martes, 30 de junio de 2009

Del León, y los ojos redondos

El León se va justo cuando yo llego. Todos los días, nuestra oportunidad se limita a unos diez minutos, veinte si nos va bien.

El chico alto, de los ojos redondos, sólo hace sus apariciones esporádicamente. La Florida le absorbe las ocho horas al día.

Nuestra oportunidad, ¿para qué? ¿De qué se trata? Diez minutos pudieran ser una vida, y entonces no serían oportunidad, serían bendición. Me gusta que tenga los dientes parejitos y casi tan blancos como perlas. Me gusta su melena de león, la chamarra negra y los gadgets de última tecnología.

¿Oportunidad? Los ojos redondos no la dejaron escapar. Me puse tan nerviosa, que comencé a tartamudear. Soy el colmo, no es posible que me pase esto a mi. Ni siquiera pude anotar su número de teléfono; él cogió mi móvil y desde ahí se llamó al suyo. La llamada que venga de regreso no sé cuando sucederá, ni siquiera sé si tendrá parte. De cinco en cinco, el León está más tiempo presente.

Me inspira tantas preguntas, que no estoy segura de poder formulárselas todas de una vez. Hay cosas que son oficiales: su edad, su religión, su dificultad para despertarse temprano. Y supongo que sí le gustan los domingos, como le gustan al chico de los ojos redondos.

Todos hacemos guardias, y qué gran diferencia existe entre los que elegimos un domingo y los que no.

El León se limitó a darme una galletita de chocolate, y me da un poco de curiosidad que resulte ser gay. Todavía no los reconozco, todavía no me molesta que sean un poco vanidosos o que se arreglen el pelo más de lo que me lo arreglo yo. Tampoco sé qué tan normal es hablar de dietas, ejercicios y cuidados personales, con un hetero.

Pero qué va, ahora recuerdo que ya sé lo que es que un hetero se planche el pelo, se cuide la piel más que yo, o tenga menos vellos que yo. No me interesan muchas cosas del León, pero parezco gato con toda la curiosidad que me provoca.

Y entre los tres, la Ciudad se hace un polvo. Unos de cerca, una del norte, el otro del otro lado. Y yo hago bromas diciendo que vengo de Japón. Me río, se ríen. Me gusta cuando se ríe. Y guiñamos los ojos, y no puedo ver sin mis gafas, y los micrófonos nos hacen interesantes.

Dar noticias, entonces resulta divertido.

2 comentarios:

Edu dijo...

Bueno lo importante es reirse, en la risa empieza el amor.
Un Saludo.

Lilith dijo...

Bueno es que ultimamente hay tantas subespecies de hombre que es dificil identificarlos a todos... mientras te diviertas esta bien.
Besos!!!