"¿Estamos ante un pasado olvidado o más bien un pasado recordado en demasía?, ¿ante un futuro que prácticamente ha desaparecido en el horizonte o ante un porvenir más bien amenazador?"
--François Hartog.
viernes, 26 de abril de 2013
martes, 2 de abril de 2013
Entre la sed y el silencio.
Regresé a casa sintiéndome tan feliz, que olvidé de dónde venía.
Conduje mi auto a través de los Ejes y del Circuito Interior, que me jode que se llame Bicentenario. Yo, chica del Norte, sé cómo moverme por las arterias de esta Ciudad, como si de la palma de mi mano se tratara. No duró mucho tiempo mi trayecto de regreso, no tanto como duró la charla que me mantuvo al borde del asiento la tarde entera.
Muchas cosas se amontonaron en mi cabeza. El último café, las cartas de la semana pasada, los temas pendientes, la labor de investigación... No nos dimos cuenta, pasó el día, pasaron las palabras, y pasamos nosotros por ahí. Atiné a pensar con certeza, que estuvimos por espacio de seis horas, creando un lazo mágico... y no nos dimos cuenta.
Tampoco tiene televisión.
Comenzamos saludándonos como si no nos hubiéramos visto en años, yo moría de sed, y quizá él de silencio. Tomamos una mesa, elijo yo, elige él, eso no causa problema. Con pocos hombres se pueden hacer tratos de esa forma: rápidos, fáciles, plausibles. Hasta esta mañana comprendí que con él se pueden hacer acuerdos justos.
Me preguntó sobre mi último viaje, hicimos bromas sobre la carta del café. Vienes muy contenta, me dijo. Vengo en la relajación total, le respondí; aunque honestamente lo que sucedió fue que reflejé sentirme contenta de verlo. Con el pretexto que siempre me pongo a mi misma, de disfrutar de una buena charla, siempre consigo que todo sea posible. Anécdotas, comenzamos a sumar anécdotas. La del mapa mal dibujado en un papel, la del teléfono en el panteón... "te sugiero" y comenzamos a reír. Reímos como nunca.
Después de la risa y de que llegara el primer café, empezamos a hablar sobre las personas que fuman y cómo lograr dejar de fumar, y tomó esa linda pose que toma cuando me pone atención: recarga su barbilla sobre las manos que se apoyan en los codos sobre la mesa, guarda silencio, me mira y escucha. Hablé y hablé, como hacía mucho no lo hacía. Me reí. Reí a carcajadas, al extremo de que tuvimos que pedir disculpas a los comensales de la mesa de al lado.
Después lo escuché. Tomé esa pose que me encanta que nadie se dé cuenta cuando lo hago: subí la pierna izquierda a la silla de enfrente, y mi codo izquierdo se recargó sobre el respaldo de mi silla. No hice más que poner mis ojos fijos sobre los de él, le escuché como cuando era mi profesor.
Luego los libros abrieron los corazones, abrieron las anécdotas y abrieron las puertas de los departamentos. Hablamos entonces de las historias de mudanzas que traemos cada uno con nosotros, de nuestras cajas de libros, de nuestras repisas vacías. Le hablé del baúl de muertos que siempre traigo conmigo. Luego hablamos de nuestro trabajo, de los muebles con los que escribimos, de las personas con las que conversamos. Le pregunté muchas cosas, me respondió todo lo que quise.
De sus hijos a sus padres, de mi silla de escritor a que no tiene televisión. Sonreí. No dije nada. Pensé que yo tampoco tengo, luego de la última mudanza. De mi departamento a mi última casa, de mi postura sobre el feminismo y la politización de lo términos "empoderamiento" y "tolerancia"; hablamos casi seis horas seguidas. De mi padre a mi trastorno de ansiedad, de los gatos que son suyos y que no quiere, a la historia del perico que se suicidó... La tarde pasó.
Yo llegué teniendo sed, él llegó teniendo silencio.
Cuando habló de su frustración por tener empacados los libros que necesita para trabajar, me vi reflejada en él. No lo sabe, y posiblemente no se lo diré nunca, pero me vi en él. Hablé sobre mis autores favoritos, poco a poco comenzó a entender por qué me gusta escribir lo que me gusta escribir, y me dijo que entendió por qué es que escribo como escribo. Con mucho gusto y mucha sorpresa, pude hablar de Javier Marías porque él también lo lee. Poco a poco comencé a registrar los datos que necesito para trabajar, que se supone que eran el objeto de toda la charla, pero que no sucedió así.
