domingo, 8 de agosto de 2010

Está conmigo.

Los ojos, ¿cómo son sus ojos? Los ojos de la Ciudad, me parece, que como los míos, son hundidos. Pero no, luego, de pronto, los miro como los suyos, claros, grisáceos, que a veces parecen profundos como el color del acero; duros como el color de la madera, esos marmoleados que no se deciden cómo ser, cómo sentirse, cómo mirarme desde lejos detrás de esos cristales ahumados.

Y así, la maravilla radica en que despierten junto a mi; en que de pronto estén mirándome mientras yo duermo, mientras no sé que están aquí.

Hoy, de repente, poco antes de meterme a bañar, se los vi de frente. Y aquí estaban, con esta maravillosa forma de almendra que cae hacia sus sienes, como si fueran una perla redonda, una canica de colores que quisiera atesorar tener.

Es cuando sucede. Me hago que no sé que me miran. Me transformo un poco altiva, sonriente, coqueta; disimulo que estoy mirándolo mientras me lavo el pelo, hago la cena y me tiro de los vellos.

Es cuando me doy cuenta que no sé qué forma tienen, pero que están conmigo.
Es entonces un maravilloso domingo.

2 comentarios:

Lilith dijo...

Bellos ojos y esas miradas que nos hacen sonreir son geniales.
Más Besos

SonrisaMiel (: dijo...

No tengo mucho que decir, sólo que has puesto una sonrisa en mi rostro.

Gracias, Mariposa.

Te mando un beso y un abrazo fuerte (: