jueves, 8 de octubre de 2009

No rezo más por ella

Si yo hubiera sabido que ese fin de cursos iba a ser el último que compartiría con ella, compartiendo biblioteca y área de trabajo, quizá le hubiera sacado más provecho a su compañía.

Y Ahora pasa lo que siempre dicen las madres que pasará, lo que los libros de moral y buenas costumbres dicen que pasará, lo que las abuelas nos dicen que pasará a nosotros, los jóvenes que no tenemos experiencia. Ahora que no la tengo cerca, ahora es cuando me arrepiento de no haber tomado más café en su compañía, de no haberle ayudado más con sus maquetas, de no haberle pedido que me dibujara los mapas para mi clase de América Latina I y II.

Hay unas fotos divinas, en las que nuestros ordenadores y su restirador formaban una fila, trabajábamos al mismo tiempo, ella el oficio del arquitecto, y yo el oficio del historiador. Muchas veces en silencio, muchas otras en carcajadas, hasta las tres o cuatro de la mañana, hasta que llegaba la entrega del día siguiente.

Hoy, que me siento más lejos que nunca, que la distancia no se hace grande ni se acorta, que afirmo abiertamente que moriría por ella, que nuestros pactos de sangre avalan el amor que siento por ella y que quiero creer que ella sigue sintiendo por mi; hoy no quiero rezar más por ella. San Antonio sigue de cabeza, con una lista de peticiones bajo su veladora, la lista de la que se borró “te ruego por ella”.

Me pasa que siento de todo. Es un poco de desilusión, tristeza, desamor, vacío del corazón. No puedo evitar preocuparme por ella, por cómo estará, por querer saber la razón por la que prefiere no decirme la verdad. Por algo será, sus razones tendrá, y así serán mejor las cosas.

Sin caer en particularidades, la tristeza viene porque me cuesta trabajo comprender que haya tanto rencor en los corazones de la gente, que no se quiera salir adelante, que se prefiera vivir en la mediocridad y en la ignorancia. ¿Por qué cada vez hay más personas con ese perfil? ¿Por qué cada vez es más común saber de chicos que no hacen nada de sus vidas? ¿Por qué este imbécil miedo de vivir se apodera de tantos corazones?

1 comentario:

SonrisaMiel (: dijo...

Mariposa, que te puedo decir? Las personas van y vienen y como dice el dicho, nadie sabe lo que tiene hasta que lo ve perdido. Aprenderás a sobrellevarlo, el tiempo te ayudará. Espero que no afecte mucho todo esto en tu felicidad. Saludos Mariposa, muchos abrazos y besos para que mejore ese ánimo.