La maravilla de la charla, permeó hasta nuestra labor de investigación histórica. No hizo falta que yo hiciera preguntas concretas; la mayor parte de las cosas las fui deduciendo. Lo que necesito, como es mi costumbre, lo pedí. Concluimos sin querer hacerlo, afuera del café, caminando por la acera, riendo a carcajadas recargados en mi auto. "Anotaré los pendientes que tengo contigo", me dijo y sacó su agenda para anotar todo lo que no quiso olvidar.
Me reí más de lo que escuché. Escuché mucho más de lo que hablé. Yo iba muerta de sed, pero él venía muerto de silencio.
Poco a poco, la maravilla de la labor histórica, permeó hacia nuestra charla y hacia mi auto, hasta la música que elegí como soundtrack.
Conduje Av. Camarones pasadas las once de la noche, y entonces se convirtió en Eje 3 Norte. Llegué a los suburbios de la Ciudad. Le hice de acomodadora de autos, no me importó, porque seguía riéndome de nuestros chistes. Entré a casa. Me acomodé. Seguí bebiendo agua. Soy una chica, y como tal, mi deber es avisar cuando llego sana y salva a descansar. Lo hice, le escribí, ya no quise llamar, iba a ser la media noche. Me respondío una frase, seis palabras, un punto y seguido...
Fue el domingo, que ya comienza a hacerse fecha pendiente. Fue la zona, y fue él. Fue estar casi seis horas entre la sed y el silencio. Se ata entonces, el primer nudo de un lazo mágico que no sabíamos que iba a existir.
Fue la estación y fue que vivimos la pascua. Fue la forma maravillosa de cerrar una semana y de iniciar un mes. Fue el piropo que no me esperaba.
miércoles, 27 de marzo de 2013
Ulises de mi alma,
Recibo tu correo con tus amorosas noticias, en tierras guanajuatenses.
Estoy sentada en mi café favorito, bebo y leo. Hago pendientes. Te extraño.
No puedo más que echarme a llorar después de leer el poema que me has enviado. ¿Quién será entonces quien escriba estás lágrimas? Mi corazón me dice que serás tu, sin duda.
Me encontré por accidente un obituario para Chaly la semana pasada. Lloré y lloré. De repente me doy cuenta de que la extraño mucho todavía, y que en vez de mitigar su ausencia, se hace más profunda con el pasar de las canciones y de las anécdotas.
De pronto me veo sola.
De pronto me veo escribiéndote a ti, como si fueras a venir a sobarme el corazón.
Debemos vernos pronto. La semana próxima de ser posible. Es el último lapso de descanso que tengo, luego de mi próxima investigación.
Llámame a partir del viernes, y quedamos. Es un hecho.
Más amores que lágrimas en esta carta,
Mariposa.
"Tus palabras son como un oasis en mi desierto de angustias y preocupaciones".
P.d. Publicaré esta carta.
Estoy sentada en mi café favorito, bebo y leo. Hago pendientes. Te extraño.
No puedo más que echarme a llorar después de leer el poema que me has enviado. ¿Quién será entonces quien escriba estás lágrimas? Mi corazón me dice que serás tu, sin duda.
Me encontré por accidente un obituario para Chaly la semana pasada. Lloré y lloré. De repente me doy cuenta de que la extraño mucho todavía, y que en vez de mitigar su ausencia, se hace más profunda con el pasar de las canciones y de las anécdotas.
De pronto me veo sola.
De pronto me veo escribiéndote a ti, como si fueras a venir a sobarme el corazón.
Debemos vernos pronto. La semana próxima de ser posible. Es el último lapso de descanso que tengo, luego de mi próxima investigación.
Llámame a partir del viernes, y quedamos. Es un hecho.
Más amores que lágrimas en esta carta,
Mariposa.
"Tus palabras son como un oasis en mi desierto de angustias y preocupaciones".
P.d. Publicaré esta carta.
lunes, 31 de diciembre de 2012
Aquí voy.
Acabo de leer un mensaje que hoy por la tarde me dejó una de mis grandes amigas. No puedo parar de llorar de la emoción. Soy una mujer muy afortundada. Si hace un año me hubieran dicho que hoy las cosas iban a estar como están, no lo hubiera creído.
El 2012 estuvo lleno de retos importantísimos que llevé a cabo, perdí a una amiga que dejó un hueco muy profundo en mi corazón, pero también gané sentimientos puros y experiencias inigualables.
Durante el 2012 me empeñé en rodearme de personas que me enriquecieran el alma y el corazón, y lo logré.
Soy una mujer sumamente afortunada. Tuve la oportunidad de seguir adelante, crecer como ser humano y tomar buenas decisiones. Cerré los círculos que tenía pendientes. Alcancé los éxitos que me propuse y he seguido adelante sin rencor y mirando mi historia con mucho amor y reflexión. Tuve la oportunidad de aprender a vivir sin violencia y con sinceridad.
