pero que la que más importa es la familia que yo escogí, la de mi entorno intelectual, profesional, y la de mis amigos.
Las personas que se hicieron protagonistas, después se hicieron perennes. La Universidad Nacional me dio las armas para pensar dos veces antes de emitir una palabra, un razonamiento; y me enseñó a no dudar de mi pensamiento, a confiar en mi misma, y a sentirme orgullosa de ser quien soy.
No hubo más. De pronto fue demasiado tarde para arrepentirme de lucir los tatuajes de un pasado bucanero; así que elegí que los tatuajes no fueran falsos nunca más, y por fin pude vivir conforme habla mi boca.
De aquel tiempo a esta parte, en el que tantas cosas sucedieron, y ahora que no pensamos volver a ese tiempo jamás; me encuentro con un ex compañero de mi edad que parece señor, que tiene más problemas de insomnio que yo, y que tiene puesto un límite para casarse porque le presiona ser el único en su grupo de amigos -que sigue siendo el de la secundaria-, que no tiene novia formal, y que por consiguiente no tiene planes de matrimonio.
Me acordé muchísimo de Madame Copo, porque el chico es un chiquiñor. También me acordé de Mafka porque dice, que tengo cierta predilección hacia los chiquiñores; y pudiera ser, pero no específicamente a este.
Esos chicos -me platicó-, terminaron la preparatoria, fueron a la universidad, se consiguieron un trabajo. Tienen los noviazgos desde hace muchos años. Trabajan. Algunas tuvieron hijos. Se están comenzando a casar. Algunos viajan, una de ellas vive en Suiza porque trabaja en una organización internacional. El resto vive por acá, van al mismo centro comercial, van de compras al mismo lugar. Se duermen temprano, se levantan tarde. El tiempo no les pasa, más que en el aspecto físico.
Yo decidí hacer mis propias listas, en lugar de pertenecer a ellas. Superada la depresión, aprendida la profesión y conocidos los personajes de mi historia; pude cambiar mi nombre un par de veces. Y no he viajado tanto como he querido, pero mi pensamiento ha volado muchas veces.
Tomé mi decisión, hice mi petición y cumplí mis palabras. Los errores no los cometí dos veces. Mi corazón se ha ido de viaje, y no he vuelto a negarme a lucir los tatuajes de un pasado bucanero. Me convertí en un pez de Ciudad.
El sábado usé un minivestido de globo, arriba de la rodilla, color blanco, sin mangas. Me puse unas botas altas color piel. Me brillaban los brazos y el rostro. El pelo se me acomodó como si hubiera ido al salón, lo que me hizo sonreír, por hacer real que menos es más. Nadie tiene la última palabra, mucho menos si no decía "Etiqueta". Un little dress siempre saca de apuros. Sin pareja, no me hizo falta. Si no hay islas, no habrá donde naufragar.
A punto de que termine la semana, todavía no sé por qué he estado un poco triste. Supongo que no me gusta darme cuenta que, aunque no me guste, yo pertenecí a la generación del abogado chiquiñor. Pero lo bueno es saber que también formé parte de otras generaciones.
Mi fin justificó, y sigue justificando los medios.
Y desafiando el oleaje sin timón ni timonel,
por mis venas va ligero de equipaje,
sobre un cascarón de nuez, mi corazón de viaje.
Luciendo los tatuajes de un pasado bucanero,
de un velero al abordaje,
de un "no te quiero querer".
1 comentario:
A ti tampoco te gusto la secundaria? Por un momento crei ser la unica, aunque nunca se es unica en estos aspectos. Mi mama siempre me decia, la secundaria es de donde salees con mas amigos, etc etc etc... En fin, ya tambien termine con esa etapa de mi vida, veamos si cuando termine la prepa no pienso que fue peor que la secundaria. Por el momento todo bien.
No estes triste, estar con amigos siempre ayuda. (:
Saludos!
Publicar un comentario