Muchas gracias a todas las personas que estuvieron conmigo, a mi familia, mamá, papá, hermanitas y sobrinos; a mis compañeras y mis guías en el CAVI; a mis lectores de tesis de Maestría; a mis colegas y amigos del Instituto Mora; a los amigos que hice durante mis viajes a Guanajuato; a mis amigos de la carrera; a mis amigas del alma que se convirtieron en mis hermanas; a los chicos del Starbucks que se volvieron mi familia; a las personas que conocí en la protesta; a los amores y cariños que Chaly me heredó; a los que conocí en mis fotos y a los que se cruzaron en mis hashtags...
Gracias por hacer de mi una chica feliz, plena y afortunada. Gracias por contribuir a que el 2012 haya sido un gran año. Gracias por caminar tomados de mi mano. Dios nos bendiga, siempre.
Que el 2013 nos llene de mucho amor y nos permita seguir agregando anécdotas a nuestra historia.
Gracias, gracias.
Los amo con todas mis fuerzas.
#SigoAdelante
#TodoEsPosible
viernes, 2 de noviembre de 2012
Yo sí se mañana.
De un tiempo a esta parte, no apoyo las reconciliaciones. No me gustan. Ya no era partidaria de ellas.
Hasta que, claro, vino una gran pelea. Y después de un par de semanas, varias charlas, tres acuerdos, dos comidas, una noche, y darnos cuenta que esto es verdadero amor, vino una gran reconciliación.
Pienso de pronto, que lo importante no es la pelea o si hay o no reconciliaciones, sino si la otra parte tiene un buen corazón.
De pronto me siento llena. Feliz. He aprendido mucho en estos tres meses.
No todo termina después de una gran pelea. No todas las personas van a rompernos el corazón. Sí se sabe acerca de mañana. Sí podemos decir lo que esperamos de la vida y del corazón, para aprender a compartirlo todo.
Me siento muy feliz.
Y definitivamente, no todos los hombres son iguales.
Hasta que, claro, vino una gran pelea. Y después de un par de semanas, varias charlas, tres acuerdos, dos comidas, una noche, y darnos cuenta que esto es verdadero amor, vino una gran reconciliación.
Pienso de pronto, que lo importante no es la pelea o si hay o no reconciliaciones, sino si la otra parte tiene un buen corazón.
De pronto me siento llena. Feliz. He aprendido mucho en estos tres meses.
No todo termina después de una gran pelea. No todas las personas van a rompernos el corazón. Sí se sabe acerca de mañana. Sí podemos decir lo que esperamos de la vida y del corazón, para aprender a compartirlo todo.
Me siento muy feliz.
Y definitivamente, no todos los hombres son iguales.
jueves, 11 de octubre de 2012
miércoles, 10 de octubre de 2012
Tesis pasadas, tesis presentes.
Después de mi examen profesional, comencé a demeritar en cierta forma, a mi trabajo de titulación. Mi tesis de pronto se mostraba ajena y lejana a mi. Hablar mal de mi tesis profesional era al mismo tiempo estar demeritándome a mi misma, siempre creyendo en el fondo que alguien iba a llegar "salvarme" o a decirme que yo y mi carrera sí valíamos la pena.
Casi tres años después, estoy terminando mi segunda investigación académica, una tesis de maestría que me ha costado muchísimo trabajo, pero que también ha sido satisfactoria.
Y de pronto, he tenido la necesidad de regresar a leer mi tesis profesional, y me he dado cuenta de que es un trabajo muy bien hecho, muy bien escrito y dirigido de manera excepcional. Ahorita, por ejemplo, me siento más perdida en el tema que cuando escribí esa tesis.
Y la tengo que acabar. Las tesis se terminan, caray, no pueden ser tesis eternamente presentes. Tienen un destino como todos nosotros, y ese es convertirse en objeto del pasado, en el mismo instante en el que se terminan de escribir.
Casi tres años después, estoy terminando mi segunda investigación académica, una tesis de maestría que me ha costado muchísimo trabajo, pero que también ha sido satisfactoria.
Y de pronto, he tenido la necesidad de regresar a leer mi tesis profesional, y me he dado cuenta de que es un trabajo muy bien hecho, muy bien escrito y dirigido de manera excepcional. Ahorita, por ejemplo, me siento más perdida en el tema que cuando escribí esa tesis.
Y la tengo que acabar. Las tesis se terminan, caray, no pueden ser tesis eternamente presentes. Tienen un destino como todos nosotros, y ese es convertirse en objeto del pasado, en el mismo instante en el que se terminan de escribir.
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